Una espiritualidad infranqueable por el Capital

Quien es auténtico, asume la responsabilidad por ser lo que es y se reconoce libre de ser lo que es. JP Sartre

lunes, 26 de abril de 2010

El Rostro Hegeliano de Carlos Marx

El presente ensayo es parte del libro Conceptos claves para una nueva estrategia. Construcción de poder desde abajo. Publicado por Pasado y Presente XXI, Santo Domingo, 2000.
Antes de Marx, la mayoría de los intentos materialistas terminaban en posiciones idealistas al analizar y tratar de explicar los fenómenos sociales y el sentido de la historia. Las grandes interrogantes encontraban generalmente respuestas en construcciones teóricas apriorísticas, mayoritariamente de origen trascendente al mundo terrenal.
En el universo idealista, el objetivismo concedido a la idea la negaba como tal, transformándola en súbdita de esencias o espíritus objetivos y trascendentes a la existencia humana real. Hegel llevó esto a su máxima expresión logrando captar en gran medida, aún dentro de su idealismo, a través de la dialéctica del concepto, la dialéctica de la realidad. Pero ésta estuvo condicionada y limitada de inicio a fin por las necesidades teleológicas de la Idea Absoluta en su búsqueda de identidad plena con el ser, es decir, de su autoconciencia producto de su reencuentro con su ser, o, lo que es lo mismo, de su ser en el ser. El teleologismo de la Idea Absoluta, como sustrato de todo el movimiento dialéctico de la realidad y de los conceptos, coloca a la propia necesidad de reconstrucción de la identidad (ser‑pensar) de la Idea Absoluta ‑originariamente fracturada como necesidad de la autoconciencia de la idea, pero a su vez, presupuesta‑, como causa de su existencia misma y de la de todo el mundo real, incluyendo los seres humanos, la sociedad, la historia. En el afán de explicar esto teórica y científicamente Hegel desarrolla su sistema filosófico.
Es en la concreción y desarrollo de la lógica del concepto que ubica a la práctica como mediadora en la relación hombre‑medio. No desconoce su carácter material, pero reduce esa materialidad –al igual que la del universo todo‑ al subordinarla a las necesidades teleológicas del devenir de la Idea Absoluta, y limitar su alcance creador transformándola en concretizadora de leyes (y esencias) ocultas a la conciencia inmediata, pertenecientes al ámbito de la Idea Absoluta (y de la Ciencia de la Lógica) y, a la vez, en síntesis de las contradicciones de los fenómenos concurrentes en ella y formadora de otras nuevas mediante la transformación (ascendente) de todos ellos.
“La idea Absoluta (...) –sostiene Hegel‑, es la identidad de la idea teórica y de la práctica, cada una de las cuales, todavía unilateral de por sí, tiene en sí la idea misma, solo como un más allá que se busca y como un fin que no se logra. Por lo tanto, cada una es una síntesis del esfuerzo, que tiene, y al mismo tiempo no tiene la idea en sí, y que traspasa de uno al otro pensamiento, pero no los reúne a ambos, sino que permanece en la contradicción de ellos.” [1]
En el sentido de la relación dialéctica sujeto‑objeto, puede decirse que Marx inicia el camino donde Hegel lo deja. Profundizando en la propia dialéctica hegeliana, en tanto concepto y en tanto práctica que busca la explicación y el ordenamiento subjetivo del espíritu objetivo que existía en cada momento como realidad exterior del hombre, poco a poco, nutriéndose de los análisis de las críticas a la filosofía de Hegel realizadas por otros pensadores, aunados a su empeño por  tomar a la realidad como punto de partida de sus reflexiones, llega a descubrir y desarrollar el método hegeliano en su lado práctico‑materialista (racional).

El mayor logro dialéctico de Hegel estaba en el tratamiento del concepto, y Marx ‑que supo reconocer la valía y el alcance de tales planteamientos para el progreso del pensamiento universal‑ incorporó definitivamente esta virtud hegeliana (la dialéctica del pensamiento) a su concepción teórico‑social. Pero a diferencia de la sujeción dialéctica idealista hegeliana, Marx fue sentando las pautas de otro modo de aproximarse a la realidad, y de conocerla para transformarla, articulando pensamiento y acción social, y proyectándolos en el diseño del futuro, abriendo una puerta materialista hacia la ansiada trascendencia. La profundización del análisis de esa realidad lo llevó a descubrir el papel de lo económico como esqueleto sobre el cual se desarrollaban y tenían lugar las relaciones sociales entre los distintos grupos y clases sociales.
Pero a pesar de los esfuerzos de Marx por romper con la herencia filosófica hegeliana, y seguramente sin ser él consciente de esto, en el análisis del desarrollo social puede observarse una cierta dosis –junto a la dialéctica heredada‑criticada‑, de traspaso de contenido de la propuesta hegeliana, sobre todo, al no poder (tampoco le alcanzó el tiempo físico para ello), reemplazar todo el sistema conceptual categorial proveniente –cuando menos‑ del hegelianismo. Y si bien es cierto que método y contenido no son lo mismo, que el método de exposición difiere del método de investigación, es cierto también que la interinfluencia de ambos, la interdependencia de ambos, los hace inseparables. Por eso resulta imposible o cuando menos un contrasentido, aceptar –como, por ejemplo, lo hace Althusser‑ la sobrevivencia en Marx de determinados conceptos y categorías hegelianas y sostener al mismo tiempo que a través de ellas no se produjo ningún traspaso de contenido.
Según mi criterio, pese a las consideraciones de Marx acerca de las diferencias radicales entre su método y el de Hegel –que son acertadas‑, más allá de lo que él mismo, junto a Engels, pudo considerar superado teóricamente, existen huellas de la lógica del desarrollo dialéctico de los conceptos en toda la obra de Marx, independientemente de las “edades” del pensamiento del filósofo. El capital constituye un ejemplo irrefutable de esto, pero no es el único. En trabajos como “Miseria de la Filosofía”, "Crítica al programa de Gotha" también puede observarse esto aunque quizá no con la misma diafanidad.
La herencia de Hegel en Marx se evidencia, fundamentalmente, por el modo en que analiza y expone sus ideas. Y aunque parezca que (por ello) no está presente en el contenido, allí está, y se abrió camino precisamente a través del método y, dentro de este, insisto, a través de algunos conceptos y categorías que en no pocos casos guardaban aún un fuerte contenido hegeliano, y que Marx se vio obligado a emplear en la transición de una teoría a la otra sin llegar luego a reemplazarlos por los nuevos y propios. En este sentido, asumo el señalamiento de Dussel, cuando afirma que
“La influencia filosófica de Hegel es determinante en el discurso tal como es desarrollado en los Grundrisse. (...) No debe exagerarse, pero a manera de hipótesis, nos parece que la influencia de la Lógica es mayor de lo que puede pensarse.”[2]
Como adivinando el debate actual, Engels dejó por escrito algunos elementos que daban cuenta de su relación y rupturas con la escuela hegeliana, entre otras. De allí he recogido fragmentos donde se concentran algunas conclusiones de la relación entre el pensamiento de Marx y el de Hegel, que ayudarán a conocer por boca de uno de los protagonistas de esta creación teórica (el marxismo), cómo la vivieron y entendieron ellos.
“(…) de la descomposición de la escuela hegeliana brotó además otra corriente, la única que ha dado verdaderos frutos, y esta corriente va asociada primordialmente al nombre de Marx. // También esta corriente se separó de la filosofía hegeliana replegándose sobre las posiciones materialistas. Es decir, decidiéndose a concebir el mundo real –la naturaleza y la historia‑ tal como se presenta a cualquiera que lo mire sin quimeras idealistas preconcebidas; decidiéndose a sacrificar implacablemente todas las quimeras idealistas que no concordasen con los hechos, enfocados en su propia concatenación y no en una concatenación imaginaria. Y esto, y solo esto, era lo que significaba el materialismo. Solo que aquí se tomaba realmente en serio, por vez primera, la concepción materialista del mundo y se la aplicaba consecuentemente –al menos, en sus rasgos fundamentales‑ a todos los campos del saber. // Esta corriente no se contentaba con dar de lado a Hegel [como sí lo hacía, por ejemplo, la corriente a la que pertenecía Feuerbach]; por el contrario, se agarraba a su lado revolucionario, al método dialéctico (…). (…) esta dialéctica materialista, (…) era desde hacía varios años nuestro mejor instrumento de trabajo y nuestra arma más afilada (…).”[3]

El tema de la relación Hegel‑Marx (como en otro caso –el del humanismo‑ en la relación Feuerbach‑Marx, por ejemplo), no es novedoso en las reflexiones marxistas; fue centro de encarnizados debates que, en su desarrollo, dieron lugar –a través de las posiciones asumidas y desarrolladas por los distintos pensadores, proponiéndoselo o no‑, a la formación de diversas corrientes dentro del marxismo. Entre ellas, en relación al tema que nos ocupa, un lugar especial ocupan los planteamientos de Althusser, sobre todo teniendo en cuenta su impacto en América Latina.
En la época post estalinista soviética, se desarrolla en Europa una especie de euforia por reevaluar a Marx, por rescatarlo del adormecimiento del período inmediato precedente, y por rescatar también, junto con ello, el proyecto socialista, diferenciándolo del modelo impuesto por Stalin. Esto da lugar a una serie de corrientes que levantan un Marx humanista, inspirados en textos como Los Manuscritos del 44...; otros, preocupados por la cientificidad del marxismo, caían en la simplificación del surgimiento de la dialéctica materialista y sus bases, equiparándola prácticamente a la de Hegel, solo que al “revés”.
Según Althusser comenta en los prefacios a una de sus publicaciones que reúne artículos escritos sobre este particular,[4] la simplificación burda en que cayó la mayoría de los intérpretes y el apoyo “oficial” recibido por parte de los soviéticos, hacía necesaria, en ambos caos, una respuesta teórica adecuada si se quería rescatar al marxismo tanto del dogmatismo como de cualquier simplificación o vulgarización. Pero en realidad, su respuesta crítica, como señala Sánchez Vázquez, “(...) se inscribe en la reacción contra ciertas reacciones ante este dogmatismo: aquellas que, a juicio suyo, olvidándose del carácter científico del marxismo han descuidado el frente de lucha contra la ideología burguesa y han dejado penetrar a esta bajo el signo del “humanismo”. La empresa althusseriana es un intento de rescatar la cientificidad del marxismo y de rechazar el marxismo como humanismo.”[5]
Así, Althusser busca una respuesta teórica a los dos fenómenos: el del humanismo y el de la simple inversión de la dialéctica de Hegel por Marx, y fundamenta que la cientificidad del marxismo se conformó a partir de la “ruptura epistemológica” con todo el pensamiento anterior, que se produjo –a su entender, según el mismo Marx lo expresa‑ cuando ven la luz obras como La ideología alemana y Las tesis sobre Feuerbach. Esta ruptura ‑siempre según el autor‑, divide el pensamiento de Marx en dos períodos: el “ideológico” y el “científico” (posterior a la ruptura de 1845) y, a su vez, supone el surgimiento de dos disciplinas teóricas diferentes: la teoría de la historia (materialismo histórico), y una nueva filosofía (materialismo dialéctico). Esta separación era importante para Althusser puesto que la nueva filosofía, al estar fundida con la ciencia de la historia, podía “sufrir la tentación de confundirse con ella”.[6]
Según Althuser, desde Marx (post corte epistemológico), los estudios del desarrollo y la transformación social eran objeto de la ahora sí ciencia de la historia, la que, para serlo, en su opinión, nada tenía que ver con la dialéctica fundada por aquel junto con Engels. Sobre esta base, todo el esfuerzo “antidogmático” de Althusser –para emplear un término caro a los althusserianos‑, se verá limitado, cuando no traicionado por la ausencia del enfoque lógico dialéctico.
Es interesante, por no decir apasionante, seguir los textos de Althusser al respecto, cómo va desarrollando múltiples aspectos de la propuesta marxista a medida que va sentando sus argumentos sobre la ruptura. Lo interesante son los argumentos, y lo apasionante los laberintos,[7] las contradicciones en que queda entrampado por sus propias interrogantes al no poder responderlas o no poderlo hacer de modo adecuado y consecuente con sus propios planteamientos.
En el enfoque de la relación Hegel‑Marx, coincido con la reacción de Althusser frente a la simplificación realizada por quienes redujeron la dialéctica materialista a ser la otra cara de la hegeliana. En tales casos, señala críticamente el autor, “Se trataría (...), de tomar la dialéctica y de aplicarla a la vida en lugar de aplicarla a la Idea. La “inversión” sería del “sentido” de la dialéctica. Pero esta inversión del sentido dejaría, en efecto, intacta la dialéctica.” [8]
La cuestión de la “inversión” de la dialéctica hegeliana por Marx, pasó desde entonces al centro de arduos debates. ¿En que consistía? ¿Qué es lo que Marx había invertido?, ¿la determinación de uno de los contrarios respecto al otro, o –junto con ello‑ la dialéctica misma?
La justificación del momento de ruptura epistemológica es, simultáneamente, el refutar la existencia de una “inversión” simple de la dialéctica hegeliana por parte de Marx. Contrariamente a lo que un conocimiento superficial del pensamiento de Althusser pudiera indicar, el autor se erige en defensor de la construcción de la filosofía marxista ‑que en su lenguaje vendría a ser el materialismo dialéctico‑, para completar la obra de Marx, para desarrollar conceptos que aquel no había podido desarrollar. En ese empeño nace el concepto de sobredeterminación, como clave, según Althusser, para entender tanto el determinismo de última instancia de lo material, como la médula de la dialéctica materialista y, a través suyo, sentar las bases estructurales para una diferenciación sustantiva y categórica respecto a la dialéctica idealista de Hegel.[9]
“(...) hay una manera de invertir a Hegel, dándose el aire de engendrar a Marx. Esta manera consiste justamente en invertir la relación de los términos hegelianos, es decir, en conservar estos términos: la sociedad civil y el estado, la economía y la política‑ideología, pero transformando la esencia en fenómeno y el fenómeno en esencia (...).”[10]
Era imposible aceptar tamaña simplificación, y Althusser, por supuesto, salió al frente de la cruzada anti-tergiversadora. Con toda razón y justeza da cuenta de la esencia y radicalidad de la inversión realizada por Marx y también por Engels: era una inversión de contenido y forma, de esencia y fenómeno; era realmente un enfoque y una concepción diferente; se trataba de la creación de la dialéctica materialista y ello suponía tanto el empleo de otros términos como el surgimiento de una nueva relación –diferente a la hegeliana‑ entre los términos, lo cual se reflejaba, de hecho, “(...) en las estructuras mismas de la dialéctica, y particularmente en esa “contradicción” (...)”. Es decir, que para él, es en la estructura misma de la contradicción donde se condensan las identidades y diferencias posibles entre la dialéctica hegeliana y la marxista. La de Hegel, está viciada de inicio por su teleologismo, por la necesidad de llevar la Idea Absoluta hacia su Fin, hacia su Identidad; es por ello, para Althusser, una contradicción simple. En consecuencia, dirá el autor, “(...) es imposible echar por la borda esta “concepción del mundo”, sin que uno se vea obligado a transformar profundamente las estructuras de esta misma dialéctica[11]. Por ello, se centró en esclarecer lo que, a su modo de ver, caracterizaba a la estructura de la contradicción en la filosofía marxista, y desarrolló, en primer lugar, el concepto de sobredeterminación.
“Me aferro especialmente a este término de sobredeterminación (sacado de otras disciplinas) –señala Althusser‑, pero lo empleo a falta de uno mejor, a la vez como un índice y como un problema, y también porque permite ver, bastante bien, por qué se trata de algo totalmente diferente a la contradicción hegeliana.” [12]
Y aquí hay varias cuestiones importantes: la inversión de la dialéctica hegeliana supone la inversión de la filosofía especulativa y viceversa, proceso unísono e indivisible. Marx rescata la racionalidad de la dialéctica hegeliana a la vez que funda la dialéctica materialista. No se trata solo de una inversión de los polos: Idea Absoluta‑realidad objetiva, Sujeto‑Objeto, sino que la inversión de las relaciones determinantes entre ambos (desde uno de ellos), la inagotabilidad de la materia y su movimiento ‑a través de las contradicciones internas, externas, etc.‑, hace de esta propuesta filosófica una propuesta necesariamente abierta, un sistema [o anti‑sistema] abierto, en desarrollo y libre de teleologismo (no predeterminando su punto de llegada; sin punto de llegada, con varios e infinitos momentos cambiantes...). Esto hace que, en la concepción de la historia, Marx busque las bases del movimiento y de la transformación en la propia sociedad (vida material), cuestión que se expresa, se desarrolla y se concreta esencialmente en la lucha de clases.
La dialéctica materialista no es igual a la dialéctica hegeliana modificada solo por el determinismo de lo material; se trata de una inversión, pero no de una inversión formal, sino de una inversión de contenido. En primer lugar, porque el traslado del determinismo a lo material transforma el contenido de la dialéctica de los conceptos al rechazar su preeminencia sobre la realidad natural y social, léase también, sobre la actividad de los seres humanos, reducidos a encarnaciones sucesivas de las necesidades y determinaciones de la Idea Absoluta en movimiento teleológico hacia su identidad total. Con la dialéctica materialista se cierra también la pretensión idealista de detener el movimiento real y el del concepto mismo, una vez que el Pensamiento –a través de aquel‑, haya alcanzado su identidad absoluta sujeto‑objeto, ser‑pensar, y lo haya revelado así en el propio reino del concepto (presupuesto de partida).
Interrumpo la argumentación althusseriana paso a paso, para realizar un comentario necesario: el filósofo se da cuenta de la existencia de un problema cardinal del marxismo: la relación Hegel‑Marx; se preocupa por la posible sobrevivencia del primero sobre el segundo a través de una interpretación simplista de la “inversión” realizada por Marx, lo que llevaría a una reproducción del hegelianismo con otro nombre. No rechaza la dialéctica; no ignora su importancia para el desarrollo de la propia “ciencia de la historia” –para emplear sus palabras‑, pero queriendo resolver el problema de una forma científica rigurosa y argumentada supuestamente por los propios autores, contradice sus propios principios dialécticos y niega, en este caso, todo vínculo entre lo viejo y lo nuevo.
Althusser habla claramente de la importancia de crear nuevos conceptos y categorías a riesgo de –en caso de no hacerlo‑ caer en la trampa del viejo contenido; aunque es consciente de la sobrevivencia en Marx de ciertos conceptos hegelianos, sostiene paradójicamente que esto nada tiene que ver con el contenido de la teoría marxista, a la que considera depuradamente científica y al margen de toda contaminación hegeliana a partir de la ruptura o corte epistemológico. Creo que la intención de Althusser era correcta, y se evidencia en sus escritos que él creyó que había resuelto definitivamente el problema planteado.
Compenetrándose con la situación de su época, sobre todo con los enfoques políticos y teóricos reinante entre la izquierda europea, puede entenderse sin mucha dificultad que su esfuerzo teórico fue un paso de avance frente a la dogmatización y la simplificación predominante entonces entre muchos pensadores marxistas. Quizá, si hubiese continuado desarrollando los principios dialécticos que él mismo calificaba como incompletos, por ejemplo, en lo relacionado con la contradicción, hubiese descubierto elementos que le habrían permitido profundizar su propia propuesta teórica y la del marxismo. Pero convencido como estaba de que con la proclamación de la “ruptura epistemológica” había resulto el problema que presentaba una posible sobrevivencia de Hegel en Marx, Althusser olvidó que no basta con hacer caso omiso de una realidad para que ésta deje de existir. Al considerar que hay un momento a partir del cual Marx está “limpio”, digamos, de todo vestigio de Hegel (y de Feuerbach, de Fichte, etc), deja de considerar a la investigación de esa relación y a los esfuerzos por superar cualquier huella hegeliana, como un problema central para el desarrollo del marxismo y, por tanto, para los marxistas (a partir de él, se infiere de su obra). Y ahí, en mi opinión, Althusser vuelve a caer, sin quererlo, en posiciones contrarias a sus objetivos iniciales.[13]
Cierto es que no es el idealismo lo que Marx hereda de Hegel, al contrario, es la crítica al hegelianismo la que estimula en gran medida el desarrollo del pensamiento crítico de ese joven hegeliano de izquierda hasta convertirlo en el creador de una nueva teoría. Pero como todo lo que nace, nace de algo o de alguien –a no ser que se le suponga un origen sobrenatural‑, esa nueva teoría, ese nuevo pensamiento, el marxismo, lleva en sí también parte (el sello) del medio social, del pensamiento y de las circunstancias concretas en las que se engendró (o contra las que se desarrolló). En este sentido, no solo Hegel, también el pensamiento de Kant, de Fichte, de Schelling, de Feuerbach y de tantos otros, está presente de algún modo en el origen del pensamiento marxista. O sea, hasta cierto punto, en el propio pensamiento marxista. Como señala Enrique Dussel refiriéndose a estas interinfluencias:
“(…) Marx es heredero del viejo Schelling, al menos del que en 1841 criticó a Hegel en Berlin, el que situó a la filosofía hegeliana como negativa y afirmó una filosofía positiva, ‘la que emerge desde la existencia (…), es decir, del actu: acto‑ser’. Lo fundamental es la relación práctica: ‘la persona busca la persona (…)’. Más allá del concepto está la realidad. Gracias al viejo Schelling, Feuerbach podrá emprender por su parte la crítica antihegeliana (…). Marx criticará a Feuerbach su sentido intuitivo o cognoscitivo del materialismo sensible, pero nunca olvidará que solo ‘la comunidad (Gemeinschaft) es libertad e infinitud’, y sobre todo que ‘la verdad es la totalidad de la vida y esencia humana’. (…)”[14]
Motu proprio o siguiendo a Althusser, son innumerables los autores autorreconocidos marxistas que separan la dialéctica materialista de la teoría social y, sobre esa base, rechazan la existencia de huellas hegelianas en Marx. Para ellos, el método dialéctico era poco más que un puente de tránsito entre el idealismo y el materialismo; una vez alcanzado, ese materialismo, supuestamente, nada tenía que ver con el pensamiento anterior, ni con la propia dialéctica.
El haber negado por un camino u otro, la existencia de esa herencia hegeliana en el pensamiento de Marx, fue una de las primeras razones de su supervivencia más allá de lo históricamente justificado. Flaco favor le hicieron al desarrollo del marxismo; o sea, al desarrollo de la teoría sobre las transformaciones y el desarrollo de la sociedad, los que durante muchos años rechazaron y pretendieron reducir a cero –simplificación de la dialéctica mediante‑ esta sobrevivencia –aunque relativa‑ de Hegel en Marx.
El rechazo sistemático, como negación simple, de aquella influencia fue, precisamente, lo que más ayudó a su afianzamiento y predominio a lo largo del tiempo, impidiendo su identificación y superación. Y este fue uno de los factores que, junto a la simplificación y dogmatización, impidió el desarrollo del marxismo, cerrando el paso a la posibilidad (y necesidad) de que este, con una mirada autocrítica, pudiera enriquecerse y superarse, nutriéndose de las nuevas realidades, situaciones y condiciones históricas, sociales, objetivas y subjetivas, contradiciendo el principio básico de su existencia: partir del análisis de la realidad.
Al sobrevivir en Marx más allá de lo históricamente explicable y necesario, Hegel se impuso a su discípulo y logró cerrar el marxismo en su tercer estadío. El reflejo práctico de esto, fueron los modelos de socialismo real en su fase "desarrollada", donde se pretendió que una especie de "espíritu absoluto" de Marx, Engels y Lenin, flotaba etéreamente sobre todo el desarrollo sociohistórico de la humanidad, que había alcanzado así, supuestamente, su estado de plenitud definitiva. El hermetismo dogmático del sistema filosófico hegeliano tomaba cuerpo en las ideas del dogmatismo marxista[15], paradójicamente a través del método –aunque sería más correcto decir, del antimétodo‑, alcanzando, mediante éste, a todo el sistema.
Esto habla –por otra vía‑ de la necesaria coherencia que debe existir entre método y objetivo, entre método, contenido y resultado, entre el camino que se sigue y el punto al que se quiere arribar. Cuando existe contraposición e incluso, a veces, antagonismo entre ellos, es imposible alcanzar lo que se busca; el fin último resulta traicionado por las herramientas empleadas para llegar a él por los medios para alcanzarlo. Y esto no solo ocurre así en el plano teórico, también en la vida política concreta es necesaria una coherencia medio‑fin, a riesgo de que, en caso contrario, el primero traicione al segundo, al punto tal de hacer de él una negación de sí mismo.

La revolución teórica realizada por Marx y Engels eliminó la división metafísica entre el pensamiento filosófico y la práctica social, por lo que, a la vez, presuponía una revolución práctica. Dicho de otro modo, se asentaba, reclamaba a la vez que proyectaba una práctica revolucionaria en la relación del hombre con el medio que lo incluía, otorgándole un sentido transformador‑proyectivo‑constitutivo a las luchas de los campesinos desclasados y del movimiento obrero naciente.
Si para Hegel la “idea Absoluta es el único objeto y contenido de la filosofía”[16], para Marx, el único sentido de la filosofía era la vida misma, conocerla, y mediante ese su conocimiento, elaborar y brindar los instrumentos teóricos necesarios para su transformación práctica. Fue fundamental poner de manifiesto y argumentar una nueva forma de la dialéctica concepto‑realidad y concepto‑concepto, dejando claro que los conceptos no tenían una esencia ideal trascendente a la que se debían y hacia dónde llevaban a la humanidad, la sociedad y la naturaleza en su despliegue (del conocimiento y la práctica), sino que se formaban a partir de la práctica misma de los hombres, de la reflexión teórica sobre ella, y hacia ella misma se referían; tenían por tanto, un contenido terrenal y condicionado históricamente por la realidad concreta y, por tanto, eran en parte verdaderos y en parte cambiantes; sus contenidos no eran eternos, debían ser desarrollados, modificados o reemplazados por otros en la medida que maduraban las prácticas humanas y las reflexiones sobre ellas.
Pensar lo pensado, conceptualizar a partir de reflexiones de la práctica en todo momento, para enriquecer nuevamente la práctica y así en proceso infinito, fue el fondo de la verdadera revolución filosófica. No fue el fin de toda filosofía y de todo pensamiento, como pretendían algunos, sino el ponerla en función de la transformación, es decir, desarrollar los conceptos y categorías a partir de la realidad, no solo como nodos de concentración teórica de la interacción sujeto‑objeto y de la articulación de ésta, sino también –y precisamente por todo esto‑, para ponerla en función de la vida real de los sujetos ( y viceversa).
Y aquí radica el nudo de su revolución teórica (y práctica). En la base de la misma está la inseparabilidad sujeto‑objeto, teoría‑práctica, pensamiento y acción, lo objetivo y lo subjetivo, primera cuestión central. Segunda cuestión: el proceso de conocimiento, a partir de descubrir los elementos determinantes (nivel inicial abstracto simple), reclama continuar el análisis profundizando en los niveles de abstracción (proceso ascendente del pensamiento de lo abstracto a lo concreto), hasta descubrir la inmensa gama de interacciones y mediaciones entre los fenómenos estudiados, nivel de máxima abstracción posible y por tanto, de la mayor concreción posible a nivel del pensamiento.
En el prólogo de la "Contribución a la crítica..." Marx expone con claridad este principio de la lógica dialéctica. Al explicar el proceso de movimiento del pensamiento teórico sobre la realidad, distingue tres momentos: a) lo concreto existente; b) el acercamiento parcial al conocimiento de ese concreto, que arroja caracterizaciones teóricas parciales mediante abstracciones, las que ‑por serlo‑ no logran captar ni reflejar la esencia del objeto sino de un modo limitado y pobre. Aquí se despliega el mayor movimiento del pensamiento. Ascensos, descensos, acumulación, saltos, negaciones, experimentación, comprobación o negación de hipótesis, etc., darán lugar a nuevas abstracciones que serán ahora ‑y cada vez‑ menos abstractas en avance hacia la comprensión de la totalidad de lo universal real, de la esencia de lo concreto existente, mediante un proceso constante de profundización del conocimiento hasta aprehender el conjunto de relaciones, interrelaciones, nexos, interdependencias, causas, etc., del fenómeno estudiado. c) Al llegar allí, el pensamiento estará en condiciones de sintetizar y expresar conceptualmente la esencia de lo concreto existente. Por haber alcanzado a reflejarlo integralmente, ese pensamiento habrá logrado el máximo nivel de concreción posible del conocimiento acerca del objeto en ese momento. Se identifica, por tanto, como lo concreto pensado o subjetivado por el hombre. Pero esta referencia conceptual de lo concreto no será igual, ni equivalente, a lo concreto existente; es el nivel de máxima abstracción posible. Lo concreto pensado es posible en el grado más alto del proceso de las abstracciones, por eso llega a captar y reflejar la esencia del fenómeno. Es el nivel más abstracto y, a la vez, el más concreto.
No se trata de una diferencia de lugar ni de tiempo: un fenómeno concreto en la realidad y otro (reflejado como en un espejo) en el pensamiento; se trata fundamentalmente, de una diferencia de contenido.[17] Cierto es que, por principio, la identidad se establece precisamente por la correlación del contenido del concepto con el fenómeno real, pero esa identidad es relativa y (aunque tiene un fundamento ontológico) apunta sobre todo a lo gnoseológico. Lo concreto real no es reductible a su esencia; abarca todos sus nexos, su esencia y su apariencia. No solo es contenido, también es forma. Por eso, ni aún llegado el conocimiento a su nivel más alto de concreción, pueden igualarse unos y otros fenómenos, el del pensamiento y el de la realidad. Por ejemplo, el régimen capitalista estudiado por Carlos Marx y expuesto en obras como El capital, no existió ni existe como sociedad real y concreta en ningún lugar de la Tierra. Sus conceptos y enunciados no tienen un equivalente directo en la realidad, ni siquiera en la propia Inglaterra.[18]
La propuesta teórico revolucionaria de Marx desarrolla determinados principios teórico‑metodológicos sobre los cuales se asienta, algunos de los cuales considero indispensables repasar sintéticamente.

La realidad, punto de partida y llegada de todo pensamiento.

Marx produjo una verdadera revolución teórica en la filosofía y de la filosofía, en primer lugar articulándola a la realidad social concreta, fundiéndola dialécticamente con la práctica social y a ésta con la transformación de la realidad, tornándola “científicamente” posible, además de necesaria.
Preocupado por entender –en principio‑ el mundo que lo rodea, Marx busca explicaciones a la convulsa y contradictoria realidad alemana de su época y empuja a su pensamiento a encontrar respuestas adecuadas, no solo de manera inmediata en el orden de los conceptos, sino también de modo trascendente, en el orden de los hechos concretos. Guiado por este principio teórico metodológico, Marx fue sometiendo a una rigurosa crítica a su propia concepción de Hegel, de Fuerebach y tantos otros pensadores y políticos de su época y los que le antecedieron.
La descripción simple, la observación y la especulación teórico‑filosófica de una supraterrenal teoría de las esencias universales trascendentes, “puestas” en estado material en la vida social pero existentes al margen de la actividad humana, quedaban definitivamente descalificadas por Marx. Este recomendaba como único paso valedero (en teoría y práctica) partir en todo momento del análisis de la realidad y desde ahí, crear.
No hay apriorismo en Marx; la realidad social es fuente inagotable de creación de sí misma en interacción contradictoria permanente entre las exigencias propias de lo material y la actividad y necesidad (y aspiraciones) de los seres humanos. [19]
A partir de los hechos y los sujetos reales (y particulares, histórico‑concretos), Marx busca explicaciones a los fenómenos de la vida social de su época, tratando de proyectar, a su vez, las luchas de los movimientos sociales (obreros y campesinos) de entonces hacia una transformación radical y eficiente de la realidad. Esta articulación revolucionaria tiene en el concepto de práctica el nudo central mediador de la contradicción filosófica pensamiento‑realidad.

La práctica, un concepto medular.

Siguiendo a Hegel, Marx rescata a la práctica como la mediadora por excelencia en la relación sujeto‑medio, pero su concepción de práctica es radicalmente distinta a la de Hegel, a no ser el conservarla como eje de la mediación. En Marx, la práctica es mediadora, es decir, en un momento unifica (encuentra) la actividad del sujeto o los sujetos en relación con el medio, o con otros sujetos, y al mediar entre los dos, en la actividad misma, traspasa cualidades de uno a otro y transforma a ambos, pero no hacia un fin predeterminado ni desde un punto de referencia o partida prefijados, sino transformando a cada uno en otra cosa, en primer lugar, en relación a sí mismo y, sobre esa base, a la propia contradicción en una contradicción nueva o en un nuevo modo de contradicción, es decir, en otra relación, que al no tener un Fin teleológicamente prefijado, puede arribar a resultados incluso inesperados por el propio sujeto, por muy consciente que éste se proponga la transformación.
Al ser medidora, la práctica es en sí misma una unidad de contrarios, es objetivo‑subjetiva; no solo da cuenta de necesidades externas al sujeto que lo llevan a la interacción (teleologismo en Hegel), sino que, a la vez, es creadora de nuevas realidades, nuevos contrarios y nuevas relaciones entre ellos, y entre ellos con los otros que, de ese modo y mediante ese eslaboneo permanente y cambiante, dejarán de ser lo que son para ser otra cosa producto de la modificación de la relación, y así sucesivamente hasta el infinito, como infinito es el movimiento de la materia.

La articulación indivisible de la dialéctica materialista con el enfoque histórico social (y viceversa) es uno de los postulados‑base de la creación teórica (y práctica) de Marx; en eso radica centralmente el carácter científico nuevo de sus planteamientos respecto a la sociedad, el nuevo pensamiento social que nace a partir de sus proposiciones y sus argumentos.[20]
El materialismo no se reduce, en este caso, a responder afirmativamente acerca de la primacía de lo material ante la pregunta de: ¿qué es lo primero?, ¿qué es lo determinante? En los estudios sociales radica y se expresa la inseparabilidad del pensamiento dialéctico respecto a la realidad social de la que es parte, particularmente, respecto a lo material social que –a través de un sin fin de cadenas y senderos, directos e indirectos, de mediaciones, transiciones y nexos (también fracturas), determina a ese pensar.
Para Marx, la interdependencia concepto‑realidad, determinada por este último, tanto como punto de partida como de llegada, hacen que lo absoluto, en relación con la verdad, el pensamiento y el sistema social, sean algo inalcanzable, tan inalcanzable como eterno es el movimiento de la materia, sustrato de toda organización social y por tanto de todo pensamiento social, que solo puede existir en interpenetración y correspondencia (relativa, histórica) con aquella. Por ello, desde su nacimiento la dialéctica materialista presupone a lo histórico y viceversa; el pensamiento solo puede ser de la historia si lo es en la historia.

La interacción permanente sujeto‑objeto.

Ni lo objetivo puro, aislado de lo subjetivo, ni lo subjetivo puro aislado de lo objetivo. El objeto (social) contiene la subjetividad y no puede ser de otra manera. La tesis 1 sobre Feuerbach[21], deviene elemento clave para entender la revolución teórica realizada por Marx, aunque algunos la desconozcan o minimicen porque fue formulada y escrita antes del momento en que –de espaldas al proceso de desarrollo del pensamiento de Marx‑, pretenden ubicar el momento del nacimiento “científico” de su obra.

El carácter teórico‑práctico del conocimiento y de la acción humana (indivisibilidad teoría‑práctica), bases de la nueva cientificidad social.

Abriendo una perspectiva dialéctico‑materialista para el estudio y conocimiento de la vida social, Marx, junto con Engels, no solo sentó las bases para desarrollar una ciencia de la sociedad (sociología), sino también –a partir de la indivisibilidad e interpenetración dialéctica sujeto‑objeto, teoría‑práctica‑, para la intervención en la vida social –sobre la base de esos conocimientos‑ de un modo más adecuado a su funcionamiento real en cada momento histórico concreto. Conocer‑transformar, transformar‑conocer, son aristas de un mismo proceso que, por ello, necesariamente, continuará así hasta el infinito.
“Si el trabajo vivo es el origen de la crítica (y de la realidad) del capital para Marx, el destinatario de la teoría crítica es la ‘conciencia del proletariado’: el saber de esa conciencia que todo el capital no es sino trabajo vivo. (…) // Este saber (Wissen) de la ‘conciencia del proletariado’ de la esencia del capital, y no tan solo de su apariencia fenoménica y fetichizada, es la realización histórica efectiva de la ciencia (Wissenschaft) en el sentido que le daba Marx. // Mientras que el saber no es ejercido como actualización crítica de la conciencia del trabajo vivo, (…), es una ciencia elitista, ella misma fetichizada, infecunda, innecesaria: ‘saber para nada’; puro ‘saber formal’. Cuando el saber se hace conciencia, conciencia de clase, conciencia de pueblo, solo en ese caso es saber real: se hace ciencia como historia (no solo ‘de’ la historia).”[22]
El carácter científico del marxismo –y en un sentido más amplio, el de los estudios sociales en general si tienen pretensión de cientificidad‑, radica, por un lado, en que toma a la realidad como punto de partida inequívoco de todo análisis social, por otro, en que ese punto de partida presupone y se asienta en el reconocimiento e integración objetivo‑subjetiva tanto de la realidad como del resultado del conocimiento de la misma, logrando así una correspondencia dialéctica entre lo concreto existente y lo concreto pensado, y reconociendo coherentemente, o mejor dicho, partiendo para ello, de reconocer la indivisibilidad entre la dialéctica del mundo real y la del pensamiento que se propone captarla, proyectarla conceptualmente y, sobre esa base, transformarla.
Esta ciencia que contiene lo objetivo y lo subjetivo inseparables, contiene inexactitudes, lleva en sí también errores, limitaciones temporales, relativismo histórico (objetivo‑subjetivo) etcétera. Por ello las grandes dificultades en entender su contenido real y su punto de partida imprescindible: el de la indivisibilidad e interpenetración sujeto‑objeto. Pero ocurre que el empleo del concepto “ciencia”, en el caso de los estudios sociales, llama frecuentemente a la confusión, pues la acepción corriente del término aunada al escaso conocimiento y dominio de la dialéctica materialista, contribuyen a que el carácter científico (del pensamiento social) sea asumido casi al igual que en las ciencias naturales.
Sin ánimo de revivir ahora una polémica sobre este tema, quiero mencionar al menos dos elementos: a) si se reconoce la interacción objetivo‑subjetiva indivisible y dialéctica como base del conocimiento social inaugurado por Marx, no importa como se le llame al mismo. Por ejemplo, Samir Amín habla con toda propiedad de “pensamiento social”. De ese modo pretende evitar las confusiones que el sentido común tiende a hacer entre la ciencia social y las ciencias de la naturaleza o técnicas. El problema no está en el nombre que se le dé, sino en el contenido, tanto es así que, generalmente, quienes más proclamaron el carácter científico del marxismo fueron los que más lo doctrinarizaron y fragmentaron, convirtiendo sus principios en fórmulas cristalizadas y sus recomendaciones políticas temporales en verdades eternas, supuestamente válidas para todo tiempo y lugar (es decir, no válidas para ningún lugar en ningún momento).
Althusser se empeñó en demostrar que Marx había “descubierto la ciencia de la historia”, pero al expulsar de su seno a la dialéctica materialista y pretender que su cientificidad radicaba fundamentalmente en el enfoque de la totalidad de la sociedad capitalista –lo cual es ciertamente un componente de la misma‑, por oposición a otros enfoques parcializadores, la propuesta althusseriana se convertía, desde el inicio, en su contrario, siendo también por ello, responsable de un cierto tipo de dogmatización y vulgarización del marxismo, que en Latinoamérica es bastante conocido a través de libros y manuales de divulgación de su pensamiento a cargo de sus seguidores del patio (interpretaciones de la interpretación).
Por esa vía, paradójicamente, el antidogma confluyó ‑de hecho y sin proponérselo su autor‑, con las corrientes del marxismo dogmático que –por diferentes senderos y con otra intención‑, fracturaron la dialéctica materialista (transformada en Materialismo Dialéctico) de la concepción de la historia (el Materialismo Histórico). Separando la dialéctica del pensamiento de la dialéctica del movimiento social, pretendieron dar cuenta (científica) del movimiento social real (sic), como si el desarrollo de la sociedad (movimiento) se hubiese detenido en el análisis crítico de Marx. De ahí que las revoluciones se plantearan como calco y copia unas de otras, los conceptos como definitivos, el marxismo como doctrina, como compendio o manual de conceptos bien acabados y pulidos que una vez aprendidos correctamente, permitirían arribar a la salida correcta (libre de errores y ajena a alteraciones temporales) al basarse en una línea “científicamente” probada, objetiva, es decir, exenta de cualquier vestigio subjetivo, y por tanto ‑siempre según esa interpretación‑, verdadera (y única).

No hay conocimientos dados de una vez para siempre. Y esto abre camino a otro punto central de la dialéctica materialista: el historicismo[23] o la caducidad (relatividad) histórica de las verdades de un tiempo en otro, uno de los componentes de la relatividad del contenido verdadero de los conocimientos. Todo esto, a su vez, es parte de la base de la nueva concepción de la ciencia de la sociedad concebida por Marx y Engels, por un lado, porque supone, como ya se señaló, la interacción sujeto‑objeto permanente; por otro, porque supone que esta ciencia –al igual que el desarrollo social‑ es inacabada, inexacta, histórica (determinada por las circunstancias en las que se crea y desarrolla), es decir, sujeta constantemente a cambios (y necesitada siempre de ellos).
La noción de proceso, clave para entender tanto la formación del pensamiento de Marx como su propuesta, es otra de las grandes ausencias del pensamiento althusseriano, de ahí el corte epistemológico, por ejemplo. Las cosas para Althusser son o no son, de repente, sin historia y, por consiguiente, sin proyección futura. Y sin sujetos, sostienen algunos, y en gran medida llevan razón, ya que lo uno conduce a lo otro. Y esto habla de una cierta “magia” en la historia, ya que la ausencia de proceso ‑es decir, de gradaciones y transiciones entre un momento y el otro, entre un fenómeno y el o los otros, entre la transformación del medio y la trans‑formación de los propios sujetos que en ella intervienen, entre conciencia y realidad‑, desemboca en un determinismo mecánico (acción automática) de las leyes objetivas que, a saltos y cortes, mágicamente, sin construcción cotidiana desde abajo, se supone producen las transformaciones.
Esto lleva también a la dificultad para comprender la historia como proceso continuo, ya que lo continuo ‑entendido de un modo no dialéctico‑, se contrapone kantianamente a lo discontinuo, a los saltos, a las rupturas e incluso a los retrocesos. Desde el punto de vista dialéctico, lo continuo presupone a lo discontinuo, lo gradual a los saltos, es más, generalmente se expresa a través de estos. Así, en un mundo aparentemente fragmentado y fracturado, con una historia que parece dar saltos –y de hecho los da‑, la continuidad (que dicho sea de paso solo puede ser detectada o establecida tendencialmente) se expresa a través de las discontinuidades y, muy particularmente, a través de los saltos. Toda ruptura en el movimiento social, todo salto en el desarrollo ‑que también puede ser regresivo, como se ha comprobado en varios períodos de transición histórica‑, por un lado, comienza a gestarse en el período y momento anterior al que se genera como consecuencia del salto y al momento del salto mismo; se trata de un proceso interno de la propia sociedad, no algo externo a ella. Por otro lado, toda sociedad existente después del momento de ruptura, durante mucho tiempo llevará consigo partes, fenómenos, herencias, reminiscencias, etcétera, de la sociedad, digamos, anterior. Y lo mismo ocurre en el pensamiento social. Desconocer esta interacción dialéctica que conforma todo proceso fue otra de las limitaciones de los planteamientos althusserianos –y con esto no digo que haya que desechar toda su producción teórica, ni que ésta no contenga reflexiones importantes‑, y, a través suyo, de gran parte del marxismo difundido en nuestro medio. Como señaló Zaira Rodríguez en su trabajo Filosofía ciencia y valor, refiriéndose a Althusser:
“(…) el filósofo francés pretende alejarse de la dialéctica especulativa y teleológica hegeliana, pero realmente castra a la dialéctica marxista de uno de sus principios esenciales: aquel que permite comprender el tránsito entre ‘lo viejo’ y ‘lo nuevo’ como un proceso en el que no solo hay ruptura y discontinuidad, sino también continuidad”[24] [herencia hegeliana, entre ella].
Vale traer a colación aquí, las siguientes consideraciones de Engels:
“La gran idea cardinal de que el mundo no puede concebirse como un conjunto de objetos terminados, sino como un conjunto de procesos, en el que las cosas que parecen estables, al igual que sus reflejos mentales en nuestras cabezas, los conceptos, pasan por una serie ininterrumpida de cambios, por un proceso de génesis y caducidad, a través de los cuales, pese a todo su aparente carácter fortuito y a todos sus retrocesos momentáneos, se acaba imponiendo siempre una trayectoria progresiva; esta gran idea cardinal se halla ya tan arraigada, sobre todo desde Hegel, en la conciencia habitual, que, expuesta así, en términos generales, apenas encuentra oposición. Pero una cosa es reconocerla de palabra y otra cosa es aplicarla a la realidad concreta, en todos los campos sometidos a investigación. Si en nuestras investigaciones nos colocamos siempre en este punto de vista, daremos al traste de una vez para siempre con el postulado de soluciones definitivas y verdades eternas; tendremos en todo momento la conciencia de que todos los resultados que obtengamos serán forzosamente limitados y se hallarán condicionados por las circunstancias en las cuales los obtenemos; (…).”[25]
Y precisamente por ser el marxismo, un producto también del pensamiento de su época (condicionamiento presente en toda producción teórica), lleva en sí una “carga”, herencia, o partes del pensamiento del que es, hasta cierto punto, hijo: la dialéctica hegeliana. Es por ello un contrasentido pretender una asepsia (separación) total del marxismo respecto del hegelianismo. Tenía que haber y hubo traspaso de contenido. Y aunque todavía hoy estas palabras provoquen en algunos sectores una infundada alarma y prevención, considero que si se pretende rescatar el enorme valor del marxismo tanto en lo teórico como en lo práctico (no podrían separarse tampoco ahora), para los actuales procesos de transformación social, es indispensable realizar una lectura crítico‑histórico‑social de sus planteamientos, a la vez que mestizarlo con las nuevas creaciones teórico‑prácticas y los pensamientos propios de los pueblos en cada lugar.
Además de que las raíces de nuestra cultura son mixtas, mestizas, también ha de ser mestizo nuestro pensamiento, como nuestra vida, siguiendo el principio martiano que dice: injértese en nuestras repúblicas el mundo, pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas.
Las reflexiones de Engels apuntan además, a otro elemento importante a considerar hoy: la teoría para el conocimiento y la transformación social que sobre bases científicas nace con el marxismo, no puede reducirse a él so pena de traicionar sus postulados fundacionales y transformarse en su antítesis, un sistema cerrado y ahistórico, antidialéctico. No es el marxismo una acabada teoría social y política para todos los tiempos, aunque fue apropiada para su época, en correspondencia con ella. Casi hasta el cansancio sus creadores repitieron que el sistema creado por ellos era abierto y en desarrollo. Esto quiere decir al menos dos cosas: a) lo evidente: que no se habían abordado todos los temas, ni agotado todos los aspectos de los temas tratados; b) lo implícito en su contenido dialéctico: que había elementos, partes, contenido categorial e incluso conceptos y categorías que necesitarían modificarse, enriquecerse o sustituirse, tanto por el movimiento de la sociedad en su conjunto (contenido histórico) como en particular por el desarrollo de la lucha de clases, léase, de las nuevas experiencias de lucha y organización (conciencia) del movimiento obrero y de los movimientos sociales, cuya creación práctica reclama su sustrato teórico a la vez que lo produce.

Carácter crítico y autocrítico de la nueva teoría.

El marxismo fue, repito, una revolución de la filosofía y en la filosofía, es decir, contiene a la lógica dialéctica, pero no terminada (no podría estarlo); partiendo de la contradictoria identidad sujeto‑objeto, ser‑pensar, teoría‑práctica, etc., supone también hacia su interior, la existencia de la contradicción entre lo objetivo y lo subjetivo, entre el idealismo y el materialismo, cuyos contrarios disputan, cada vez, la supremacía en el terreno del pensamiento, y –en gran medida a través de éste‑ de la práctica social concreta de los hombres. Ejemplos de procesos sociales preñados de idealismo, tenemos abundantes en nuestro medio.
Esto habla de una función crítica y autocrítica del propio marxismo para consigo mismo, aunque, indudablemente, esta última fue poco desarrollada. Hoy día, la revitalización del espíritu autocrítico del marxismo está directamente emparentada con lo que en nuestro medio algunos hemos dado en llamar: formación de un nuevo pensamiento.
Las bases teórico‑filosóficas de este nuevo pensamiento fueron trazadas apenas hace 150 años, precisamente por Marx y Engels. De la mixtura entre dialéctica y realidad, partiendo de esta última, elaboran un nuevo pensamiento social, un nuevo modo de abordar el conocimiento y la práctica social (que lo presupone y lo incluye).
Retomando precisamente ese espíritu dialéctico, retomando su necesaria vocación crítica y autocrítica, es que hoy es posible hablar de la necesidad de superar el esquema de que el marxismo agotaba en sí mismo toda la teoría de la transformación social, a la vez que hacerse cargo de la necesidad y urgencia de actualizar el pensamiento social de y para la transformación.
Pensar en un futuro socialista o comunista ciertamente reclama conocer trabajos como El Manifiesto Comunista, Crítica al Programa de Gotha, Los Manuscritos..., La Ideología Alemana, La Sagrada Familia, El 18 Brumario..., El capital, y otros escritos, pero estos no pueden agotar el estudio, el conocimiento y las posibilidades del desarrollo pasado, presente y futuro, de la humanidad.
Es necesario hoy construir un pensamiento social que dé cuenta de las nuevas realidades histórico‑sociales, de los cambios al interior del capitalismo, y del desarrollo de multiplicidad de actores sociales que reclaman su protagonismo, su participación en las decisiones del rumbo a seguir, es decir, que reclaman articularse como sujetos sociales plenos, para intervenir en el diseño y alcances del proyecto, y construir –desde abajo‑ el poder necesario para concretarlo y desarrollarlo. Y esto habla de la necesidad de actualizar, reeditar o re‑fundar el pensamiento social, que lejos de dar la espalda a los aportes de Marx, de Engels, y tantos otros, dé cuenta de ellos proyectándolos hacia el mañana en el nuevo pensamiento histórico que está en gestación.[26]

El anquilosamiento teórico‑práctico del marxismo, que durante décadas encerró los fundamentos científicos de la teoría sociológica –previa reducción y simplificación‑ dentro del –entonces resultante‑ catecismo marxista, acarreó indudablemente consecuencias negativas, tanto respecto al desarrollo histórico‑lógico‑social de la propia teoría, como respecto al propio desarrollo social.
¿Cuántas veces en tantos años habremos tropezado con supuestos análisis científicos de una sociedad determinada, que –invocando la autoridad de Marx, Engels o Lenin‑, se dedicaban a una reproducción generalmente textual de sus planteamientos, que se tornaban así en conceptos abstracto‑generales que ‑supuestamente vigentes para todas las sociedades capitalistas‑, suplantaban el análisis concreto que había que hacer en cada momento, en vez de guiarlo?
Para ellos, la esencia del capitalismo ya había sido descubierta y argumentada por Marx, por tanto, mientras hubiese capitalismo su esencia sería la misma, ¿para qué se necesitaban otros análisis? En América Latina, las nuevas situaciones, por ejemplo, el paso de una dictadura militar a una democracia burguesa, fueron consideradas por algunos sectores como un simple “detalle” que en nada modificaba la esencia de dominación de clase del Estado. A raíz de ello, no pocas veces, algunos representantes hallaron elementos de justificación suficiente como para mantener las mismas políticas en un caso como en el otro. Cualquier cambio en la realidad, cualquier peculiaridad, era reducida o ignorada, por considerársele dentro de lo fenoménico, lo cual ‑a partir de las enormes deficiencias en el conocimiento más elemental de la dialéctica entre esencia y fenómeno‑, era entendido simplemente como algo “desechable” gnoseológica, práctica y políticamente hablando. Por ese camino, entre otros, se pretendió que el pensamiento de Marx permanecía vigente; por la fidelidad a la letra, no a su propuesta teórico‑metodológica ni a sus principios fundantes. El resultado fue un pensamiento estancado y vuelto contra las prácticas sociales. Para sus seguidores –de modo consciente o no‑ se trataba solo de actuar, de hacer la revolución según cánones y parámetros ya planteados y resueltos teórica y definitivamente. Esto condujo a la formación, como señala Dussel, de “un Marx fetichizado, al que solo se puede estudiar como una opera omnia terminada y al que no se le puede continuar.”[27]
Hay cuestiones claves, puntos neurálgicos, o nudos teórico‑prácticos donde estas simplificaciones y estos reduccionismos (cientificistas o dogmáticos) han sido y son todavía muy evidentes. Por su trascendencia en nuestras prácticas sociales me referiré a algunos de ellos.

En la concepción del sujeto.

La identificación hecha por Marx del proletariado como sujeto de la historia, respondía, por un lado, a la realidad del capitalismo europeo de la época, fundamentalmente el inglés, en la que enormes masas de campesinos y pobres de las ciudades eran convertidos rápidamente en verdaderos ejércitos de asalariados, despojados de toda propiedad y facultad sobre el producto de su trabajo y sobre sí mismos.
Por otro lado, aquella concepción de “sujeto de la historia” estaba permeada por la influencia del idealismo alemán, principalmente el hegeliano. Así, La Historia aparecía como sujeto ciego de su despliegue y desarrollo, incapaz de dominar ella misma, las leyes que la rigen; solo podía alcanzar dominio de sí misma a través del sujeto (su otro yo, enajenación de sí, no‑yo). Éste, a partir de conocer las leyes que rigen el desarrollo social, estaría capacitado para intervenir en la Historia y ponerla en concordancia con sus leyes. Sobre la base de la conciencia del sujeto, objetivada en la práctica, La Historia cobraría autoconciencia de sí y comenzaría su etapa de desarrollo pleno, armónico y ascendente (¿El sujeto como autoconciencia de La Historia?). Hegel y Marx están aquí indisolublemente emparentados, aunque Marx supera la concepción idealista abstracta de Hegel en el caso del sujeto, al descubrir que el sujeto no es un sujeto humano abstracto y genérico “encargado” de llevar a la Historia hacia su autoconciencia, sino un sujeto concreto social e históricamente determinado y condicionado, que él identifica entonces con la clase obrera, con capacidad de creación propia de su destino (aspecto de la subjetividad profundamente olvidado y relegado posteriormente de la mayoría las propuestas marxistas). Esto se asentaba, a su vez, en la concepción determinista de esas leyes históricas que tornaban necesaria –en el sentido de inevitable‑ la transformación revolucionaria. Por tanto, hacía del sujeto histórico –la clase obrera‑ un concretizador –aunque creativo‑, de tendencias y leyes ya existentes (predeterminadas) en la historia social. Por ese camino, la clase obrera, se convirtió –mediante su propia acción‑ en sujeto de la historia.
En este sentido, la propuesta de Marx no alcanzó a rebasar totalmente el teleologismo del sujeto hegeliano –sin exagerar el monto de la herencia, por supuesto‑, que transforma a la clase obrera en portadora de una “misión histórica”, en el sentido de ser “encargada por la Historia” para concretar algo que vendría implícito y en estado latente como una necesidad ciega a través de la acción de las leyes sociales.
El teleologismo de la idea se transformó en la necesidad histórica del desarrollo social, que toma conciencia de sí a través del sujeto histórico portador de la misión de reencontrar las leyes que rigen el desarrollo haciéndolo consciente. Los sujetos, ahora sí en dominio total de estas leyes, serían capaces de pasar a una etapa superior sobre la base de la armonía (¿identidad?) ser‑pensar, sujeto‑objeto en el propio contenido del desarrollo social.
Esto dio pie, años más tarde ‑fiel a la letra original y contradictoriamente con el espíritu dinámico y dialéctico del marxismo‑, a que se erigiera a la clase obrera como sujeto suprahistórico, ahistórico, es decir, como sujeto para todo tiempo y lugar, no condicionado por la realidad social histórico‑concreta de su existencia objetivo‑subjetiva, por lo que, además, ni el curso de su acción social, ni las formas de su organización y dirección, ni los objetivos que ella alcanzaría podían ser modificados ni por los sujetos reales ni por el desarrollo socio‑histórico. Las revoluciones se tornaron así un camino único e inevitable y su realización irreversible, al indicar la superación de la prehistoria y la entrada a la Historia, al dominio de las leyes y, por tanto, supuestamente, del desarrollo armónico ininterrumpido hacia el futuro de la humanidad.
Si la supresión‑superación de la enajenación de los trabajadores ‑cuya fuente de producción y reproducción es inherente a la base misma del capitalismo‑, es en Marx condición para alcanzar el dominio de las leyes que rigen el desarrollo social, es coherente también, según él, que quienes están en el centro mismo de la producción y reproducción de esa enajenación, los obreros, sean los encargados (interesados) de barrer las condiciones de su producción y reproducción: el sistema capitalista. Una vez que ello ocurriera, la clase obrera se habría liberado a sí misma y habría liberado también al conjunto de la humanidad de la existencia de la enajenación social, económica, política, cultural, etc. Esta sociedad estaría entonces –bajo la dirección de la clase obrera y su organización política en posesión del poder político‑, en condiciones de abocarse a la construcción y desarrollo del socialismo hacia el comunismo, con dominio pleno de las leyes que rigen el curso de su desarrollo y, sobre esas bases, liquidar definitivamente la enajenación social e individual.[28]
La identificación hecha por Marx de la clase obrera como sujeto histórico de la superación revolucionaria del capitalismo ‑que no hay por qué rechazarla como un progreso para el desarrollo social y válida para la realidad capitalista de su época‑, se mantuvo prácticamente inalterable en nuestro medio hasta hace poco tiempo ‑principalmente a través de la propuesta marxista‑leninista, entendida como la única lectura verdadera y científica de todas las sociedades capitalistas desde 1920 en adelante‑, considerando (una vez más) que nada se modifica en el capitalismo porque se mantiene su esencia explotadora (reduccionismo esencialista).
En América Latina, las corrientes dogmáticas, tendieron a aplicar el esquema clasista y la propuesta de sujeto histórico derivada de la sociedad de Inglaterra del XIX, en vez de partir del análisis concreto de la realidad social en cada lugar y momento. Por ese camino, aplanaron, literalmente, a toda la diversidad y multiplicidad de sujetos y realidades sociales.
Por otra parte, al tornarse sujeto de todas las realidades en todos los momentos, aquella fuerza social que fuera sujeto real, concreto, de una sociedad concreta en un momento histórico determinado, dejó de corresponderse con los sujetos realmente existentes en cada lugar. Así, en nombre del marxismo, traicionando el principio teórico metodológico que le hiciera herramienta concreta para el conocimiento y la transformación social, las cosas ocurrieron –por vía kantiana‑ tal como sentenciara Hegel: si la realidad no se corresponde con la teoría, peor para la realidad. ¿O no fue así?
Al no reconocerse el cambio real de la sociedad y, con este, el surgimiento de nuevos sectores y actores sociales, el cambio en los roles de cada uno de ellos y entre ellos, se absolutizó (¿divinizó?) a la clase obrera como sujeto de los cambios y con ello –exagerándose‑, se debilitaba su papel. Claro que hoy mismo la clase obrera sigue siendo la enterradora del capitalismo, pero no es la única; hay otros. De ahí también las modificaciones a las consideraciones en torno a los sujetos de los cambios, y las articulaciones imprescindibles entre ellos para constituirse en sujeto popular.[29] Creo que Marx tenía toda la razón posible en siglo XIX; pretender que siga siendo así en el siglo XXI, debilita el papel que el marxismo puede desempeñar aún hoy, tras una aparente fortaleza.
No era frecuente que Marx se equivocara en su época y en su mundo, pero era y es imposible que un pensamiento como el suyo, nacido y desarrollado con el sentido histórico‑concreto como principio basal, fuera textualmente válido para todas las épocas posteriores. Quienes no lo entendieron así erigieron verdades histórico‑concretas, relativas, en verdades universales abstractas, ahistóricas, que resultaron, por tanto, prácticamente inservibles e histórica, social y políticamente obsoletas. Mediante esta práctica ‑teórica y no teórica‑, el marxismo volvíase poco a poco un contrario de sí mismo: en vez de guía para la acción transformadora de los sujetos sociales concretos, era corsé de sus prácticas y pensamientos. El sistema cerrado al que fue reducido mayoritariamente durante un tiempo (relativamente largo para las urgencias de la práctica social), aunque no totalmente por cierto, fue un freno a su propio desarrollo y la primera negación de los principios que le dieron origen.
En el plano más estrictamente político, el protagonismo exclusivo (y excluyente) de la clase obrera se trasladaba (sería más correcto decir: se traspasaba) al de su –declarada para siempre‑ vanguardia política, el partido de la clase obrera. Como vanguardia de la clase ‑y a través suyo‑, el partido resultaba el rector del conjunto de fuerzas sociales no protagonistas, las que quedaban así ‑a través del partido‑, subordinadas a la clase fundamental, la clase obrera (y a través de ella, al propio partido‑vanguardia), en el proceso de la revolución (antes y después del acto).[30]
En las experiencias del socialismo real, esta concepción ahistórica de la clase obrera como sujeto de la historia, dio pie a la subestimación o relegamiento de los sujetos histórico‑concretos que en ellas intervenían; según tales apreciaciones, éstos no aportaban nada específico, propio, a esos procesos; en vez de crear e inventar soluciones y alternativas como nunca antes habían siquiera imaginado, quedaban a la espera de resultados que llegarían, supuestamente, de modo automático, como producto de la acción mecánica de la planificación económico‑social basada en el conocimiento de las leyes que determinaban el curso del desarrollo social, conocimiento que, además, según tal concepción, estaba en posesión total y absoluta (incuestionable) de los estados socialistas y sus representantes y órganos políticos. Toda la complejidad y diversidad de la vida y el desarrollo social y, por tanto, también de los seres humanos que integraban tales sociedades, se reducía entonces a una cuestión de administración.
Hoy, la historia de las sociedades capitalistas y de los socialismos reales, particularmente los del este europeo que nacieron y se derrumbaron en el siglo XX, unida a la emergencia de la globalización neoliberal, con el desarrollo tecnológico y tecnotrónico acelerado y la emergencia de nuevos problemas sociales económicos, ecológicos, políticos y culturales de la humanidad ponen, cuando menos en cuestión, la vigencia absoluta de que la clase obrera sea la única verdaderamente interesada en poner fin al capitalismo y, por tanto, el único sujeto histórico “encargado” (misión histórica) de hacer las transformaciones necesarias para lograrlo.
Sin rechazar el hecho de que la clase obrera y sus organizaciones sindicales y políticas pueden desempeñar en la actualidad un papel central en la articulación de actores sociales –ejemplos existen de ello[31]‑, hoy se reclama una visión más amplia acerca del sujeto social que permita dar cuenta, tanto de las transformaciones (fragmentaciones) ocurridas al interior de la clase obrera, como de la diversidad de actores sociales, identidades, intereses y problemáticas que pueblan nuestras realidades, que ‑a la vez‑, reclaman una participación directa de estos actores. En su experiencia de resistencia, lucha y construcción de propuestas y organización para alcanzarlas, ellos (en gran número) se transforman (o tienden a transformarse) en sujetos histórico‑concretos de los cambios,[32] protagonistas indiscutibles de estos y de la definición de los rumbos de sus actuación y el diseño de las sociedades futuras en las que vivirán. Este es un punto que concierne también a las futuras generaciones, es algo que siempre debe estar abierto a los cambios, a las creaciones e invenciones de los propios sujetos que, en tanto tales, nunca renunciarán a su capacidad de explorar nuevos rumbos, inventar y crear nuevos horizontes.

En el terreno de la economía política.

En el ámbito de lo económico los problemas no fueron menores. La posibilidad de desarrollar el pensamiento dialéctico materialista descubierto por Marx en el análisis del capitalismo en su desarrollo, fue reemplazada por el trasplante del esquema de El capital a cada una de las realidades particulares estudiadas, con la consiguiente pretensión de igualar o sustituir esas realidades por conceptos que, de ese modo, al no reflejar el fenómeno concreto en cuestión, volvíanse irremediablemente abstractos. Como señala Dussel: “Pareciera que no hubieran leído el 18 Brumario, y creen que con el estudio de el “capital en general” se puede analizar toda realidad concreta.”[33]
Se confundió una vez más ‑equiparándose‑, el instrumento teórico para el análisis con el resultado del análisis, de forma tal que no existiera diferencia ‑y menos aún contradicción‑ entre concepto y realidad, entre el presupuesto teórico y el resultado del conocimiento.
La realidad siempre confirmaba la teoría, cuyos representantes "demostraban" así su completa y absoluta vigencia, su carácter de verdad absoluta e inmaculada, valedera para todos los tiempos. Lejos de aquellos textos, el análisis de los nuevos fenómenos a que daba lugar el capitalismo en su desarrollo, por ejemplo, la polarización mundial, tan rigurosamente estudiada por Samir Amín[34] durante años, no fue siquiera tomada en cuenta en estos círculos puesto que no era algo tratado por Marx.[35]
Por este camino, lo concreto pensado logrado por Marx, fue reducido a un conjunto de abstracciones generales y, por esa vía, transformado en letra muerta o casi muerta, fiel al principio que ellos mismos habían formulado en su proceso antifeuerbachiano, al señalar Engels que: lo que es útil para todos los tiempos, no sirve para ningún tiempo concreto. Esta, la generalización abstracta de los conceptos y planteamientos del marxismo, fue una de las mayores limitaciones de lo que comúnmente se difundió (y conoció) como teoría marxista durante casi 70 años del siglo XX.
El triunfo del proletariado bajo las ideas de Marx, Engels y Lenin, entre otros, exigía un desarrollo de la teoría que comenzó a producirse durante los primeros años de la revolución de octubre del 17. Era imposible que la construcción de una sociedad completamente nueva en la historia humana y además, realizada de modo consciente, consistiera solamente en ir plasmando en la realidad las predicciones conceptuales previas a su existencia. Al contrario, y por muy adecuadas que fueran tales predicciones, la construcción real e histórico concreta del socialismo exigía el más vivo empeño creativo del pensamiento y la acción. Pero este proceso se fue deteniendo o desviando hacia otros cauces. Entonces, las nuevas cuestiones filosóficas y sociológicas se expresaban en el existencialismo, el trotskismo, etcétera.
Fue un proceso que se inició fundamentalmente bajo el predominio de los métodos stalinistas y –por la misma vía‑ se propagó mundialmente a través de la Tercera Internacional, en un período, y por otros caminos posteriormente ( y también paralelamente), sobre todo mediante la difusión de una suerte de “marxismo de bolsillo”, y en publicaciones de los llamados estudios que sobre él realizaban connotados exegetas, a los cuales le imprimían un enfoque propio de las Sagradas Escrituras.[36] Estos factores, más la concurrencia de ciertos mecanismos internacionales (y nacionales), contribuyeron a universalizar rápidamente el fenómeno, imprimiendo a casi todo el mundo pensante marxista ‑consciente o inconscientemente‑ cierta influencia del dogmatismo, aunque más no fuere por la obligación de tener que diferenciarse de él a riesgo de ser catalogado y etiquetado como “revisionista” y, sobre esa base, desterrado del “reino de los cielos”.
La misma lucha contra el dogmatismo –que, por cierto, está presente en toda la historia del marxismo[37]‑, impuso cierto lenguaje con una codificación descifrable de un modo diverso por unos y otros, y estableció ciertos límites a la propia teoría, límites que condujeron a los representantes de distintas opiniones, a asumir posturas teóricas donde la reflexión fundamental quedaba ahogada por la necesidad de diferenciación interna respecto de una u otra corriente del marxismo.
Una de las consecuencias de esto fue la polarización de los análisis, enfoques, planteamientos teóricos y actuación política, tanto entre pensadores como entre organizaciones políticas de izquierda. En tales condiciones la legitimidad, el considerar marxista o no a cualquier planteamiento, tuvo como referente al propio marxismo, y no su correspondencia con la realidad y el desarrollo de las ciencias, por ejemplo. Los textos de los creadores del marxismo fueron trasformados en Autoridad, y en calidad de tal se desempeñaron como peculiares árbitros mudos en la carrera de sus exegetas hacia el escolasticismo.

En la concepción (simplificada) de la dialéctica.

La dialéctica –en cualquiera de sus interpretaciones‑ reconoce en la contradicción entre dos opuestos (contrarios) –para decirlo de un modo sencillo‑ el motor de todo movimiento y desarrollo. Esto es solo una verdad a medias si se secundariza el modo en que estos contrarios están interpenetrados entre sí (y con muchos otros), y el modo en que se interrelacionan e interactúan, se influyen y modifican mutuamente.
Este principio dialéctico esencial, lejos de entenderse, se cuenta entre los más simplificados, reducidos y empobrecidos hasta su negación. Reducir la dialéctica a la lucha de contrarios como motor del desarrollo y desconocer el papel central que en él cabe a los eslabones mediadores es lo mismo que negarla. El reduccionismo y el mecanicismo que no podían, obviamente, rechazar de plano el pensamiento dialéctico, lo asimilaron a su estilo e, incorporándolo, lo aniquilaron.
Las mediaciones entre los contrarios y –a través de ellos‑ entre toda la gama de fenómenos sociales que interactúan en diferentes lugares en los distintos momentos, tipifican, condicionan y hacen posible todo movimiento, incluyendo el motor del desarrollo social: la lucha de clases. Y aquí, en este terreno específico, se cometieron (y se cometen) quizá las más burdas simplificaciones y vulgarizaciones de los presupuestos dialécticos. Asumiendo que la burguesía y el proletariado existen en la vida real como si fueran dos ejércitos de soldaditos de plomo, vastos sectores de la izquierda latinoamericana han analizado sus relaciones de modo abstracto y directo, sin considerar la enorme gama de mediaciones, de relaciones, que los articulan y hacen de ellos los dos polos de una misma contradicción. En correspondencia con tal interpretación, dichos sectores han entendido que la lucha de clases era una batalla frontal y directa y han promovido en consecuencia confrontaciones directas. Los resultados son muy conocidos por nosotros: concepción del “todo o nada”, aceptación y promoción de políticas de “cuanto peor, mejor” con la esperanza de que ello conduzca a la exacerbación de la contradicción burguesía‑proletariado, y ello al enfrentamiento “directo” por la toma del poder. Lo demás, la posibilidad de explorar otros caminos, de dar cuenta de otras relaciones existentes, era simplemente rechazado por considerárseles, un “desvío” del rumbo principal, un atraso respecto a la tarea fundamental: la toma del poder. En consecuencia, todo lo que no contribuyera a ello de modo directo, era rechazado por reformista, desviacionista, etcétera.
Pongo estos ejemplo sencillos, para ilustrar de modo breve, como estos debates teórico‑filosóficos, que aparentemente se mueven en un mundo lejano a la vida real, cuando basan en ella sus reflexiones –como en este caso‑, están directamente articulados a la práctica cotidiana de constru­c­ción‑trans­for­ma­ción de los actores sociales concretos.

El “comunismo científico” propuesto por Marx y los socialismos reales

La adopción del comunismo y del socialismo como componentes y perspectivas de la concepción transformadora revolucionaria de la sociedad propuesta por Marx y Engels, les imponía ‑epocalmente hablando‑, diferenciarlos de las teorías socialistas más conocidas hasta entonces. La distinción como comunismo "científico" respondía, en primer lugar, a esa necesidad de diferenciación explícita, pero ‑en ningún caso‑ implicaba la definición de todos los caminos posibles que las sociedades –incluso aún las inexistentes‑ tendrían que recorrer de ahí en más, en todos los tiempos. En segundo lugar, con la denominación de "científico", sus autores indicaban ‑como es lógico‑ su cientificidad[38] (aunque lejos estaban de imaginar la deformación posterior que esto provocaría). ¿Por qué se considera científico el socialismo de Marx y Engels? Precisamente por el punto de partida, por las bases sobre las que levantaban tanto la teoría como el nuevo proyecto social para la humanidad: partir de la realidad (objetivo‑subjetiva siempre en el caso de los fenómenos sociales). En ningún momento, la denominación de socialismo científico, pretendía anunciar la existencia de una teoría completa y acabadamente elaborada.
Las proyecciones hacia el socialismo realizadas por Marx se apoyaban en el trazado –grueso, digamos‑, de las líneas tendenciales del desarrollo histórico a partir del mundo existente (y conocido por ellos) en aquella época. Para lograr esto, Marx contó, en el plano teórico, con un arma fundamental: la dialéctica materialista. La base sobre la cual levantaba su teoría sobre el comunismo estaba sólidamente respaldada por el análisis crítico del capitalismo de esa época, pero la predicción teórica de los rasgos de la nueva sociedad implicó, forzosamente, la preeminencia del desarrollo conceptual del posible futuro. Y no podía ser de otro modo al no tener referentes concretos, sociedades socialistas de existencia real, concreta, sobre las cuales referir sus análisis y enfoques crítico‑propositivos y desarrollar la teoría sobre bases reales y no lógico‑deductivas. En tal caso, el empleo de la Lógica del concepto fue un recurso revolucionario, como guía de posibles caminos a seguir.
Marx trazó los pasos iniciales tentativos posibles ‑no todos necesarios ni suficientes‑, del sistema que sustituiría al capitalismo, pero ese acercamiento al sistema aún inexistente tenía que ser forzosamente, limitado, parcial, incompleto y también inexacto e insuficiente para explicar y prever todos los caminos posibles de la existencia y desarrollo del socialismo concreto, aún en la primera fase, cuando existiera. Marx no conoció, no vivió la realidad de al menos una sociedad comunista sobre la cual basar y profundizar –críticamente‑ sus investigaciones. La experiencia de la Comuna de París fue extraordinariamente importante para perfeccionar la teoría revolucionaria comunista, pero no podía ni pretendía agotarla.
A partir de que surge la primera sociedad socialista como una primera fase del sistema comunista, era obligado replantearse su explicación, su fundamentos y funcionamiento histórico‑concreto y prever su desarrollo sobre la base de su existencia real.[39] Sin embargo, luego de los intentos iniciales de algunos revolucionarios, entre los que se incluye Lenin, la búsqueda prácticamente se detuvo, excepto en algunas zonas periféricas como, por ejemplo, en la China de Mao, en los 60‑70. Todo parecía ya estar problematizado y resuelto en los escritos de los fundadores de la sociología científica, restaba entonces consolidar lo conquistado, lo cual, además, se confundió con conservar el poder, y esto, no pocas veces, con preservar en el poder a un núcleo de dirigentes, o a un dirigente.
Por tal camino, lo que fuera un nivel conceptual lógico‑dialéctico deductivo aproximativo a la teoría sobre el comunismo, se transformó en un conjunto de normas para la construcción del socialismo que deberían ser “aplicadas” (la misma palabra revela su carácter exterior a los procesos concretos) en todas las revoluciones socialistas, independientemente de la época y de las características de las realidades en donde éstas se desarrollaban.
Hoy se habla con “naturalidad” de socialismo chino, cubano, vietnamita, etc., pero hasta no hace mucho, cualquier asomo de presencia de alguna peculiaridad nacional en el pensamiento o en la práctica de alguna de esas u otras revoluciones y procesos socialistas, era considerado una afrenta al poder soviético, una actitud revisionista que, por ese camino, decían, le hacía el juego al imperialismo o iba en camino de hacerlo, debilitando la unidad del sistema socialista mundial. En América Latina, Mariátegui, su pensamiento y práctica, resultan un claro ejemplo de lo que significó atreverse a lo que él mismo llamó “creación heroica”.
La extensión y absolutización de esa lógica conceptual después de la existencia de sociedades socialistas, se convirtió en la primera traba para construir el socialismo real existente y por tanto para reflejarlo teóricamente. Las exigencias de la práctica social se subordinaron a la satisfacción de los presupuestos teóricos, lo cual fue agravado por la subordinación de éstos a la política, y por ser ésta, a la vez, legitimadora de un tipo de poder.
Esto limitó enormemente el sentido crítico‑constructivo social del marxismo, a tal punto, que como una traición a su propia revolución teórica, al más puro estilo del Hegel de la tercera fase, era crítico del capitalismo y legitimador del socialismo, es decir, acrítico de este último, en vez de base de su conocimiento, transformación y desarrollo. Y todo eso resultaba agravado por el hecho de que ese acriticismo (generalmente obsecuente), era entendido y estimulado como un indicador de portar “la ideología correcta”, certificación máxima que siempre se esperaba de las instituciones académicas soviéticas, ya fuera la entonces Academia de Ciencias de la URSS, el Instituto de Marxismo Leninismo, u otras.
Partiendo del dogma, muchos marxistas entendieron que el carácter científico del socialismo ‑y del marxismo- se preservaría solo si la práctica social de las sociedades socialistas materializaba todas las predicciones que sobre el desarrollo y las características de esas sociedades hicieran tanto Marx como Engels y Lenin. Para aquellos, la revolución socialista debía tan solo dar existencia material a un proyecto ideal acabado y terminado.[40] La realidad quedaba relegada a ser una mera confirmación de la teoría.
Y obviamente no se puede responsabilizar a Marx de esto, sino a aquellos que no reconocieron que las predicciones de Marx sobre el desarrollo social eran solo el esbozo, históricamente posible, de las tendencias entonces pre-visibles del progreso social. El que se utilizaran esos guiones probables del desarrollo social como normativas rígidamente determinadas y determinantes, como principios inmóviles de la ‑entonces bien llamada- "doctrina" marxista, transformó a tales marxistas en los propugnadores de un marxismo patas arriba, que regresaba al sistema y a las proposiciones histórico‑sociales hegelianas. De ese modo, Hegel triunfaba sobre su discípulo más destacado, imponiéndole el fin de la tríada de su sistema filosófico, cerrándolo a su modo, pese a las intenciones de aquél de mantenerlo abierto.
Para Marx la práctica no era solo un eslabón intermedio entre la idea y su objetivación, sino la base de la interacción hombre‑medio, instrumento de la transformación y resultado de ella, pero un resultado que abarcaba al hombre mismo, es decir, a las prácticas y al pensamiento, y por tanto, un resultado transitorio, temporal, histórico y, como tal, punto de partida para otras creaciones y transformaciones.
Marx nunca pensó en agotarse a sí mismo, ni en transformarse en totalidad universal pensada y pensante, en extraña prosa transcrita a varios idiomas y recitada en más de un aula universitaria durante casi un siglo. Se lo impedía más la lógica de su pensamiento que su probada modestia. Trabajando con Engels, descubrió las bases teóricas para seguir adelante de un modo diferente a Kant, Hegel, Spencer y otros, pero ese pensamiento de reciente creación debía desarrollarse, abarcar, por ejemplo, los aspectos de la actividad y de las relaciones humanas que ellos no llegaron a exponer a fuerza de tener que demostrar, una y otra vez, la existencia –aunque en última instancia‑, del determinismo material en la vida social, frente a las objeciones reiteradas de los subjetivistas y las tergiversaciones de los partidarios del materialismo vulgar o economicista, mecanicista.
Preocupado desde el inicio por los problemas de los seres humanos, por encontrar primero las causas y luego una salida a su enajenación, Marx no pudo, sin embargo, desarrollar integralmente la teoría para abordarla, ni siquiera para las condiciones de su época. Descubrir los móviles materiales, económicos, que permiten ordenar la vida social en un determinado lugar, en determinado momento, entender su desarrollo, y exponer los argumentos de esto, le llevó ‑tanto a él como a Engels‑ toda su vida intelectual. La formulación de la revolución social como instrumento de los oprimidos para poner fin a la explotación y a la enajenación y, en suma, como la gran ordenadora de la humanidad, fue una conquista del pensamiento y la acción de los hombres. La exposición de los rasgos esenciales que caracterizarían el régimen pos‑revolucionario desempeñó un papel insustituible al acercar el ideal revolucionario a una realidad posible, pero no bastaba con eso para considerar acabada ‑como se consideró después‑ la teoría sobre la revolución.
La revolución solo era el instrumento para iniciar (continuar sobre nuevas bases) un proceso complejo y colectivo de desenajenación económica, social, política, cultural, simultáneamente con la construcción cada vez más consciente (la participación cada vez más creciente) de los ciudadanos –hombres y mujeres‑, de la nueva sociedad, la sociedad socialista. Y esto significa crear, opinar, inventar, decidir y asumir el riesgo de vivir los resultados de su invención. Y hay que decir que si un ausente grande tiene la construcción de los socialismos reales es el de la lucha integral contra la enajenación, el de la participación creciente de la población en las decisiones y el rumbo de las sociedades socialistas.
Una vez más el mecanicismo (o automatismo) imponía su punto de vista: parecía que automáticamente el acto revolucionario ‑no el proceso nuevo que la revolución abría‑, eliminaría mágicamente, instantáneamente, siglos de enajenación social, política, económica, cultural, además de resolver también por esa vía, problemas de discriminación y asimetría de géneros, etnias, etcétera.
Pero la experiencia de los procesos de la vida real demostró que la existencia de una revolución no resuelve automáticamente todos los problemas. Abre la posibilidad objetiva, crea las condiciones para que la sociedad ‑los seres humanos‑ mediante su actividad ‑o sea, su conciencia y su práctica‑ modifiquen el medio y se modifiquen a sí mismos. Y para esto también hacía falta una teoría de la transición. Estaban los cimientos, pero había que desarrollarla y continuarla y, salvo honrosas excepciones, no se continuó, o solo se avanzó muy fragmentadamente. El marxismo quedó detenido en los logros, las ausencias y propuestas de sus fundadores y, poco a poco, en boca y con palabras de otros, con diversas interpretaciones teórico‑prácticas, fue negando las bases y los principios que le dieron origen, asumido y “aplicado” como teoría general abstracta (dogma).

Marxismo y nuevo pensamiento

Considero que la discusión acerca de la vigencia del marxismo, de su lugar y papel, ha sido ya en estos años agotada en lo fundamental, resultando imprescindible dedicar todas las energías al desarrollo de la teoría transformadora, revolucionaria, que se requiere hoy. Tal debate tiene sentido solo en conexión con la práctica revolucionario‑transfor­ma­dora de hoy, en la medida y con el sentido que hoy tiene lo revolucionario. El eje está en lo que tenemos que hacer ahora, y no en por qué tenemos que hacer lo que tenemos que hacer.
Marx propuso una forma y un modo de pensar la realidad y transformarla, no la canonización de sus ideas.
Frente a la evidencia de los problemas que afectan a la teoría marxista, hay quienes reivindican un marxismo de fuentes originales, y por tanto, supuestamente ajeno a la crisis teórico‑práctica existente hoy. Pero no hay que abundar en explicaciones para dejar claro que, si hoy, lo más brillante que tiene el marxismo se condensa en las ideas de Marx y Engels del siglo XIX y en las de Lenin de comienzos del XX, la crisis y desactualización que lo golpea es tan profunda como irrefutable e impostergable su actualización. Y en un sentido no dogmático, rescatando el espíritu abierto de la propuesta teórico‑práctica de Marx, esto significa actualizar la teoría para la transformación social, revolucionaria a la medida de lo que hoy, en el mundo actual concreto existente puede constituir una revolución.
El marxismo –de sus fundadores y de sus seguidores más fieles, es decir, creativos, continuadores de la obra iniciada por Marx‑, es una parte insustituible de esta nueva teoría, pero coincido con quienes afirman que ya no la agota. No se trata de negarlo o declarar su muerte por obsolescencia, sino –cualquiera sea el diagnóstico que cada uno realice sobre el particular‑, rescatar sus aportes actualmente vigentes, superar aquellos que reclaman una actualización, es decir, resignificarlo, y mixturar todo esto con las actuales creaciones teórico‑prácticas de los pueblos y sus actores principales, incluyéndolo en lo que –de ese modo sería ya‑ un nuevo pensamiento de la transformación, que dé cuenta de la realidad del mundo de hoy a la vez que  se nutre de sus fuentes, entre las que está en primer lugar, el pensamiento marxista.
No comparto los planteamientos de aquellos que reconocen la existencia de la crisis del marxismo pero pretenden circunscribirla solo a determinadas variantes: dogmáticas, académicas, políticas, europeas, latinoamericanas, etc., y mantienen fuera de la crisis ‑como en una urna de cristal‑ el “marxismo según sus creadores”, supuestamente no afectado ni siquiera, aunque más no sea, por el paso del tiempo. En relación a ello considero conveniente tener en cuenta los siguientes elementos:
1. El marxismo dogmático en cualquiera de sus variantes no puede estar hoy en crisis sencillamente porque está liquidado.[41]
2. La crisis del marxismo, está signada, fundamentalmente, por la desactualización y por el estancamiento, por la falta de profundización autocrítica dentro del propio marxismo y por la consiguiente falta de desarrollo de la base teórico‑con­cep­tual creada y explicitada por sus fundadores, tanto en la críti­ca al capitalismo como en las propuestas de su superación, en quiénes serán los enterradores (sujeto), cómo lo harán (poder), y en qué dirección (proyecto). Negarse a aceptar esta realidad, es contribuir a retardar la necesaria actualización de la teoría de y para la transformación, contribuir a la deso­rien­tación de las conductas sociales y al afianzamiento del pen­sa­miento único derrotista que propaga el neoliberalismo.
3. El marxismo, tal como ha sido entendido hasta ahora, pre­senta visibles baches en el orden conceptual y práctico para explicar acabadamente el mundo actual, pero, aún con tales dificultades, es la única teoría que brinda un instrumental teórico que posibilita -al menos- comenzar a acercarse a la realidad de un modo certero. Sus principios metodológicos mantienen hoy, pese a las deficiencias antes mencionadas, su vigencia como ordenadores válidos del aparentemente caóti­co panorama de las sociedades humanas y, sobre todo, de las relaciones entre sus habitantes. Nutrirse de ellos, in­corporarlos a un nuevo pensamiento de y para la trans­for­ma­ción resulta elemental e indispensable. Y esto hace a su resig­nificación.
4. La propuesta teórico‑práctica que representa el marxismo no puede comenzar y acabar con Marx ni con Lenin ni con ningún otro. Tienen cabida en su seno, por un lado, los diver­sos aportes de pensadores e investigadores sociales, en el te­rreno económico, político, cultural, humanístico, etc., y de las experiencias de resistencia, luchas y construcción de los dis­tintos actores sociales durante este siglo (XX), parti­cu­lar­men­te aquellos que han desarrollado una gran creatividad en estos últimos quince años. En América Latina es impostergable el mestizaje con los aportes de la Teología de la Liberación, de la Educación Popular (en sus distintas variantes), del pensa­miento de los pueblos originarios, del pensamiento nacional desarrollado en cada lugar al calor de las experiencias de las luchas políticas populares a mediados del siglo XX.
5. En este sentido, la propia denominación de marxismo re­sulta estrecha para identificar al actual pensamiento de la transformación; es por ello ‑en un criterio que comparto con mu­chos otros‑, más adecuado hablar de la construcción de un nuevo pensamiento, capaz de –como subraya Claudio Loza­no‑ otorgar nuevos sentidos a la experiencia humana,[42] o de resignificarla, como apuntan otros, rescatando funda­men­tal­mente el hecho de que estas experiencias no resignan su uto­pía de construir una alternativa social humana para la huma­ni­dad, al decir de Los manuscritos..., y de pro­yectarse hacia ella.



[1]. Hegel, G. W. F., Ciencia de la Lógica, Tomo II, Solar/Hachette, Buenos Aires, 1968, pág. 725.
[2]. Dussel, E., La producción teórica de Marx, un comentario a los GRUNDRISSE, Siglo XXI Editores, México, 1985. Pág. 343.               
Vale recordar también otros análisis de Dussel que asumo en el mismo sentido: “En cuanto ontología, el segundo tratado de la Lógica de Hegel sobre la ‘esencia’ es un verdadero hilo conductor. En efecto, para Hegel –y se verá en múltiples referencias de nuestra obra‑ la esencia es la identidad, el fundamento, el absoluto que nunca ‘aparece’ como tal. Por ello dirá Marx: ‘Es así que el capital deviene una muy misteriosa esencia (mysteriöses Wesen). [Manuscritos de 1861-63] “El capital aparece (erscheint) como la misteriosa y autocreadora fuente del interés, su propia (fuente) de aumento.” [El capital III, cap. XIV]. En Op. Cit, pág. 19.

[3]. Engels, F., Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, Obras Escogidas en dos tomos, Ediciones en lenguas Extranjeras, Moscú, 1955, tomo II, pág. 407‑409. [El signo://, se empleará de aquí en adelante para indicar que en el texto original corresponde un punto aparte.]
[4]. Para un conocimiento más extenso sobre este tema puede consultarse la obra previamente citada.  
En este trabajo no pretendo analizar toda la obra y el pensamiento de Althusser, sino referirme a cuestiones centrales relacionadas con el enfoque de este tema. Considero a Althusser un marxista que dio cuenta de la problemática de su época y respondió ante ella con las armas teórico‑prácticas que tenía a su alcance. Muchos aspectos de su obra quedan por rescatar, por analizar críticamente, muchos por reconsiderar en su significación actual. A eso dedicaremos otras investigaciones.

[5]. Sánchez Vázquez, A., Filosofía y economía en el joven Marx, Grijalbo, México, 1982, pág. 250-251.
[6]. Op. Cit., pág. 24‑25.
[7]. Resulta apasionante también la caracterización de la época en la que nace y se desarrolla su pensamiento. Esto ayuda a comprender el porqué de muchos de sus planteamientos y quizá, entender porqué hubo cosas que vio y otras que lo marcaron y no puedo verlas por ser parte directa de su momento histórico y de su vida. Vale recordar a modo de ejemplo, la estrecha relación existente entonces entre política y marxismo, entre intelectuales y partidos comunistas, que lo llevó a rechazar luego extremamente cualquier vínculo entre propuesta teórica y partidismo, entre ciencia e ideología.
[8]. Louis Althusser, La revolución teórica de Marx, Siglo XXI Editores. México, 1990. Pág. 73.
[9]. Ver, Op. Cit., pág. 71‑106.
[10]. Op. Cit., pág. 87.
[11]. Op. Cit., pág. 84. [Cursivas del autor.]
[12]. Op. Cit., pág. 81‑82. [Cursivas del autor]
[13]. Coincido con Sánchez Vázquez cuando afirma que, siguiendo otro camino, Althusser llega a sostener posiciones cercanas al dogmatismo que buscaba combatir. Al analizar las distintas posiciones frente a la formación del pensamiento de Marx, refiriéndose a la adoptada por Althusser, señala aquel: “los Manuscritos por su carácter antropológico corresponderían al período ideológico, precientífico o premarxista de Marx: otro Marx, el científico habría roto con ese Marx juvenil y constituiría el verdadero Marx. Es la posición adoptada en el pasado por el llamado “marxismo ortodoxo” y, en nuestros días, por Althusser y su escuela. Se trata de la tesis de la discontinuidad absoluta  de los dos Marx con la opción decidida por el Marx de la madurez.” Op. Cit., pág. 230.
[14]. Dussel, E., Hacia un Marx desconocido, un comentario a los Manuscritos del 61‑63, Siglo Veintiuno, México, 1988, pág. 292. (Cursivas del autor).
[15]. Particularmente evidente en la subordinación reduccionista del conjunto de las actividades sociales a la económica, suplantando el desarrollo de la humanidad (que implica la creatividad humana), por la evolución fatalista, no ya provocada por el despliegue del espíritu objetivo, sino por el determinismo economicista y mecanicista.
[16]. Ibídem.
[17]. Lo concreto pensado descubre lo esencial del fenómeno haciendo abstracción de su existencia; lo concreto real es lo existente; o sea, el todo íntegramente desplegado y concatenado a otros todos. Siempre más rico, complejo y dinámico que el mejor y más acabado de sus reflejos conceptuales.
[18]. Puede decirse que El capital es una metateoría histórico‑filosófica e histórico‑cultural del capitalismo de la Europa Occidental de aquella época, cuyo análisis arrojó también la existencia de tendencias socialistas en su seno. De ahí el valor de teoría sociológica general que una vez le asignara Lenin.
[19]. En ese sentido pueden interpretarse también las aclaraciones de Engels respecto a que su método es “la antítesis” del de Hegel.
[20]. Aunque esta interdependencia y conjugación Filosofía‑Sociedad real, digamos, está presente en toda la obra de Marx desde Los manuscritos... en adelante (para identificar un momento), El capital puede considerarse como la máxima expresión, exposición y argumentación de la indivisibilidad entre dialéctica materialista y el enfoque histórico social materialista. Una exposición detallada sobre este punto puede encontrarse en el trabajo ya citado de Adolfo Sánchez Vázquez, especialmente entre las páginas 228 a 230.         
Esta interpenetración e interdependencia es precisamente la que rechaza Althusser con su propuesta de “ruptura epistemológica”, en la formación del pensamiento de Marx, y su propuesta y defensa de la cientificidad del marxismo a partir de separarlo tajantemente de la dialéctica materialista, cuando en realidad se trata de todo lo contrario. Entre sus discípulos, Marta Harnecker defiende aún hoy tales postulados: “(...) cuando me refiero al marxismo ‑afirma la autora‑, estoy pensando únicamente en los aportes científicos de Marx. No me estoy refiriendo a su filosofía ni al movimiento histórico al que dieron origen los aportes de Marx.” La izquierda en el umbral del siglo XXI, Ciencias Sociales, La Habana, 1999. Pág. 281.

[21]. Recuerdo el inicio de dicha tesis, donde se concentra lo fundamental de la propuesta: “El defecto fundamental de todo el materialismo anterior –incluyendo el de Feuerbach- es que solo concibe el objeto, la realidad, la sensoriedad, bajo la forma de objeto [objekt) o de contemplación, pero no como actividad sensorial humana, como práctica, no de un modo subjetivo. (…)” C. Marx, “Tesis sobre Feuerbach”, Carlos Marx, Federico Engels, Obras Escogidas en dos tomos, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Moscú, 1955, Tomo II, pág. 426.
[22]. Dussel, E., Idem, pág. 310. (Cursivas del autor)
[23]. No confundir con el homónimo “historicismo” de las corrientes (historicistas) que pretenden que la historia transcurre en el tiempo como sucesión de hechos lineales. Althusser y sus seguidores, precisamente no advirtiendo esta diferencia sustantiva y pretendiendo superar ese historicismo vulgar, reaccionaron contra el principio lógico dialéctico del historicismo, rechazando con ello uno de los pilares del pensamiento dialéctico hacia fuera y hacia adentro, es decir, en la interacción de la teoría con el mundo exterior a ella y en la conformación y desarrollo de la propia teoría.
[24]. Z. Rodríguez Ugidos, Filosofía, ciencia y valor, Ciencias Sociales, La Habana, 1985, pág., 121.
[25]. Engels, F., Op. Cit., pág. 409‑410. (Subrayado mío.)
[26]. Vuelvo sobre el tema en la parte final de este trabajo.
[27]. Dussel, E., Op. Cit, pág. 18.
[28]. Es importante recordar que Marx veía a la revolución como un hecho mundial o al menos, como un hecho conjunto en los países más desarrollados. No trata cuestiones inherentes a la revolución en un solo país, ni en un país atrasado y aislado, etc. Queda implícito que el poder revolucionario, una vez alcanzado, se mantiene para siempre.
[29]. Ver: Proyecto, sujeto y poder, Ediciones Debate Popular, Santo Domingo, República Dominicana, 1992.
[30]. En la mayoría de las experiencias de construcción socialistas y en muchos procesos de lucha revolucionaria latinoamericana incluso, la clase obrera misma resultó subordinada a la que debió ser SU organización política, SU herramienta política de clase para las transformaciones tanto anticapitalistas como pro‑socialistas. Esto se articula directamente con el tema de la enajenación política de la clase ‑y en general, del pueblo‑, respecto al propio proceso de construcción de la nueva sociedad, cuestión que lleva a un extrañamiento‑distanciamiento creciente del poder político, económico, social y cultural –que resulta así construido y decidido por otros‑, respecto de la clase y el pueblo en su conjunto. No es de extrañar pues, que, aunque a través de otras generaciones, ese pueblo y esa clase se viraran un día –utilizados o no por intereses ajenos‑, contra lo que debió haber sido SU Estado, SU gobierno revolucionario, SU poder, SU sociedad nueva.
[31]. Un ejemplo muy avanzado en este sentido, y maduro en su nivel de concreción de la articulación de diversos actores sociales, y en su reflexión acerca de su propia experiencia y proyección posible, lo constituye la Central de los Trabajadores Argentinos (CTA). La sistematización de este esfuerzo colectivo, el rescate del pensamiento contenido en esta experiencia “en estado práctico”, puede encontrarse en mis dos libros dedicados a ello: el primero (1997), Profetas del cambio, o Una historia silenciada, según sea la edición cubana o argentina respectivamente; el segundo, de reciente aparición en Santo Domingo y Cuba, se titula: Tiempo de Herejías.
[32]. Una reflexión particular sobre este tema puede encontrarse en mi libro Actores sociales, luchas reivindicativas y política popular, Ediciones UMA, Buenos Aires, 1997 (Segunda edición)
[33]. Dussel, E., Op. Cit., pág. 412‑413. (Cursivas del autor).
[34]. Al respecto pueden consultarse, entre otras, sus obras: El eurocentrismo, crítica de una ideología, Siglo XXI, México, 1989; Los desafíos de la mundialización, Siglo XXI, México, 1997.
[35]. Es interesante recordar que los exegetas, generalmente apologéticos, fueron rechazados por Marx ya en su tiempo. Uno repasa hoy sus textos y advierte en algunos comentarios de él, aunque marginales, una clara preocupación ante la aparición de algunos intérpretes de su pensamiento, autoproclamados expertos. Veamos un ejemplo: “(…) en el capítulo de la obra de F. Lassalle contra Schulze‑Delitzsch, en que el autor dice recoger “la quintaesencia” espiritual de mis investigaciones sobre estos temas, se cometen errores de monta. Y digamos de pasada que el hecho de que F. Lassalle tome de mis obras, casi al pie de la letra, copiando incluso la terminología introducida por mí y sin indicar su procedencia, todas las tesis teóricas generales de sus trabajos económicos, por ejemplo, la del carácter histórico del capital, (…), es un procedimiento que obedece sin duda a razones de propaganda. Sin referirme, naturalmente, a sus desenvolvimientos de detalle y a sus deducciones prácticas, con los que yo no tengo absolutamente nada que ver.” C. Marx, Op. Cit., pág. IX.
[36]. No quisiera absolutizar el lado crítico negativo y dejar de reconocer que, como dicen algunos, pese a todas las deficiencias, ese marxismo, por diversas vías, contribuyó en cierta medida a formar conciencia anticapitalista, ayudó a trazar límites, escindir campos, y unió.
[37]. Baste recordar cuántas aclaraciones y advertencias debieron hacer los propios Marx y Engels a sus amigos, a través de cartas, generalmente, para poner a salvo de las simplificaciones de estos o de terceros, lo que ellos realmente querían decir –el contenido dialéctico de sus enfoques que en el modo mecanicista de pensar daba lugar a una lectura contraria a sus planteamientos‑, o evitar interpretaciones erradas de sus propuestas. Quizá, de todos ellos, lo más traumático –por estar en el centro mismo de la dialéctica‑, es lo del determinismo de última instancia de lo económico, que dio pie a que se tradujese como determinismo económico a secas, eliminando la dialéctica de las relaciones determinantes y determinadas, es decir, las mediaciones, las transiciones entre unos y otros factores y aspectos, etc., obviando la relatividad doble de ese determinismo. Doble porque en un sentido estricto supone al menos la conjugación de dos aspectos: 1. La relatividad por el sentido histórico en que se concreta, expresa, toma cuerpo social y se revela socialmente; 2. La relatividad porque para ser y revelarse, ese determinismo se expresa en un sinnúmero de interrelaciones e interpenetraciones que impiden que exista o actúe de modo directo, mecánico.
[38]. Cientificidad que, según lo propusieron y demostraron ellos a partir de la dialéctica sujeto‑objeto, solo puede ser relativa, en principio por la sujeción de toda situación social a dos elementos: a) que se establece en relación a su época histórica y las circunstancias histórico‑concretas en que tiene lugar; b) por la interpenetración entre lo objetivo y lo subjetivo que, en la vida social se supone que media, relativiza y condiciona todo conocimiento y actividad humana.
[39]. Refiriéndose a esto, remarcaba Lukacs: “Los problemas del socialismo son, en consecuencia, los problemas de la estructura económica y de las relaciones de clase en el momento en que el proletariado toma el poder estatal. Surgen de manera inmediata de la situación en la que el proletariado implanta su dictadura. De ahí que no puedan ser comprendidos y resueltos fuera del contexto mismo de esos problemas; no obstante, contienen un elemento radicalmente nuevo, nuevo –por este mismo motivo‑ en relación con esta situación y con todas las situaciones precedentes. Efectivamente: todos sus elementos pueden provenir del pasado, pero su relación con el mantenimiento y fortalecimiento del dominio del proletariado da lugar a nuevos problemas que no podían estar en Marx ni en otras teorías anteriores, y que no pueden ser comprendidos y resueltos sino a partir de esta situación esencialmente nueva.” Lukacs, G., lukács sobre lenin, 1924‑1970, Grijalbo, Barcelona, 1974, pág. 110. (Subrayados míos).
[40]. El socialismo como materialización de la idea. El reconocimiento práctico del Objeto Ideal que, a través de la actividad del Sujeto, se reconoce y encuentra consigo mismo en la síntesis: Objeto Ideal - subjetivación‑objetivación (enajenación‑desenajenación), y Síntesis u Objeto "para sí", consciente de sí mismo mediante la subjetivación práctica de su propia necesidad de objetivizarse para llegar a ser él plenamente, con conciencia de sí. No enajenado. ¿El comunismo según G.F. Hegel?
[41]. Estuvo en crisis en América Latina, por ejemplo, en los años 50 y 60 cuando fue incapaz de reconocer, aceptar y responder a la realidad que golpeaba la región, quedándose diluido en un mundo de abstracciones que marginaba los problemas reales de estos países y no pocas veces sus representantes políticos daban la espalda a las luchas de sus pueblos. Hoy, precisamente por esto, ya no tiene posibilidades de reedición.
[42]. Para más detalles sobre esto, puede consultarse el libro Tiempo de Herejías, Op. Cit., capítulo V.

71 comentarios:

alicia dijo...

Hegel es idealista, la idea está condicionada a las necesidades teleológicas (la finalidad) de la idea absoluta (identidad de la idea con el ser).
La práctica es mediadora entre el hombre y el medio para Hegel, no es que desconoce la materialidad pero condiciona la idea a la búsqueda de la idea absoluta que para él es la identidad de la idea teórica y de la práctica pero cada una tiene en sí la idea misma.
Marx inicia el camino donde Hegel lo deja profundizando en la dialéctica hegeliana y llega a descubrir y desarrollar el método hegeliano en su lado práctico-materialista.
Marx incorpora la dialéctica del pensamiento hegeliano a su concepción teórico social. Se apróxima a la realidad para transformarla articulando pensamiento y acción social y así descubre el papel de lo económico como base (estructura) sobre la cual se desarrollaban y tenian lugar las relaciones sociales y los distintos grupos y las clases sociales.

Esto es lo que pasa ahora (a mi entender), cuando se ha puesto en evidencia que lo que algunos medios de comunicación defienden son INTERESES (económicos) y no valores elevados, pues disfrazan su interés (económico) de causas más justas, nobles y equitativas que no son tales.
Hoy aparecen otros sujetos, no sólo la clase obrera "la enterradora del capitalismo". Existen los otros sujetos relegados y excluídos de la sociedad que hoy vemos protegidos y elevados en su condición por políticas de derechos humanos, como ser los pueblos originarios, los movimientos ocupas.
No estamos ante el proletariado agrícola trabajador pero sigue vigente el derecho a la tierra de los sin tierra, es decir nuevos sujetos que Marx no pudo haber pensado en aquélla época y que a mi entender hoy ya son parte de nuestra historia.
Es importante la memoria histórica de los pueblos para construir en el hoy sin descuidar lo que pasó.
Me interes el concepto de la individualidad entre la "dialéctica del mundo real y la del pensamiento que se propone captarla" porque creo que efectivamente si no se capta este mundo real en esta realidad presente en esta historia que vivimos hoy relacionándolo con su pasado para poder proyectarla y transformarla no tendría sentido trabajar sobre esto porque estaríamos ante hechos y sujetos irreales.Ej. el bicentenario.
El pensamiento marxista sigue vivo y vigente y entiendo que es importante rescatar su esencia sin descuidar los problemas que presenta esta teoría, actualizándolo a los hechos de la realidad que nos circunda y como dice la Dra. Rauber debe existir "un meztizaje con los aportes de la Teología de la Liberación, de la Educación Popular, del pensamientio de los pueblos originarios, del pensamiento nacional desarrollado en cada lugar..."

Alicia N. Rosell

Eva E. Silva CCC dijo...

Los Movimientos Sociales han sido y siguen siendo los protagonistas de luchas sociales, políticas, ideológicas y culturales cuestionadoras de la irracionalidad capitalista, en contraposición a ésta, la interculturalidad liberadora supone la dezcolonización del modo de vida y pensamiento de la irracionalidad ente el Estado, Sociedad, ciudadanos,fundado en un nuevo tipo de Estado que solo es posible construyendo relaciones horizontales de equidad entre todos los habitantes de un país independientemente de la comunidad a la que pertenezcan.

123popular dijo...

La Realidad Social desde un lugar de estudiante y conceptualizando, evidencian que los pensamientos marxistas desde su analisis Materialista en cuanto a los objetos que hacen a la Historia generen un intercambio de ideas en constante desarrollo.
La pregunta: ¿Se puede pensar la "sociedad-objeto" en forma lineal cuando sabemos que la Historia estará sujeta a los cambios constantes de movimientos en el espacio de lo universal del SUJETO SOCIAL con el OBJETO SOCIAL?
La respuesta estará siempre abierta y en constante evolución, no desde el pensamiento subjetivo de un solo sujeto (si la Realidad no se corresponde con la teoría, peor para la Realidad), por el contrario se desprende que las concepciones Marxistas no se pueden reducir a una suerte de "manual de bolsillo" acabado. Dialecticamente invertimos a Hegel, la realidad esta en constante movimiento, por ende expandiendose y transformandose hacia el infinito.
Francisco O. Manglano Martynow

123popular dijo...

Marx rescata la racionalidad hegeliana a la vez que funda la dialéctica materialista y busca las bases del movimiento y de la transformación en la propia sociedad y esto se expresa en la lucha de clases.Lo que hereda Marx de Hegel es la crítica al hegelianismo, y en su joven pensamiento crítico, crea una nueva teoría, el marxismo,y en ella lleva el sello del pensamiento de otros pensadores;Kant, Fichte,Schelling, Fehuerbach y otros.Marx trata de provocar un cambio de la realidad desde los movimientos sociales(obreros y campesinos).Para la transformación social actual es indispensable hacer una lectura crítica- histórica-social.Puesto que cada pueblo tiene su historia, sus creaciones.Nuestras raíces son mixtas, también nuestro pensamientoPor lo tanto el marxismo no es una teoría social y política para todos los tiempos.
Estoy de acuerdo con que hay que construír un pensamiento que incluya todas las realidades histórico- sociales.Con las ideas de Marx,Engels y otros pero proyectado hacia el futuro.Porque la liberación a si misma de la clase obrera casi no ocurrió como vaticinó Marx.Cuando no se reconoce el cambio real de la sociedad,y se queda sola la clase obrera como sujeto de los cambios,terminó debilitándose.Para explicar el mundo actual,el marxismo no tiene que ser seguido desde sus libros tal cual, sino adecuar sus enseñanzas al ahora y con todos incluídos.Ya no sólo el obrero es el encargado y el interesado en "tumbar" al capitalismo.Estoy de acuerdo en que hay que desarrollar una teoría transformadora y revolucionaria que se necesita hoy actualizada y resignificada. Brigitte Salazar R.

marta dijo...

Comentarios sobre el Rostro Hegeliano de Carlos Marx

Antes de Marx, la mayoría de las posiciones idealistas centraban sus respuestas en construcciones teóricas de origen trascendente a lo terrenal.
Hegel coloca la acción humana (la práctica) como bisagra conceptual, aunque la subordina a la necesidad teológica de la Idea Absoluta (tanto idea como sujeto son preexistentes). Marx, profundizando la dialéctica de Hegel, toma como punto de partida la realidad, no ya a la Idea Absoluta.

El análisis que realiza Marx sobre el capitalismo, la concepción de la plusvalía por ejemplo, es un aporte sin precedentes en la Historia que ha vertido luz sobre uno de los aspectos más importantes alrededor del cual se generan las relaciones sociales y es la organización del sistema de producción.

Como observación diría que no hay que olvidar que esa “realidad” está sostenida por valores y creencias que hacen posible que un mismo hecho “real” sea interpretado o justificado de maneras opuestas entre si.
Como aspecto importante entiendo que la búsqueda de la verdad, el estudio de los fenómenos naturales y sociales es una constante en el quehacer humano.
En contra de tan noble aspiración conspiran entre otras la propia subjetividad y el deseo de explicar el Todo, o el Origen a partir de una fórmula o cosmovisión particular. Es una pretensión excesiva (aunque haya servido para avanzar en el conocimiento).
Si nos consideráramos seres parciales e incompletos, a la vez que únicos, tendríamos a la complementariedad con otros como la herramienta para obtener una mirada más abarcativa aunque siempre no única ni absoluta.

Actualmente en nuestro país, bajo el esquema de un Capitalismo con aspiraciones de “bienestar”, el Estado ha retomado un rol activo, que considero un gran avance de cómo veníamos (neoliberalismo a ultranza)
Seguramente habrá que ampliar la democracia, tornándola más participativa.
Pero por sobre todo creo que lo nuevo está en lo no dicho, que empezará a corporizarse en la medida en que se diluyan viejos mitos, o mentiras al tiempo que vaya ganando espacio lo que siempre estuvo pero no nombrado (como los pueblos originarios). En este caso expresamente ocultado.
Si, me parece importante el concepto de Potencia.
El ir alimentando, contribuyendo, construyendo con otros en una misma sintonía, que es la de multiplicar las voces y los esfuerzos para ir logrando un mundo más humano, más equitativo (cual juego de fuerzas).
Observarnos, cuestionarnos y criticarnos permanentemente a fin de posibilitar caminos hacia la superación en lo cultural, político y económico.
Apropiarnos de la palabra y el conocimiento que nos han dejado nuestros antecesores, pero sin “encorsetarnos”. Por ello no puede ser nunca una tarea individual o de unos pocos.

Marta O. Abruza

marta dijo...

Comentarios sobre progresismo travestido y Estado plurinacional.

Sobre el primer terma es importante la coherencia entre la idea y la acción.
En este caso un presunto progresista, aplica criterios colonialistas o de mercado neoliberal en su actividad productiva. La observación realizada en el artículo, desnuda tal hecho.
Es vital ajustar el tópico “idea” o “acción” (según el caso), en pos de lo que beneficia a lo colectivo por sobre lo individual como tarea de cada uno de nosotros diariamente, a fin de contrarrestar los valores y cultura capitalista.

Con respecto a Estado Plurinacional:
Entiendo que en Bolivia, por ej. Con una población 80% originaria, después de 500 años, logra un primer presidente indígena. Está en plena construcción de un estado plurinacional que en su interior abarca varias naciones.
Es muy nuevo para mì, maravilloso, pero nuevo. Debemos aprender de ese proceso.
En nuestro caso (la Argentina), creo que empezar por visibilizarlos es un paso.
Coincido con la apreciación que “inclusión” es a algo (poder dominante) y no resuelve, pero fuera de la coincidencia teórica, creo que sería interesante avanzar, reconociendo su lengua, cultura, extendiéndolo a todo el campo nacional-americano.
Sí entiendo como “inclusión” a todo lo que beneficie como primer paso, (contención social en salud, medios de producción, asistencia a la ancianidad, restitución de tierras, en principio fiscales, para luego rever las grandes extensiones obtenidas a fuerza de violencia y sangre que exhiben las familias acomodadas).
Pero como mencioné antes, esos hechos deben ser el resultado de visiones y construcciones colectivas y no medidas que no sean acompañadas por una gran mayoría, que haga frente al poder dominante.
Creo en los procesos que llevan adelante los que construyen posibilidades que nos alcancen a todos.
Marta O Abruza

123popular dijo...

Este texto resulta muy revelador para toda persona que pretende interiorizarse en el legado de la obra de Marx, los debates que dicha obra ha generado y los movimientos intelectuales, políticos y sociales que se han inspirado en su nombre, toda vez que analiza los aportes de los conceptos hegelianos que le habrían permitido a Marx iniciar el desarrollo de su pensamiento crítico para modelar una teoría marcadamente diferente a la de Hegel. Asimismo, el texto resalta entre las proyecciones del marxismo que se han adoptado (poder soviético, dogmatismo, …) aquellas interpretaciones que se han hecho de la teoría marxista pero que han omitido, olvidado o evadido diferencias fundamentales con el pensamiento hegeliano como ser el espíritu abierto de la propuesta teórico-práctica de Marx quien propuso un modo de pensar la realidad y transformarla al descubrir el papel de lo económico en el desarrollo de las relaciones humanas entre las distintas clases sociales o grupos humanos. En ese sentido, el texto parece optimista a pesar de las fallidas experiencias del marxismo en algunas partes del globo y llama a resignificar o actualizar los aportes de la teoría de Marx en el contexto del mundo actual para la construcción de un nuevo pensamiento que le dé nuevos sentidos a la experiencia humana sin resignar la utopía de construir una alternativa social humana para la humanidad. En particular, se concluye que el eje en América Latina estaría en mezclar el pensamiento desarrollado a partir de nuestras luchas políticas populares incluyendo el pensamiento de nuestros Pueblos Originarios a la luz de la propuesta teórico-práctica de Marx ya que de esa forma se lograrían otras creaciones y transformaciones que al menos propondrían una realidad construida desde nuestra propia autenticidad y diferente a la poco original realidad instalada y desarrollada a partir de la colonización europea del continente americano a la fecha. Esa mezcla o mestizaje sería la clave para establecer una realidad latinoamericana genuina a partir de la cual transformar las relaciones sociales que aquí conviven.

Luisa Pérez (Epistemología, UPMPM)

selva dijo...

En el movimiento autocontradictorio del Espíritu que se encarna en la naturaleza o las luchas históricas, se va transformando una trama de relaciones que culmina con una Totalización dentro de un Todo.Que el Espíritu se encuentra y conoce a sí mismo, a través de las sucesivas y cada vez mas complejas figuras de la conciencia.(Hegel) ¿Y dónde estamos nosotros? A nosotros nos toca el papel de una conciencia que no sólo conoce el mundo exterior,al mismo tiempo que se conoce a sí misma,sino que su desarrollo respondería al papel creador y cognocente del Espiritu, cosa que sólo se logra cuando se desarrolla como Totalidad. Como herramienta de conocimiento de cada una de las etapas ya superadas. Marx, reelabora e invierte a Hegel,desechando la noción de Espíritu, conservando la de Totalidad y utilizando la dialéctica de modo materialista . Considera que hay choques de intereses contradictorios que surgen del hecho, de que unas clases sociales dominantes, mediante la materialización de la ley del valor-trabajo y la teoria de la plusvalía, viven de la explotación asalariada a que someten a la población, en especial a la clase obrera. Como se vé siguen siendo centrales las categorias de Totalidad(modo de producción)y la de lucha de clases, dónde el elemento autocontradictorio estaria en la base económica ( relación contradictoria entre burguesia y proletariado) que depende de las relaciones de propiedad y producción y el desarrollo de las fuerzas productivas.Pero las contradicciones económicas no producen los grandes cambios que conmueven a la totalidad social, sino los que los producen, son los niveles de conciencia y organización de la clase obrera, quienes estan en condición de conocer la Totalidad y sus movimientos de desarrollo. Si partimos de pensar que "la historia no va, hay que hacerla ir" nuestro rol hoy es construir una verdad mas allá de la que ya conocemos, apropiarse de aquello que consideramos propio, construir colectivamente la transformación social en término de relaciones, dónde prevalezca el Estado plurinacional,conviviendo respetuosamente ciudadanos con diferenres culturas e idiomas, rompiendo definitivamente con el esquema de civilización o barbarie.Pensando generosamente, en función de sociedad, dónde la Vida sea la base de todo,lo importante sea el vivir bien con la naturaleza y entre nosotros.Escuchando a los que siguen teniendo la sabiduria, que son los pueblos originarios, conocedores de lo que es la armonia de vida, quienes conocen la cultura de vida para la humanidad.Superando los males del siglo XX. REHUMANIZANDONOS.y tratando de alejarnos de aquellos "progresistas" que terminan apoyando a los monopolios espoleadores. Selva Haydée Esteban

Anónimo dijo...

Pretender que los nuevos conocimientos,teorias,saberes,esten aislados de todo lo que los antecede(su historicismo),que esten "virgenes""libres""limpios",es tan erroneo como pretender(a modo hegeliano)que la realidad se adecue a nuestras ideas.
Reflexionando sobre nuestras practicas,donde el discurso politico ha operado años aprioristicamente,construyendo una realidad paralela,que nos ha llevado no solo al descreimiento de la practica politica (como bien colectivo de la sdad toda),sino al vacio institucional que pone en peligro la republica.
Curiosamente y en la otra vereda nos encontramos con practicas antagonicas ,ue otros actores sociales(muy alejados de los flashes mediaticos por cierto)LAS ORGANIZACIONES SOCIALES,ONG,ETC.que en sus practicas,permitaseme llamarlas marxistas,partiendo de la real realidad con acciones concretas transforman la realidad sobre la cual operan.Dando cuenta asi del poder de la practica social.
Retomar el analisis de la realidad,desde el hoy ,desde la calle y no del escritorio estadistico,es no solo necesario sino absolutamente inprescindible.Para asi sujetar la real realidad y transformarla,guiarla,conducirla hacia el proyecto politico-social y econmomico que deseemos como sdad toda.
Abrazar,sentir,palpar la realidad,hacerla carne para luego ponerle palabras y realizarla,es nuestra tarea y el desafio para quienes nos pretendan gobernar.
Cinthia Karasiewicz.

Anónimo dijo...

Pretender que los nuevos conocimientos,teorias,saberes,esten aislados de todo lo que los antecede(su historicismo),que esten "virgenes""libres""limpios",es tan erroneo como pretender(a modo hegeliano)que la realidad se adecue a nuestras ideas.
Reflexionando sobre nuestras practicas,donde el discurso politico ha operado años aprioristicamente,construyendo una realidad paralela,que nos ha llevado no solo al descreimiento de la practica politica (como bien colectivo de la sdad toda),sino al vacio institucional que pone en peligro la republica.
Curiosamente y en la otra vereda nos encontramos con practicas antagonicas ,ue otros actores sociales(muy alejados de los flashes mediaticos por cierto)LAS ORGANIZACIONES SOCIALES,ONG,ETC.que en sus practicas,permitaseme llamarlas marxistas,partiendo de la real realidad con acciones concretas transforman la realidad sobre la cual operan.Dando cuenta asi del poder de la practica social.
Retomar el analisis de la realidad,desde el hoy ,desde la calle y no del escritorio estadistico,es no solo necesario sino absolutamente inprescindible.Para asi sujetar la real realidad y transformarla,guiarla,conducirla hacia el proyecto politico-social y econmomico que deseemos como sdad toda.
Abrazar,sentir,palpar la realidad,hacerla carne para luego ponerle palabras y realizarla,es nuestra tarea y el desafio para quienes nos pretendan gobernar.
Cinthia Karasiewicz.

Anónimo dijo...

Pretender que los nuevos conocimientos,teorias,saberes,esten aislados de todo lo que los antecede(su historicismo),que esten "virgenes""libres""limpios",es tan erroneo como pretender(a modo hegeliano)que la realidad se adecue a nuestras ideas.
Reflexionando sobre nuestras practicas,donde el discurso politico ha operado años aprioristicamente,construyendo una realidad paralela,que nos ha llevado no solo al descreimiento de la practica politica (como bien colectivo de la sdad toda),sino al vacio institucional que pone en peligro la republica.
Curiosamente y en la otra vereda nos encontramos con practicas antagonicas ,ue otros actores sociales(muy alejados de los flashes mediaticos por cierto)LAS ORGANIZACIONES SOCIALES,ONG,ETC.que en sus practicas,permitaseme llamarlas marxistas,partiendo de la real realidad con acciones concretas transforman la realidad sobre la cual operan.Dando cuenta asi del poder de la practica social.
Retomar el analisis de la realidad,desde el hoy ,desde la calle y no del escritorio estadistico,es no solo necesario sino absolutamente inprescindible.Para asi sujetar la real realidad y transformarla,guiarla,conducirla hacia el proyecto politico-social y econmomico que deseemos como sdad toda.
Abrazar,sentir,palpar la realidad,hacerla carne para luego ponerle palabras y realizarla,es nuestra tarea y el desafio para quienes nos pretendan gobernar.
Cinthia Karasiewicz.

Juan Carlos dijo...

El rostro Argeliano de Carlos Marx:
El concepto fundamental que Carlos Marx toma de hegel, es el de la negacion en la historia, esto es la dialéctica.
El concepto hegeliano de dialèctica es lo q toma Marx y èl lo asocia, esta es una originalidad tremenda!, muy fuerte asocia este concepto de negacion con una determinada clase social que es el proletariado, Marx toma de hegel el concepto de negacion por que el proletariado va a negar a la burguesia, negarla quiere decir DESTRUIRLA, va a ser una revolucion por la cual va a combatir contra el orden burgues, lo va a superar y va a instaurar una sociedad sin clases, dicha sociedad va a llamar GENERICA, sociedad en la que ya no va a haber explotacion del hombre por el hombre.
El concepto de negatividad va a estar ligado a la praxis del proletariado, a la politica, a lo social, a lo sindical, pero si hablamos filosoficamente, la negacion dialectica en Marx se encarna en el proletariado, es el proletariado el que va a ejercer la negacion sobre la burguesia y de esa negacion se va a pasar a una nueva instancia que es el tercer momento de la dialectica hegeliana, el de la conciliacion y a ese momento es el que Marx va a llamar LA DEL COMUNISMO o LA DEL SOCIALISMO, en esa nueva instancia ya las clases habran sido superadas, dejadas atras y se instaurara una sociedad sin explotados ni explotadores.
Otra de las cosas que toma Marx de hegel es la dialectica del amo y el esclavo, el concepto del esclavo trabajador de hegel va a ser el proletariado trabajador de Marx, el proletariado que en la fabrica es explotado por el capitalista es lo que en hegel era el esclavo trabajador, que era a travez de èl que se hacia la historia, aca va a ser el proletariado industrial aquel que trabajando, llevando adelante su praxis va a poder revolucionar la historia humana.


Juan carlos Mercado
1ºaño DERECHO

Anónimo dijo...

Me parece un texto muy rico ya que contiene muchos conceptos y críticas constructivas, Resalta los errores interpretativos de muchos autores, y me permitió tener otra mirada de Marx completamente desconocida para mí, además muestra como su mala interpretación puede llegar a transformar un pensamiento y filosofía abierta para transformar el mundo y cambiarlo para mejorarlo y en vez de ello se perdió mucho tiempo en realzar la obra de Marx, y él fue endiosado y por tanto su obra fue puesta en un pedestal, convirtiéndose en una Iglesia cerrada y opresora la cual si no estabas de acuerdo con la concepción de la URSS, eras considerado un traidor, un revisionista. En respuesta, el texto nos orienta a prestar mucha atención no solo a la clase obrera sino también a los movimientos sociales, y rescata que Marx buscaba un cambio, una alternativa, al sistema de explotación en que se encuentra el mundo, es decir una alternativa más social, más humana. Milton Cuellar 1° año, epistemología, UPMPM.

123popular dijo...

Marx, discípulo de Hegel realizo una revolución teórica practica en su época; empezó a analizar la realidad social incorporando la dialéctica materialista de Hegel (base teórica-practica de Marx), con ello empieza el estudio de la economía, desenmascarando al sistema capitalista yendo a su lado oculto" LA PLUSVALIA", dando herramientas teóricas-practicas a los movimientos sociales para su lucha ayudándolos a una toma de conciencia. En la actualidad los movimientos sociales hacen política en nuestro país se van abriendo camino poco a poco ellos ya tomaron conciencia de la lucha de clase. Recién ahora en A. Latina se empieza a ver frutos de esta lucha, ej: presidencia Evo Morales (Bolivia). Marcela, Lima.

123popular dijo...

Marx profundiza en la dialéctica (en concepto y práctica) de Hegel, descubre y desarrolla el método hegeleano en su lado práctico y materialista (racional). Incorpora la dialéctica del pensamiento a la teoría - social, trata de aproximarse a la realidad para cambiarla en un futuro. También reconoce el importante papel económico que juega en esto (las clases sociales). Marx también habla de la Revolución social como medio para poner fin a la explotación y a la enajenación(pasar la propiedad a otro), con lo cual se ordenaría la humanidad
tambien dice que la revolución es un instrumento de un proceso complejo y colectivo de desajenación económica, social, política y cultural.
Hegel dice que la dialéctica va desde la Idea absoluta hacia su fin, hacia su identidad.
Desde mi punto de vista estamos en pais capitalista. Pero creo que gracias al lugar que se les esta dando a la sociedad (sectores o movimientos sociales) estamos cambiando un poco este sistema en el que vivimos y creo que esto lo tenemos que hacer entre todos sin divisiones de clases sociales, políticas y económicas, reconociendo a nuestros antepasados (los pueblos originarios).
gonzalo w. choque

123popular dijo...

SEBASTIAN DRATMAN
Con la irrupción del materialismo dialéctico en el plano de la filosofía no sólo se modifica el punto de origen y el fin del conocimiento o de la dialéctica, sino estamos ante un cambio de objeto, método y finalidad de la filosofía, la historia y las ciencias sociales en general .Al no haber una finalidad preexistente así como un ontos anterior que contiene en potencia la concreción de un fin ABSOLUTO, las ciencias sociales tienen entidad para formular modelos práctico-sociales, así como la capacidad de hacer ciencia del valor moral. La abstracción sale de la observación de lo concreto para formular y concluir sobre lo material. Así es como tiene capacidad descriptiva tanto como generativa. Deja el campo fenomenológico , descriptivo. para ingresar en el campo productivo de conocimiento y de realidad. Esto nos permite ver como esta inversión de sujeto objeto cambia el carácter de la filosofía, dándole el lugar de ciencia a la filosofía como al resto de las ciencias sociales (al cambiar el método, cambia el objeto y la finalidad: corte epistemológico.Al no haber un fin predeterminado y las cosas no estar fijas a un fin no verificable la filosofía estudia la realidad en una forma científicamente comprobable
En un esfuerzo por separar a la nueva ciencia de la dogmática propia del paradigma modernista que la tilda de humanista, Althusser postula y demuestra el carácter científico del materialismo dialéctico en el plano filosófico, así como el carácter científico del materialismo histórico en el plano de las ciencias sociales. Así es como formula un modelo teórico dialéctico haciendo la oposición burgués- proletario, sin notar que con esto cae en una nueva dogmática, la cientificista:
1- Hace un reduccionismo al desconocer otros actores sociales aparte de burgueses y proletarios, desconociéndole a la dialéctica el carácter de lo diferentes, hace solo uso de lo opuesto.
2- Ve a las cosas linealmente, en vez de ver el proceso multifactorial de construcción de lo histórico. Ejemplo relaciones que condicional a burgueses y proletarios, en forma transversal a su antinomia.
3- Desconocimiento de la yuxtaposición de la relación sujeto objeto, es decir un sujeto q esta sujeto con relación al objeto y a su vez es objeto de otro sujeto y del propio objeto (NO LINEALIDAD DE LAS RELACIONES).
4- ES imposible para el hombre no quedar inmerso en las estructuras de su época. Romper con el culto a la idea TRASCENDENTE ABSOLUTA llevó al hombre a absolutizar la ciencia como la única forma de conocimiento, confundiendo cultura como conocimiento positivo. Así se redujo el estudio de la realidad al conocimiento científico, olvidándose que esta es una forma, un aspecto de la cultura. Se banalizaron formas y relaciones que hacen a la realidad, a la vida, llevando a la ciencia a un pantano idealista, comparable con el oscurantismo religioso. La ciencia perdió el principio de constatación en la realidad, cayendo en la dogmática de una abstracción, de una pseudo metafísica.

Anónimo dijo...

Antes de Marx los intentos materialistas terminaban en ideales al tratar de explicar los movimientos sociales y la historia.
Hegel con su idelismo logró captar la finalidad de la idea absoluta(el humano pensar en su persona),pero lograr una relación directa entre el hombre y el medio que la rodea.
Sosteniendo lo de hegel,que la identidad de la idea absoluta era teórica y práctica ,que las dos tenian una misma idea,pero unilateralmente caminaban separadas, Marx logró captar esto y materializa la teoria del sujeto y la práctica en el objeto haciendo y convirtiendo una relación sujeto-objeto que se fué desarrollando en una faz racional.
Lo que rescata Marx de la teoría hegeliana es esta relación de interculturalidad que existe en los pueblos originarios,le dá valor a la lucha de estos movimientos sociales en contra del capitalismo.
Roberto Ponferrada.
1º año derecho upmpm

25-09-1957 dijo...

Marx incorpora la dialectica del pensamiento a la concepción teórico social.
La herencia de Hegel en Marx es por el modo de analizar y expresar sus ideas, Marx se vio obligado a emplear en la trasición de una teoria a la otra a traves de categorias y conceptos sin llegar a reemplazarlas por las nuevas.
Marx a profundizado la dialéctica hegeliana llegando a descubrir y desarrollar en su costado positivo materialista el método hegeliano e incorporra la dialéectica al pensamiento hegeliano en su concepto teórico social, descubre en lo económico que és donde tienen luugaar las relaciones sociales de las distintas clases sociales.
La Tésis de Feuerbach divide el pensamiento de Marx en el Ideológico y el Científico lo se dió por llamar la nueva Filosofía( Materialismo Dialéctico), sse trató de tomar la dialéctica y aplicarla a la vida en lugar de la idea.
Marx produce una revolución tóérica en la filosofía y de la filosofía, porque se articula con la realidad social concreta haciendo de esto una misma cosaentre dialéctica y practica social transformando la realidad.Marx supera la concepción idealista de Hegel en el caso del sujeto humano encargado de tomar la historia y tomar conciencia, sino un sujeto concreto y social determinado y condicionado que Marx identifica como la clase obreracon capacidad de crear su destino, por este camino la clase obrera se convirtió mediante su propia acción , en sujeto de la historiapara alcanzar las leyes que rigen el desarrollo social es de vital importancia que el trabajador esé en el centro de la escena de la producción y la reproducción del sistema capitalista, cuando esto ocurriera la misma clase trabajadora se habría liberado y habría liberado a la humanidad de la enajenación politica, social, cultural y económica y sería la clase obrera la que conduciría los destinos de la sociedad toda.
Por supuesto que esto en la practica de la teoría Marxista no pudo desarrollarse en todas partes, el capitalismo se impone en la mayoria de los paises y el resultado que tenemos es lo que hoy pasa en nuestra sociedad, predomina la propiedad privada como eje central de este capitalismo y se corre de escena el papel y el rol de los trabajadores como sujetos de transformación social.
Si bien hoy en Latinoamerica aparece una luz de esperanza de un cambio social y transformador de esa sociedad , como ejemplo Chavez, Evo Morales y Correa, etc, creo que estamos lejos de un ideal de una sociedad mas justa, si veo que este es el camino a seguir.
RUBEN CRESPO
DERECHO PRIMER AÑO
UNIVERSIDAD DE LAS MADRES

Anónimo dijo...

Marx desarrolla la dialéctica Hegeliana con una diferencia fundamental, invierte el concepto de sujeto-objeto, es decir partiendo de la premisa de incluir como parte principal de la transformación social al hombre, en especial el proletariado. El protagonismo de los trabajadores desde el lugar que ocupan permitirá los cambios en los modelos de producción.
Me interesa resaltar en el comentario una visión un poco mas abarcativa .
Incluyendo el pensamiento de Mariategui incorporando a los pueblos originarios, Incluyendo el pensamiento de P. Freire con la educación popular.
Los pueblos originarios tienen una sabiduría asombrosa en esa misma dirección, trabajan desde la diversidad pero tomando como eje central al ser humano, a la tierra como generadora de los alimentos necesarios para abastecernos, cuidando el medio en el que vivimos, trabajando colectivamente en la construcción de un estado plurinacional y demostrando desde la practica que se puede gobernar sin resignar estas banderas y sin excluir a los demás. El pueblo Boliviano de la mano de Evo, de Lineras, y sobre todo acompañado de las comunidades indígenas y movimiento sociales están llevando una transformación liberadora.
Para terminar creo que en principio debe haber un cambio en cada uno de nosotros debemos tratar de desprogramar nuestra cabeza y comenzar a escuchar al otro.
Las madres siempre dicen “el otro soy yo” si entendemos esto podemos pensar colectivamente, si le agregamos el amor y el compromiso ya estamos hablando de un cuerpo mucho mas sólido.
Como conclusión final creo que el desafío es comenzar una verdadera construcción de otro mundo posible con todo lo que eso implica, creo que los valores de respeto ecológico, de diversidad, de plurinacionalidad, hacen al Hombre Nuevo que ya nos hablaba el Che.
Veremos si somos capaces de comprometernos con el otro sin esperar resultados inmediatos
Jorge velozo

Anónimo dijo...

El idealismo Hegeliano es de gran importancia en el desarrollo del pensamiento crítico de Marx, como fundamento de sus bases teóricas que dará origen a la revolucionaria filosofía de la praxis.
Pero a pesar de nacer en sentido opuesto, en contraposición a éste, algunos elementos del Hegelianismo se vislumbran en la teoría marxista, como por ejemplo la abstracción subjetiva para la elaboración de categorías o conceptos universales, que permitan la comprensión de lo concreto existente, para el conocimiento del objeto en estudio ( lógica dialéctica).
Pero es este solo el punto de partida del método dialéctico materialista, entendido como un proceso continuo de conocimiento y transformación, que nos permite la creación de nuevas realidades, nuevas ideas que surgirán de esas realidades transformadas, y así sucesivamente. Reconociéndonos en ello, como sujetos actores, capaces de comprender la realidad social de la cual somos parte, y también cambiarla, sin dejar de tener en cuenta los nuevos actores sociales que podrán ir surgiendo, como así también los demás elementos o componentes que manifiesten alguna incidencia relevante, para la invención de los lineamientos estratégicos que nos conduzcan a la concretización política de nuestros objetivos.
Detenernos en un modelo rígido o estático, común para distintos contextos temporales, espaciales y culturales que atraviesan a una comunidad determinada, nos conduciría a estancarnos en un pensamiento dogmático, y nos alejaría de la esencia marxista. Lo cual me parece necesario, para cada pueblo tener presente, con significativa claridad, a la hora de plantearse la construcción de una sociedad mas justa, solidaria y equitativa. Esta es la reflexión que me sugiere en texto leído. Valeria León. Derecho. UPMPM

Anónimo dijo...

¿Por qué la necesidad de desarrollar un nuevo pensamiento?.
Se suponía que quiénes hacían intentos materialistas,terminaban en posiciones idealistas al analizar y tratar de explicar los fenómenos sociales y el sentido de la historia.
Para Hegel, dentro de la lógica de concepto, dentro de su idealismo, la "IDEA ABSOLUTA",es la identidad de la idea teórica y de la práctica.Marx continúa ésa relación dialéctica sujeto-objeto buscando la explicación y el ordenamiento subjetivo del espíritu objetivo, que existía en cada momento real del hombre.
Marx supo ver el alcance de Hegel del pensamiento universal y en la profundización del análisis, llegó a descubrir el papel de lo económico y ver cómo desarrollaban y tenían lugar las relaciones sociales entre los distintos grupos y clases.
Marx, abre el camino a través del método y algunos conceptos y categorías.Todo nace de algo, ésa nueva teoría, ése nuevo pensamiento de lo social, de las circunstancias y el desarrolo. EL UNICO SENTIDO de la filosofía era la vida misma, conocerla y brindar los instrumentos teóricos y necesarios para su transformación práctica.
Desarrollar los conceptos y categorías a partir de la realidad, no se trata de una diferencia de lugar ni de tiempo. Marx produjo una verdadera revolución teórica de la filosofía y en la filosofía, en primer lugar articulándola con la realidad social concreta, fundiéndola dialécticamente con la práctica social y a ésta con la tranformación de la realidad. Hay que buscar pensamientos concretos y respuestas adecuadas, la relidad social cambia todos los días, por lo tanto los pensamientos y la actividad humana. No es sólo permanecer a través de los hechos y sujetos reales. En lo histórico, siempre hubo lucha de los movimientos sociales (obreros y campesinos),hoy la realidad tiene el concepto y la contradicción de pensamiento-realidad. Es creadora de nuevas realidades y relaciones humanas, dejar de ser lo que son para ser otra cosa, producto de la modificación y de las relaciones y así hasta el infinito.
El pensamiento sólo puede ser de la historia, el momento histórico, concreto, de conocer y transformarse,cuando el saber se hace conciencia del pueblo, sólo en ése caso es saber real.
Cada vez que uno cambia produce un sistema diferente, siempre es "infinito".

Elvira Beatriz Baruch

123popular dijo...

"El rostro hegeliano de carlos marx".
El concepto fundamental que toma marx sobre la teoría de hegel es aquel que se encuentra relacionado a la "negación de la historia",es decir el concepto de "dialéctica",el cual hace referencia a las diferencias de clases sociales las cuales se veían reflejadas en las sociedades de ese entonces e incluso se ven reflejadas hoy en día,esta idea fue por decirlo así la impulsora de la revolución la cual fue implementada por el proletariado sobre el capitalismo que en ese entonces se encontraba y se encuentra lamentablemente como la clase dominante a nivel social,cultural económico,etc de la historia.
otra teoría fundamental que decide tomar y analizar marx en base al texto de hegel es aquella,la cual se presenta como un tipo de esquema el cual "hace creer" que el amo domina al esclavo,es decir que aquella persona que posee algún tipo de bien propio es el que puede imponer el orden y como debe ser llevado a cabo el trabajo a realizar imponiendo así las condiciones.(sistema capitalista).
desde mi punto de vista este sistema implementado hoy en día y con anterioridad no debe estar impuesto en la sociedad
porque lo único que hace es separar a la gente entre si hace pensar que el individualismo es la forma de vida que hay que tener y no es así una persona siempre depende de la otra.no existe ninguna clase dominante ya que el obrero necesita de el patrón pero a su ves el patrón necesita del obrero con esto quiero dejar bien en claro la dependencia que existe entre si pero lamentablemente esta teoría no puede ser llevada a cabo porque el sistema social que tenemos hoy en día separa a las sociedades en clases,margina a la gente,la explota,la oprime en todo sentido,hace generar una total y absoluta dependencia hacia el sistema social impuesto en Argentina y en varios países del mundo.(sistema capitalista=individualismo).

hector oscar martinez 1ºaño abogacía universidad de las madres.

Anónimo dijo...

Marx, como sucesor de Hegel con un rol de mediador entre SUJETO – OBJETO con relación al medio y con otros SUJETOS, y estos a su vez, se convierten en nuevos opuestos, lo cual genera una nueva clase social a partir de la disolución de clases.

Esta manera de interpretación dialéctica de poder entender a la sociedad, da origen a la Sociología; ciencia que permite entrever los intereses y la manipulación del “Proletariado” donde se enriquecen unos pocos con el trabajo y esfuerzo de la clase obrera.

Esta nueva clase “CAPISTALISTA” enriquecida con el valor agregado “LA PLUSVALIA”, de nuevas mercancías producidas por obreros, los cuales dedican gran parte de sus vidas en jornales laborales insalubres, agotables, por sueldo mínimos.
Estas luchas de poder de clases, que aún siguen presentes en la actualidad, en nuestros días, donde los empleados desarraigados de su tiempo, dejan gran parte de su vida para poder obtener un salario que tan solo les permite cubrir con las necesidades mínimas indispensables que puede tener una persona, mientras que sus empleadores, disfrutan de una vida ostentosa gracias al resultado de sus ganancias obtenidas por sus trabajadores.

Han pasado muchos años, muchas décadas en que Hegel y Marx exponían sus teorías, y aún hoy estas diferencias de clases mantienen la misma distancia, las mismas desventajas para unos y beneficios para otros.

Esta tan vigente en nuestros días está lucha de clases; que aún hoy se siguen debatiendo las redistribuciones de las riquezas, sectores como “El Campo” que reclaman por no aportar parte de sus ganancias al Estado, para seguir enriqueciéndose, y sus obreros siguen trabajando por míseras monedas, los cuales están sometidos a estas luchas de poder obviamente siempre perjudicados por las negociaciones y especulaciones del que siempre quiere ganar más.

Paola Gioffré

Anónimo dijo...

Marx se replegó sobre las posiciones materialistas, concibiendo el mundo real (naturaleza-historia) desechando todo lo que no concordase con los hechos. A esto llamo Materialismo. Este se toma del lado revolucionario de Hegel, método dialéctico, dando paso a la dialéctica materialista. Según Althusser la cientificidad del Marxismo se funta a través de una ruptura epistemológica, los estudios del desarrollo social y su transformación eran producto de la ciencia de la historia e introduce el concepto de "sobredeterminacion" para entender el determinismo de lo material como centro de la dialéctica materialista y asi hacer una diferencia con la dialéctica idealista de Hegel.La dialéctica materialista invierte el contenido trasladando el determinismo a lo material, transforma el contenido de la dialéctica de los conceptos al rechazar su Idea Absoluta. La inmovilidad teórica del Marxismo tuvo consecuencias negativas con respecto al desarrollo histórico, lógico y social de la teoria. Esto produjo que solo se podía estudiar a Marx pero que el práctica era muy dificil aplicar su teoria. Además se piensa de que en su esquema el Marxismo aloja toda la teoria de transformación social y tambien cambiar el pensamiento social para dicha transformación. Pero ante todo es necesario un análisis pleno de cada sociedad para a partir de ahí poder comenzar a aplicar el modelo Marxista que a su vez debe poder adecuarse a lo que presente dicha sociedad y luego aplicarse a la práctica social. También se debe ampliar la visión del sujeto social para determinar qué ocurre en nuestra realidad y a partir de ahi se produsca el cambio social.

Anónimo dijo...

Marx se replegó sobre las posiciones materialistas, concibiendo el mundo real (naturaleza-historia) desechando todo lo que no concordase con los hechos. A esto llamo Materialismo. Este se toma del lado revolucionario de Hegel, método dialéctico, dando paso a la dialéctica materialista. Según Althusser la cientificidad del Marxismo se funta a través de una ruptura epistemológica, los estudios del desarrollo social y su transformación eran producto de la ciencia de la historia e introduce el concepto de "sobredeterminacion" para entender el determinismo de lo material como centro de la dialéctica materialista y asi hacer una diferencia con la dialéctica idealista de Hegel.La dialéctica materialista invierte el contenido trasladando el determinismo a lo material, transforma el contenido de la dialéctica de los conceptos al rechazar su Idea Absoluta. La inmovilidad teórica del Marxismo tuvo consecuencias negativas con respecto al desarrollo histórico, lógico y social de la teoria. Esto produjo que solo se podía estudiar a Marx pero que el práctica era muy dificil aplicar su teoria. Además se piensa de que en su esquema el Marxismo aloja toda la teoria de transformación social y tambien cambiar el pensamiento social para dicha transformación. Pero ante todo es necesario un análisis pleno de cada sociedad para a partir de ahí poder comenzar a aplicar el modelo Marxista que a su vez debe poder adecuarse a lo que presente dicha sociedad y luego aplicarse a la práctica social. También se debe ampliar la visión del sujeto social para determinar qué ocurre en nuestra realidad y a partir de ahi se produsca el cambio social.
Claudia Burgos López
cburgoslopez@yahoo.com.ar

Valeria León Juárez dijo...

El idealismo Hegeliano es de gran importancia en el desarrollo del pensamiento crítico de Marx, como fundamento de sus bases teóricas que dará origen a la revolucionaria filosofía de la praxis.
Pero a pesar de nacer en sentido opuesto, en contraposición a éste, algunos elementos del Hegelianismo se vislumbran en la teoría marxista, como por ejemplo la abstracción subjetiva para la elaboración de categorías o conceptos universales, que permitan la comprensión de lo concreto existente, para el conocimiento del objeto en estudio ( lógica dialéctica).
Pero es este solo el punto de partida del método dialéctico materialista, entendido como un proceso continuo de conocimiento y transformación, que nos permite la creación de nuevas realidades, nuevas ideas que surgirán de esas realidades transformadas, y así sucesivamente. Reconociéndonos en ello, como sujetos actores, capaces de comprender la realidad social de la cual somos parte, y también cambiarla, sin dejar de tener en cuenta los nuevos actores sociales que podrán ir surgiendo, como así también los demás elementos o componentes que manifiesten alguna incidencia relevante, para la invención de los lineamientos estratégicos que nos conduzcan a la concretización política de nuestros objetivos.
Detenernos en un modelo rígido o estático, común para distintos contextos temporales, espaciales y culturales que atraviesan a una comunidad determinada, nos conduciría a estancarnos en un pensamiento dogmático, y nos alejaría de la esencia marxista. Lo cual me parece necesario, para cada pueblo tener presente, con significativa claridad, a la hora de plantearse la construcción de una sociedad mas justa, solidaria y equitativa. Esta es la reflexión que me sugiere en texto leído. Valeria León Juárez. Derecho. UPMPM

Anónimo dijo...

El texto me parece un fantástico análisis de los fenomenos sociales que siempre se han tratado de explicar. En el mismo se hace una estudio de la forma en que Marx trato de pensar la realidad desde un enfoque distinto , revolucionario en donde la realidad no es estatica sino que se van reconvirtiendo constantemente .
Marx toma de Hegel la dialectica de las contradicciones como forma de analizar la realidad mediante los opuestos : Althussar separa el pensamiento de Mark en dos disciplinas el materialismo historico y el materialismo dialectico , pero con la diferencia de inversion de los polos y con una idea dinamica sin punto de llegada y de trasformcion continua y de esta nueva reconversion nace una nueva sociedad que incluye a la anterior Es la base de la transformacion de la sociedades y el origen de los movimientos revolucionarios contra los sistemas opresores , ya sea capitalismo o represion militar y otros cambios revolucionarios que continuamente se dan en la sociedades y en el mundo
Da la idea de dinamismo de las sociedades que todo se transforma y se reconvierte continuamente

PATRICIA QUINTANA

Argelia del Valle Cruz dijo...

1) Transferencia Hegel-Marx a través del método.
2) La "ruptura epistemológica", un camino extremo que pretende borrar toda huella.
3) Bases de la revolución teórica realizado por Marx y Hegel.

1) La trasferencia de Hegel-Marx: es el planteamiento para el progreso del pensamiento universal, es decir la dialéctica del pensamiento en su concepción teórico social. Marx fue sentando las pautas para aproximarse a la realidad para transformarla al papel económico sobre el cual se desarrollaban las relaciones entre grupos y clases sociales. A pesar de los esfuerzos de Marx por romper con la herencia filosófica hegeliana sin ser consciente, el análisis del desarrollo social de la dialéctica heredada-criticada. (Althusser).
La herencia de Hegel en Marx se evidencia por el modo que analiza y expone sus ideas lo cual Marx se vio obligado a emplear en la transición de una teoría a la otra. (Dussel) afirma que la influencia filosófica de Hegel es la mayor lógica que pueda pensarse.
Engels dejo por escrito algunos elementos de su relación y rupturas con la escuela hegeliana, que ayudaran a conocer por boca de los protagonistas (Marx y Hegel) de la creación teórica (el marxismo).
De la descomposición de la escuela hegeliana broto una corriente única que va asociada al nombre de Marx. Por primera vez la concepción materialista del mundo y se aplicaba consecuente con todos los campos del saber. Feuerbach por lo contrario se unía al método dialéctico, la dialéctica materialista era el mejor instrumento de trabajo.
2) La “ruptura epistemológica” de Hegel-Marx (del humanismo) Feuerbach-Marx fue centro de encarnizados debates; un lugar especial ocupan los planteamientos de Althusser teniendo en cuenta su impacto en América Latina.
En Europa (época pos stanilista soviética) se desarrolla una euforia por reevaluar a Marx y rescatar el proyecto socialista, diferenciándolo del modelo impuesto por Stalin, lo cual da lugar a una serie de corrientes que levantan a un Marx humanista, otros preocupados por la cientificidad del marxismo, caen en la simplicidad de la dialéctica materialista y sus bases, equiparándola a la de Hegel pero al revés. Althusser trata de rescatar la cientificidad del marxismo y de rechazar el marxismo como humanismo, busca una respuesta teórica a los dos fenómenos: el del humanismo y el de la simple inversión de la dialéctica de Hegel por Marx, la cientificidad del marxismo se conformó a partir de la ruptura epistemológica, esta ruptura divide el pensamiento de Marx en dos “periodos”: el ideológico y el “científico”, a su vez en dos disciplinas teóricas diferentes: la teoría de la historia (materialismo histórico) y una nueva filosofía (materialismo dialéctico). para Althusser era importante. Los estudios del desarrollo y la transformación social eran objeto de la ciencia de la historia, lo que nada tenia que ver con la dialéctica fundada con Engels; todo el esfuerzo “antidogmático” de Althusser se vera limitado.

Argelia del Valle Cruz dijo...

3) La revolución teórica realizada por Marx y Engels elimina la división metafísica entre el pensamiento filosófico y la práctica social otorgándole un sentido transformador-proyectivo-constitutivo a las luchas de los campesinos desclasados y del movimiento obrero naciente.
Para Hegel la “idea absoluta es el único objeto y contenido de la filosofía”, para Marx el único sentido de la filosofía era la vida misma. Fue fundamental poner de manifiesto una nueva forma de dialéctica concepto-realidad y concepto-concepto; sus contenidos no eran eternos, debían ser desarrollados, modificados o reemplazados por otros para las prácticas y reflexiones humanas. La revolución teórica y práctica es la base de la inseparabilidad sujeto-objeto, teoría-práctica, pensamiento y acción, lo objetivo y lo subjetivo. Primero cuestión: central. Segunda cuestión: el proceso del conocimiento.
La contribución de la critica “Marx expone con claridad el principio de la lógica dialéctica” : Tres momentos 1) lo concreto existente; 2) el acercamiento parcial al conocimiento de lo concreto limitado y pobre; 3) el pensamiento estará en condiciones de sintetizar y expresar la esencia de lo concreto existente, es el nivel de máxima abstracción posible y el mas concreto. Lo concreto real no es reducible a su esencia, abarca todos los nexos, su esencia y su apariencia. La propuesta teórico revolucionario de Marx desarrolla principios teóricos-metodológicos sobre los cuales se asienta, los punto de partida y llegada de todo pensamiento.

Argelia del Valle Cruz

123popular dijo...

Marx(el marxismo) baja a tierra la explicacion de los fenomenos sociales racionalmente dotandolos de un sentido historico complementarios de conceptos anteriormente pre definidos por Hegel(la idea absoluta)con fuertes contenidos teleologicos que no le permiten avanzar en la idea del Ser como Ser pensante formador de su propio proceso historico,Marx difiere en el metodo de analisis de la realidad descubriendo la economia como indispensable en las relaciones sociales esto modificara su vision acerca de la realidad,fundando el materialismo dialectico hace a la diferencia sustantiva con el idealismo Hegeliano,aun asi Marx toma las categorias preeestablecidas por Hegel para analizar la sociedad,acentuando el rol de la transformacion social atraves de la misma sociedad denominandola lucha de clases,la revolucion practica y los movimientos sociales como forjadores de su historia son exactamente parte de la dialectica materialista y la revolucion practica, esto constrasta con el positivismo y la vision especulativa Hegeliana, que naturaliza todo proceso historico el metodo cientifico de obeservacion de la realidad social es el inicio de la sociologia con el sujeto como punto de partida sin teleologismo ni divinidades con voluntades sociales, aun asi Marx toma la racionalidad dialectica de Hegel profundizandola, esto hace esteril cualquier tipo de separacion de Marx respecto a Hegel,creando dogmas del propio marxismo cerrando la teoria precisamente sin encontrar elementos superadores negando actores sociales esta elaboracion acorta lo dinamico del marxismo cayendo en un dogma sin el fundamento escencial que es su propia dinamica.

Guillermo larez

Paola Gioffré dijo...

Marx, como sucesor de Hegel con un rol de mediador entre SUJETO – OBJETO con relación al medio y con otros SUJETOS, y estos a su vez, se convierten en nuevos opuestos, lo cual genera una nueva clase social a partir de la disolución de clases.

Esta manera de interpretación dialéctica de poder entender a la sociedad, da origen a la Sociología; ciencia que permite entrever los intereses y la manipulación del “Proletariado” donde se enriquecen unos pocos con el trabajo y esfuerzo de la clase obrera.

Esta nueva clase “CAPISTALISTA” enriquecida con el valor agregado “LA PLUSVALIA”, de nuevas mercancías producidas por obreros, los cuales dedican gran parte de sus vidas en jornales laborales insalubres, agotables, por sueldo mínimos.
Estas luchas de poder de clases, que aún siguen presentes en la actualidad, en nuestros días, donde los empleados desarraigados de su tiempo, dejan gran parte de su vida para poder obtener un salario que tan solo les permite cubrir con las necesidades mínimas indispensables que puede tener una persona, mientras que sus empleadores, disfrutan de una vida ostentosa gracias al resultado de sus ganancias obtenidas por sus trabajadores.

Han pasado muchos años, muchas décadas en que Hegel y Marx exponían sus teorías, y aún hoy estas diferencias de clases mantienen la misma distancia, las mismas desventajas para unos y beneficios para otros.

Esta tan vigente en nuestros días está lucha de clases; que aún hoy se siguen debatiendo las redistribuciones de las riquezas, sectores como “El Campo” que reclaman por no aportar parte de sus ganancias al Estado, para seguir enriqueciéndose, y sus obreros siguen trabajando por míseras monedas, los cuales están sometidos a estas luchas de poder obviamente siempre perjudicados por las negociaciones y especulaciones del que siempre quiere ganar más.

Paola Gioffré

Fernando dijo...

Marx, contrario a la Idea Absoluta, pero adentrándose en la dialéctica de Hegel, parte con su estudio crítico desde la realidad, analizando el sistema de producción y las relaciones sociales que este genera, (el capitalismo de su época), haciendo énfasis en el papel que representan los que solo tienen en posesión nada más que su fuerza de trabajo dentro del capitalismo. Este estudio da origen a la búsqueda de nuevas organizaciones sociales, tomando la teoría de Marx cual texto de derecho canónico. Ahora bien, en los últimos cien años, en nuestro país, prevaleció un orden conservador neoliberal y como contrapartida surge un marxismo teórico e intransigente, generando una lucha en todos los órdenes, por parte del Estado y grupos de izquierda. A raíz de esta lucha sobrevino una gran apatía y falta de participación ciudadana. En los años noventa se profundiza el modelo neoliberal, que agudizo las contradicciones dejando al país en banca rota y alto índice de desempleo. Esta crisis nucleó diversos sectores, que buscaron superar los condicionamientos fomentando el auge de asambleas barriales, cooperativas, trueque, etc. Terminando por instalarse en el poder un gobierno que busca mayor participación del Estado en salud, vivienda, etc., sin apartarse del modelo capitalista, pero en la búsqueda de un capitalismo de bienestar social. Fernando Brandalisi

Anónimo dijo...

Se indica el método dialéctico como forma del pensamiento hegeliano y la contrastaciòn entre éste y el método materialista marxista. Para Hegel la idea está por encima de la realidad y para Marx la realidad está por encima de la idea. Hegel utiliza la dialéctica para explicar la realidad y de esta forma todo avanza desde lo más abstracto y simple hasta lo más concreto y complejo. Para Hegel “La razón rige al mundo “. Este es el método idealista hegeliano que tiene como base de toda la idea, concepto o espíritu, y dice que la conciencia es lo que determina al hombre, lo que posteriormente será invertido por la teoría marxista. Marx tiene una visión del mundo dialéctica, pero con una inversión materialista de Hegel. Marx ve a la dialéctica como importante pero no se debe mistificar a la razón. Como Marx ve incongruencias teóricas al aplicar el sistema hegeliano a la realidad de su época se da cuenta de que la dialéctica marcha al revés y que la visión de la sociedad es invertida.
Con el capitalismo Estado o Sociedad Civil se separa. En Hegel el Estado era la esfera del altruismo universal. Para Marx todo funciona al revés, ya que el Estado es el ámbito de egoísmo de una clase que quiere mantener esas condiciones que la benefician sobre otra dominada. La inversión que Marx realiza de los términos hegelianos es importante para una forma de entender la realidad. Cambia la forma de pensar el mundo que antes partía desde la idea o concepto. Además quita el velo que ocultaba a las clases dominantes tras las formas jurídicas formales. La inversión marxista nos permite entender algunas de las limitaciones del método hegeliano que en su contexto Hegel no alcanzó a ver, pero que con el desarrollo del capitalismo aumentó las contradicciones que Marx llegó a apreciar. A este idealismo hegeliano Marx antepone el materialismo como forma de acercarse a la realidad y apropiarse de esta.
Juan Carlos Voitovich

Leticia dijo...

Históricamente se puede decir que desde Platón hasta Hegel se desarrollo una filosofía idealista considerando al ser humano distinto del resto de los animales por el solo hecho de su capacidad de pensar y concibiendo a la realidad material como creación del pensamiento Divino extra terrenal.
Pretender disociar a Hegel y Marx es un contrasentido ya que la postura de Marx toma como base la dialéctica de Hegel.
Lo valioso de la postura de Marx es en el estudio de la dialéctica proponer respuestas prácticas a los conflictos de la realidad social superando en este punto a la dialéctica Hegeliana que imbuida en el idealismo solo daba respuestas teóricas a los mismos.
En su pensamiento Marx parte de la realidad y propone respuestas a sus conflictos.
La realidad que analiza Marx y a la que pretende mejorar es El Capitalismo, e identifica al proletariado como superación revolucionaria ante este mal.
Marx no pudo en el desarrollo de su teoría llegar a encontrar la solución para resolver los conflictos de la época. La revolución propuesta tanto por él como por Engels fracaso en el intento de lograr la participación creciente de la población y la lucha integral contra la enajenación. La realidad mostró que la revolución fue la apertura a la resolución de conflictos pero que ella e si misma no los resuelve automáticamente.
Finalmente los seguidores de esta postura le dieron diversas interpretaciones y aplicaciones que terminaron desvirtuando el dogma.
Todas estas posturas son importantes ya que se impusieron durante más de un siglo en la historia de la humanidad y sirvieron para cuestionar las falencias del capitalismo proponiendo modificaciones sin poder ser resueltas.
En la actualidad específicamente en nuestro país, adoptar el método de la dialéctica marxista permite el análisis de la realidad, descubrir los conflictos y tratar de encontrar soluciones. En cierta medida se adopto esta postura después del 2001, luego de más de una década de capitalismo acérrimo. Algunas políticas adoptadas intentan lograr la participación de las clases más humildes, de la reinserción social, de la participación en la realidad social mas activa por parte de los excluidos; todas estas fueron base de la doctrina originaria de Marx.

Leticia H. Hermida

Anónimo dijo...

EL ROSTRO HEGELIANO DE CARLOS MARX
24-06-10 En su análisis profundo de la realidad y de exponer ideas lleva a descubrir lo económico lo cual llega a influir en la relacion social de distintas clases sociales,y de luchar para construir un estado plurinacional y cultural, reconocer los derechos de la sociedad para lograr que se termine siglos de agresiones, discriminación y persecución que obtaculiza la relación entre todos Ademas de ser necesário el aporte teórico de Marx el mismo es una fuente inagotable de creación para los seres humanos. IRENE MONTAÑO

Anónimo dijo...

Con Marx llega el intento más concreto para comprender la realidad social.Su método:la dialéctica materialista, tiene antecedente inmediato en Hegel.
Los seguidores de Marx debatieron sobre la influencia de Hegel, creando un "dogma","una encerrona";que impidió el avance continuador del trabajo que Marx desarrolló hasta su muerte.
Este encierro "en mundo propio"; alejó al marxismo de la "realidad social de los pueblos".
La caída de los gobiernos socialistas, en el mundo, dan cuenta de los errores cometidos y de la necesidad de retomar los estudios sobre un marxismo;que reclama ser revisado y continuado,en el marco de una realidad presente, atendiendo las diversas necesidades que reclaman los pueblos;insertos en un sistema capitalista que parece estar agotando sus respuestas y denota impotencia respecto de nuevas propuestas.

Miguel Bravo

Andrea dijo...

Leyendo el artículo quisiera rescatar aquello que me parece más importante, más allá de las definiciones y análisis de la teoría.
Primero, destacar como una idea-eje “Marx propuso una forma y un modo de pensar la realidad y transformarla y no la canonización de sus ideas”. Creo que tener en mente esto antes de comenzar cualquier debate es fundamental.
En primer término, transformar al marxismo en una religión lo cristaliza como un dogma más, así como el judaísmo, el cristianismo o el budismo. Es como poner anteojeras a un caballo y limitar su visión, en este caso las anteojeras nos limitarían a ver la teoría y sólo eso; es ahí donde se diluye toda posibilidad de cambio. Cuando el verdadero secreto para la transformación está en tener una mirada amplia y una profunda capacidad autocrítica para superar las crisis. La Real Academia Española define crisis como “mutación importante en el desarrollo de otros procesos, ya de orden físico, ya históricos o espirituales”. Es decir que toda crisis autogenera un cambio, negar la crisis es negar el cambio, y a la vez negar toda posibilidad de superación.
Por otra parte, es cierto que el marxismo en sí como teoría debe ser una parte esencial de la nueva teoría transformadora, ya que no se puede agotar en la negación del mismo o en considerarlo obsoleto. Sería una mirada muy rudimentaria estacarse en la crítica y no ser agentes de cambio (como la ingenua postura de las vanguardias artísticas de principios del siglo XX, que para fundarse como verdaderas revolucionarias optaron por negar todo aquello que las antecedía, y ya es sabido como concluyó esta historia). Para generar un verdadero cambio es necesario rescatar los conceptos fundantes de la teoría y a ello sumarle los nuevos aportes (surgidos de las creaciones teórico práctica de los pueblos, v.g. las de América Latina, los aportes de Paulo Freire, entre otros muchos). Este cambio debe ser más que una simple adición de elementos, debe ser una amalgama de esos elementos que den como resultado una resignificación de todos los contenidos, que a través de la autocrítica lleven a una nueva-vieja teoría que sea capaz de transformar la realidad.
Andrea Eva Rivero

jacky dijo...

Marx tomo los elementos de Hegel fundamentales (metodo materialista)para poedre entender la realidad fue asi que descubrio el materialismo historico.Fue asi que desenmascaro a los burgueses entones se enpezo a comprer las bases economicas,el sistema economico y las relaciones sociales.Esto es fundamental hoy por hoy para poder tomar esos mismos elementos del pensamiento marxista para poder enterder nuestra realidad como lo hizo Jose Carlos Mariategui.

123popular dijo...

El Rostro hegeliano de Carlos Marx.

La propuesta teórica revolucionaria de Marx desarrolla determinado principio teórico metodológico sobre los cuales se asienta la revolución teórica en la y de la filosofía articulando con la realidad concreta y fundiéndola dialécticamente en la práctica social y a esta transformación de la realidad tornándola científicamente posible. Althusser critica, por oposición a Marx y se habla que por diferentes senderos y con otra intención, fracturaron la dialéctica transformada en materialismo dialéctico, de la concepción de la historia, separando la dialéctica del pensamiento, de la dialéctica del movimiento social. Se pretende dar cuenta del movimiento social real, como si el desarrollo de la sociedad se hubiese detenido en el análisis crítico de Marx. Estas teorías parten de la realidad y no cambia las categorías hegelianas. Si se pretende construir un modelo científico de las sociedades se dejan un montón de cosas de lado. Un ejemplo aplicable, que lleva a cabo la dialéctica del movimiento, es la presidencia de Evo Morales en Bolivia, ya que los cambios no son repentinos sino que es un proceso dogmático social. Siendo un estado democrático participativo, transparente, con activa y fuerte participación de las organizaciones sociales y los pueblos indígenas originarios campesinos.

Gómez, Lorange (Epistemología, UPMPM)

Anónimo dijo...

Si analizamos los procesos fenomenológicos del universo, notaremos que todos llevan una carga dialéctica; sistemas que se encuentran en un equilibrio homeostático de leyes y se desenvuelven en la matriz de la realidad a partir de una acumulación cuantitativa de fuerzas que se oculta tras un estado de aparente equilibrio. Llega un momento en todo sistema universal en que los procesos internos alcanzan un desbordamiento de las leyes que los propulsaron al principio, y la acumulación original de fuerzas sobrepasa la resiliencia estructural, destruyendo el sistema, y construyendo un cambio cualitativo en la totalidad. Esto es así, desde un volcán en erupción hasta un sistema económico en desintegración. Marx supo extraer esta visión tan acertada del universo a partir de un Heguel que pudo aprehender el mecanismo evolutivo de la realidad, pero a costa de una matización histórico-ideológica, inevitable frente al acecho de la modernidad en carne viva. Y ésta es, la noción de progreso, inexpugnable, aun para la comunidad intelectual de hoy en día. La dialéctica hegeliana conlleva inevitablemente a un punto fijo, a un fin idealizado, una dirección especifica, un sentido de la historia; esto es lo que Marx extrae como la sociedad sin clases, el fin de la explotación, y en algún punto, la realización mas completa de la historia de la humanidad. Es posible, de hecho, que el comunismo sea el fin de las sociedades clasistas, pero creo que estamos algo avanzados en la historia del pensamiento, para pretender que ese sea el fin de todo, que no halla algo más que eso. La dialéctica como Marx la entiende, posee un motor invisible de progreso tecnológico al estilo moderno, que al parecer coincide con el progreso de la humanidad como tal, hasta tal punto que Marx deposita toda su confianza en la evolución de las fuerzas productivas como indicador del progreso del bienestar humano. Y esto es lo que vemos en el discurso actual; el desarrollo de la tecnología es la fuente de fe en el futuro bienestar de la humanidad. Sin embargo, claramente la realidad nos demuestra lo contrario. Nos demuestra que el desarrollo tecnológico es solo una modalidad del discurso, y en nada tiene que ver con el progreso del bienestar real de la humanidad, o simplemente, la satisfacción de sus necesidades esenciales como especie. Es tan así, como que conocemos el código genético humano, y como que existen comunidades actuales que subsisten al nivel tecnológico de hace 8000 años. Es evidente que la tecnología como correlativa al bienestar de la humanidad es una completa ficción modernista, que dignifica al progreso de la historia, teleológica, dirigida hacia algún fin idealizado, que nadie nunca vio y verá. Mi opinión; no existe sentido en la historia, no existe un fin, un espiral hacia la perfección; lo único que tenemos es un sistema inhumano que esclaviza a la mitad de la población mundial torturándola con hambrunas y enfermedades irrisorias, y no existe un destino que sea mejor, sino probablemente peor. La noción de progreso genera un halo de conformismo y docilidad, ya que si el futuro es inevitablemente mejor, si el comunismo esta por llegar, si la tecnología nos salvará y nos hará libres, entonces no tengo nada que hacer en este mundo, y prefiero seguir durmiendo en mi pecera viendo como el mundo se cae a pedazos. La dialéctica es un método poderosísimo de entendimiento de la realidad, pero solo si le extirpamos la visión moderna de progreso evolutivo como dirección de los sistemas universales. Quizás si aprehendiéramos las realidad no como un ascenso futuro hacia la perfección, sino como un sistema destructivo que es necesario trasformarlo, por la continuidad de la especie humana, dejaríamos de dormir en los escritorios.
Esteban Pereira Carlés

Anónimo dijo...

Marx desarrolla la dialéctica Hegeliana con una diferencia fundamental, invierte el concepto de sujeto-objeto, es decir partiendo de la premisa de incluir como parte principal de la transformación social al hombre, en especial el proletariado. El protagonismo de los trabajadores desde el lugar que ocupan permitirá los cambios en los modelos de producción.
Me interesa resaltar en el comentario una visión un poco mas abarcativa .
Incluyendo el pensamiento de Mariategui incorporando a los pueblos originarios, Incluyendo el pensamiento de P. Freire con la educación popular.
Los pueblos originarios tienen una sabiduría asombrosa en esa misma dirección, trabajan desde la diversidad pero tomando como eje central al ser humano, a la tierra como generadora de los alimentos necesarios para abastecernos, cuidando el medio en el que vivimos, trabajando colectivamente en la construcción de un estado plurinacional y demostrando desde la practica que se puede gobernar sin resignar estas banderas y sin excluir a los demás. El pueblo Boliviano de la mano de Evo, de Lineras, y sobre todo acompañado de las comunidades indígenas y movimiento sociales están llevando una transformación liberadora.
Para terminar creo que en principio debe haber un cambio en cada uno de nosotros debemos tratar de desprogramar nuestra cabeza y comenzar a escuchar al otro.
Las madres siempre dicen “el otro soy yo” si entendemos esto podemos pensar colectivamente, si le agregamos el amor y el compromiso ya estamos hablando de un cuerpo mucho mas sólido.
Como conclusión final creo que el desafío es comenzar una verdadera construcción de otro mundo posible con todo lo que eso implica, creo que los valores de respeto ecológico, de diversidad, de plurinacionalidad, hacen al Hombre Nuevo que ya nos hablaba el Che.
Veremos si somos capaces de comprometernos con el otro sin esperar resultados inmediatos
Jorge velozo

123popular dijo...

Mi comentario sobre este texto, es que Marx propone una forma y un modo de pensar la realidad y no convertir en un dogma su idea, sino que, el máximo nunca se detenga, sino que sea continuador y transformador de las diferentes realidades en distintos tiempos. En una palabra la propuesta del máximo no puede comenzar y acabar con Marx, ni Lenin, ni con ningún otro. Tampoco hay que ignorar a las organizaciones sociales ni a los pueblos originarios porque cambiándolos con las ideas marxistas podemos llegar a un nuevo pensamiento. En América Latina hubo muchos aportes como de la teología de la liberación que con la interpretación de la biblia con su compromiso con los oprimidos, y de la educación popular, con Paulo Freire como abanderado que revoluciono la pedagogía.

Ramírez Acuña, Leonardo (Epistemología, UPMPM)

123popular dijo...

El Rostro hegeliano de Carlos Marx

La propuesta teórica revolucionaria de Marx desarrolla determinado principio teórico metodológico sobre los cuales se asienta la revolución teórica en la y de la filosofía articulando con la realidad concreta y fundiéndola dialécticamente en la práctica social y a esta transformación de la realidad tornándola científicamente posible. Althusser critica, por oposición a Marx y se habla que por diferentes senderos y con otra intención, fracturaron la dialéctica transformada en materialismo dialéctico, de la concepción de la historia, separando la dialéctica del pensamiento, de la dialéctica del movimiento social. Se pretende dar cuenta del movimiento social real, como si el desarrollo de la sociedad se hubiese detenido en el análisis crítico de Marx. Estas teorías parten de la realidad y no cambia las categorías hegelianas. Si se pretende construir un modelo científico de las sociedades se dejan un montón de cosas de lado. Un ejemplo aplicable, que lleva a cabo la dialéctica del movimiento, es la presidencia de Evo Morales en Bolivia, ya que los cambios no son repentinos sino que es un proceso dogmático social. Siendo un estado democrático participativo, transparente, con activa y fuerte participación de las organizaciones sociales y los pueblos indígenas originarios campesinos.

Gómez, Lorange (Epistemología, UPMPM)

123popular dijo...

El Rostro hegeliano de Carlos Marx
La propuesta teórica revolucionaria de Marx desarrolla determinado principio teórico metodológico sobre los cuales se asienta la revolución teórica en la y de la filosofía articulando con la realidad concreta y fundiéndola dialécticamente en la práctica social y a esta transformación de la realidad tornándola científicamente posible. Althusser critica, por oposición a Marx y se habla que por diferentes senderos y con otra intención, fracturaron la dialéctica transformada en materialismo dialéctico, de la concepción de la historia, separando la dialéctica del pensamiento, de la dialéctica del movimiento social. Se pretende dar cuenta del movimiento social real, como si el desarrollo de la sociedad se hubiese detenido en el análisis crítico de Marx. Estas teorías parten de la realidad y no cambia las categorías hegelianas. Si se pretende construir un modelo científico de las sociedades se dejan un montón de cosas de lado. Un ejemplo aplicable, que lleva a cabo la dialéctica del movimiento, es la presidencia de Evo Morales en Bolivia, ya que los cambios no son repentinos sino que es un proceso dogmático social. Siendo un estado democrático participativo, transparente, con activa y fuerte participación de las organizaciones sociales y los pueblos indígenas originarios campesinos.

Gómez, Lorange (Epistemología, UPMPM)

Anónimo dijo...

Hegel habla de las personas como objetos que se tienen que adaptar a una situación y no la situación a ellos en este caso la situación la denominamos historia.
Por el contrario Marx habla que las personas/sujetos deben tomar la historia como propia y ubicarse en ella para poder llevar a cabo un cambio propio y la vez en gral, como un sujeto histórico social (materialismo histórico) ya que si todos entendemos cual seria ese tipo de cambio nos encontraríamos con lo que actualmente sucede en Bolivia, donde las personas/sujetos tomaron como propia la historia ubicándose en ella y generaron un cambio tal que dejaron atrás viejas concepciones (materialismo dialéctico). Este tipo de cambio también se produjo un tiempo antes en Venezuela y Ecuador, llegando a nuestro país, las personas/sujetos se apoderaron de la historia y la cambiaron, de esto hablaba Marx de la dialéctica del sujeto, por que dentro de esta dialéctica siempre surgen otros grupos que forman otra dialéctica siempre encaminada a un mismo fin supuestamente ……
ELENA VERONICA ALBUQUERQUE UPMPM

123popular dijo...

La arquitectura ideológica de Hegel, puede decirse que es cuanto al método dialectico del análisis filosófico el punto más alto al que había llegado la época, en cuanto a esto poco mas queda por decirse.
Es en ese sentido que el joven Marx, ávido a partir de su propio carácter y búsqueda, encuentra en Hegel, su principal fuente de inspiración y las bases para la construcción de su propio pensamiento.
Es por ello que es común, hablar del lado Hegeliano de Marx, como su lado idealista en contraposición con su “otro lado” científico, materialista.
La mente brillante de Marx, unida a su personalidad y a una parte poco divulgada de su vida, que es la de su participación en las luchas políticas de la época y la inserción en una etapa determinante en la historia de la humanidad como son las primeras décadas del S.XlX, van llevando a Marx, a la búsqueda de nuevas respuestas a los interrogantes que van surgiendo de las luchas, producto de la nueva sociedad de clases que se estaba configurando en la Europa capitalista.
Es de esta manera, que Marx, brillantemente llega a plantear en las tesis de Feurbach, su famosa tesis 11 “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modo el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo.”,
Que junto a “la conciencia política se forja en las luchas políticas” planteado en el Manifiesto del partido comunista, resumen de manera decisiva, cual fue el camino que recorrió Marx, desde su “concepción idealista” hasta llegar al Marx, científico.
Es decir que Marx, y su genio, no habían sido tales, sin sus bases teóricas, sin el contexto socio histórico, y su participación en el mismo de manera decidida.
Este planteo es para sentar mi diferencia con los planteos de la crítica pura, que pretenden a un Marx, que de repente se nota Hegeliano y que se da cuenta que eso no sirve y vira.
Por el contrario, Marx dejara planteado a lo largo de toda su vida en diversos escritos sus valoraciones acerca de Hegel.
Es la construcción antes planteada, desde el campo de batalla de las nuevas revueltas políticas y sociales, donde Marx, llega a lo que creo que es su planteo fundamental, el de ver a la lucha de clases, como el motor de la historia.
Por lo tanto le da a esta, un lugar relevante en su pensamiento y será esta la piedra angular de su obra
Es en este punto donde se comienza a vislumbrar el alejamiento de Marx con respecto a Hegel, esto no será de acuerdo a una voluntad explícita, sino que será respecto a las nuevas necesidades de la sociedad que en convulsión permanente que está naciendo.
Es así como empieza a nacer una nueva corriente, ahora el método dialectico encuentra una compañía que lo llevara a ser trascendente en toda la historia siguiente, este será el materialismo.
Junto a él y a lo largo de ciento cincuenta años mucho se escribió y mucho se seguirá escribiendo de acuerdo con las interpretaciones que se realicen acerca de la obra de Marx, pero lo central es que ya no se podrá hacer ninguna crítica seria ni objetiva sin realizar un análisis desde la perspectiva que el mismo desarrollo y que no significara en lo más mínimo ser obsecuente con todos sus planteos.

Mara Alvarez

Anónimo dijo...

El rostro Hegeliano de Marx.
Marx propuso una forma y un modo de pensar la realidad, lo cuál fue dándose en algunos países, con hechos verídicos y cronológicos del tiempo, donde el sujeto es el objeto de la realidad histórica, es parte de la transformación revolucionaria, llevando con ellos la practica del principio de la Lógica dialéctica ,a un nivel máximo. Es decir que si el sujeto reflexiona, con mucho trabajo por su pensamiento, este, podrá categorizar a lo social, que siempre desde adentro y de abajo se puede construir la revolución. Marx toma siempre al sujeto como protagonista de la Historia.
Hegel tiene una concepción de Idea absolutista, todo sujeto y objeto debe adecuarse a la historia, negando la posibilidad de concretar la idea teórica y la practica, porque están por caminos diferentes, así el sujeto siempre será dependiente de uno u otro sistema, quedando este estanco de un determinado poderío económico.
Ahora lo que Marx decía es algo que se puede llevar a cabo, con diversas luchas, acción, perseverancia, fuerza, convicción, resistencia, siempre acompañado del colectivo social, llevando a la practica en determinado tiempo y lugar, como actualmente se ve en Bolivia con ese Indio el Sr.Presidente EVO MORALES, como Marx reconocía al proletariado, en la que enormes masas de campesinos y pobres de las ciudades, dejan esa condición para ser sujetos concreto social e históricamente determinado y condicionado, con la capacidad de de hacer su propio destino, ojala podamos seguir teniendo muchos Evos y dejar de depender de un Poder hegemónico, y podamos tener más participación en lo que día a día se busca transformación, Revolución y no halla contradicciones o contraposiciones, ni división de clases sociales, para que exista el socialismo por lo menos en toda América Latina.


Nombre: Torres Gladys
Curso: 4º Carrera de abogacia.
Universidad Popular Madre Plaza De Mayo.

Anónimo dijo...

Interpretación del rostro hegeliano de Marx.



Kant filósofo a través de la lógica descubre la contradicción entre los opuestos.
Hegel filósofo idealista, por el contrario interpreta la interrelación entre los opuestos descubriendo el nexo entre los contrarios. Utilizando el método de la lógica dialéctica.
Hegel se queda en las ideas, abstracciones, y conceptos del hombre subordinado teleológicamente de la idea absoluta.
Circuito cerrado entre el objeto y el sujeto. Donde el hombre es un ser estático dentro de la historia sin injerencia sobre ella. Un fin conocido.
Lo contrario de Marx quien desarrolla, rescatando la racionalidad de la dialéctica hegeliana, la dialéctica materialista. Baja la idea a la realidad. Partiendo del objeto inagotable y su movimiento através de las construcciones internas y externas.
Generando un sistema abierto donde el hombre mediante su interacción transforma el medio.
Es decir q tiene a su alcance infinitas posibilidades metodológicas para concretar ese cambio, de acuerdo en el contexto q se encuentre.
Como dije anteriormente el concepto hegeliano de la dialéctica es la negación de la historia, concepto q Marx asocia al proletariado.
Ya q el proletariado va a negar a la burguesía, la va a combatir, destruir realizando la revolución, creando una sociedad sin clases.
Marx la llamaría la sociedad genérica” donde no va haber la explotación del hombre por el hombre.
La negación para Marx va a estar ligada a la praxis política social sindical del proletariado.
Hoy en la actualidad en distintos grupos sociales ese levantamiento se esta produciendo. Tomando conciencia y conocimiento de nuestra historia y derechos.
En nuestro país una de las herramientas mas valiosa y recientemente recuperada es la ley de medios. Hasta hoy monopolizados, la libertad de expresión y el derecho de saber la verdadera realidad se encontraban cuartados. Siendo utilizados para globalizar la información, desculturalizando nuestros pueblos, insistiendo en historias de culturas ajenas o contrarias a las nuestras. Cumpliendo con un plan de unos pocos para desabastecer y subordinar los países de Latinoamérica.

Nombre: Montenegro Marcela
Curso: 4º carrera de abogacia
Universidad Popular Madre De Plaza de Mayo.

Anónimo dijo...

El rostro hegeliano de Carlos Marx

Comentario.

Marx toma de Hegel su método dialéctico en su lado practico materialista –racional- en el cual desarrollara su teoría y acción social.
Marx rescata la racionalidad de la dialéctica hegeliana a la vez que funda la dialéctica materialista.
Unos de los aspectos de las huellas de Hegel en Marx es el determinismo materialista.
La concepción del sujeto y la identificación hecha por Marx del proletariado como sujeto de la historia que respondía, por un lado a la realidad del capitalismo de la época, pero también estaba permeada por la influencia del idealismo alemán, principalmente el hegeliano.
Esta herencia teleológica en Marx que si bien supera en el caso del sujeto, será un obstáculo en el desarrollo del marxismo posteriormente.
Por mas genial u original, por mas radical o nihilista que sea, la figura de Marx lleva un sedimento producido por todo el pensamiento que lo antecedió y esto tiene que ver con las formaciones culturales, con la experiencia personal o incluso con los valores en los que ese pensador se formo y desarrollo, así también como los de la sociedad a la que pertenece.
Relacionando la influencia teleológica de alguna manera en Marx al enfocar al proletariado como sujeto de la historia, es dable mencionar de acuerdo a estas consideraciones a unos de los grandes marxistas latinoamericanos- Mariategui- el creía en una epistemología materialista capaz de generar valores espirituales, lo cual es distinto y diametralmente opuesto, a hacer de la materia una religión – como de hecho fue el caso del marxismo vulgar-
No creía en una visión lineal de la historia, ni aquello de que todos los pueblos debían pasar por las mismas etapas evolutivas, ni en leyes universales aplicables de manera indiscriminada y sin matices, ni en un determinismo fatalista y supranatural de la historia.
El monta ideas nuevas sobre una estructura preexistente, al mejor estilo martiano injertar lo mejor de lo universal al tronco de lo americano, y encuentra en el mito – como estructura mental - un vehiculo que puede penetrar la emotividad del hombre mestizo y a su vez colmar la sed existencial de todos y cada uno.
Mariategui concebía al marxismo como una – herramienta- y como – método de interpretación- en contraposición a las corrientes dogmáticas, en vez de partir del análisis concreto de la realidad social en cada lugar y momento.

Nombre: Machado Carlos
Curso: 3º carrera de abogacia
Universidad Popular Madre de Plaza de Mayo.

123popular dijo...

Marx desarrolla la dialéctica Hegeliana con una diferencia fundamental, invierte el concepto de sujeto-objeto, es decir partiendo de la premisa de incluir como parte principal de la transformación social al hombre, en especial el proletariado. El protagonismo de los trabajadores desde el lugar que ocupan permitirá los cambios en los modelos de producción.
Me interesa resaltar en el comentario una visión un poco mas abarcativa .
Incluyendo el pensamiento de Mariategui incorporando a los pueblos originarios, Incluyendo el pensamiento de P. Freire con la educación popular.
Los pueblos originarios tienen una sabiduría asombrosa en esa misma dirección, trabajan desde la diversidad pero tomando como eje central al ser humano, a la tierra como generadora de los alimentos necesarios para abastecernos, cuidando el medio en el que vivimos, trabajando colectivamente en la construcción de un estado plurinacional y demostrando desde la practica que se puede gobernar sin resignar estas banderas y sin excluir a los demás. El pueblo Boliviano de la mano de Evo, de Lineras, y sobre todo acompañado de las comunidades indígenas y movimiento sociales están llevando una transformación liberadora.
Para terminar creo que en principio debe haber un cambio en cada uno de nosotros debemos tratar de desprogramar nuestra cabeza y comenzar a escuchar al otro.
Las madres siempre dicen “el otro soy yo” si entendemos esto podemos pensar colectivamente, si le agregamos el amor y el compromiso ya estamos hablando de un cuerpo mucho mas sólido.
Como conclusión final creo que el desafío es comenzar una verdadera construcción de otro mundo posible con todo lo que eso implica, creo que los valores de respeto ecológico, de diversidad, de plurinacionalidad, hacen al Hombre Nuevo que ya nos hablaba el Che.
Veremos si somos capaces de comprometernos con el otro sin esperar resultados inmediatos
Jorge velozo

Anónimo dijo...

Se plantea: a)” actualizar el pensamiento social de y para la transformación revolucionaria a la medida de lo que hoy,(..)puede constituir una revolución..” y que el Marxismo no agota toda la teoría de la transformación social. b). Ligado o inherente a ella la incorporación al sistema conceptual categorial los mediadores sociales y desde aquí la conformación del “sujeto popular”. Reflexiones e interrogantes en el proceso de estudiar la idea central de la propuesta. El marxismo como totalidad abierta para la transformación surge y se afianza conceptualmente desde un antecedente teórico y una realidad social determinada; con abstracciones inherentes a ese proceso social determinado y como tal debe ajustarse a comprender y actuar en esta nuestra realidad. Desde esta premisa afirmar que el Marxismo es una teoría del pensamiento acabada e inmodificable para todos los tiempos es tan erróneo, como sostener que ha caducado plenamente su sistema categorial. Entonces es correcto aportar la necesidad de una nueva teoria del pensamiento social, teniendo como base de sustentación esa extraordinaria herramienta para la praxis que significa el Marxismo. Todo conocimiento entendido como proceso,tiene su antecedente, su historicidad. Se representa conceptualmente desde la practica y a esta misma como unidad de contrarios. En lo viejo, lo nuevo en potencia; lo nuevo como síntesis del proceso- tensión-transformación y negación potencial de lo viejo.El aporte Hegeliano al tratamiento del concepto en su relación con la realidad como mediadora (aunque subordinada a la idea), revolucionario en cuanto al método dialéctico, conservador por su contenido y finalidad apriorística, sirve a Marx como punto de partida del sistema conceptual , filosófico para la transformación, y nace no como una simple inversión de sentido de la dialéctica. Si, como inversión de contenido y forma, de esencia y fenómeno. Del estudio de la realidad social hacia la abstracción. De lo concreto pensado nuevamente a lo concreto real. A la realidad para transformarla. ¿Entonces hay un corte, una ruptura epistemológica?, hay traspaso , pese a la inversión de contenido?, no hay categorías- conceptos, que hallan persistido? Entre el método y el contenido hay una interrelación que aunque siendo cosas totalmente diferentes interactúan en función de lo contingente. Ergo es coherente sostener, que en la adopción del método Hegeliano por parte de Marx, inevitablemente hubo traspaso de contenido hacia la nueva teoría. No hay ruptura epistemológica- Hegel – Marx. Esto se confirma en el siguiente análisis donde se destaca la importancia que dan Hegel y Marx a la categorización del sujeto como motor de la historia. Hegel lo toma como individuo, ser humano. Marx como sujeto social, la clase obrera. Además es dable sostener que no solo la contradicción entre dos opuestos –Burguesía-clase obrera- es el motor de todo movimiento, “también las mediaciones entre estos, son motor del desarrollo social”. De ahí la importancia de la articulación en cuanto concepto y practica de la multiplicidad de actores (mediadores) que intervienen en las luchas sociales. De esta afirmación: “La clase obrera como enterradora del capitalismo no es única; hay otros sujetos de los cambios para constituirse en sujeto popular; se desprenden los siguientes interrogantes:¿que formas adopta el sujeto en el plano político? ¿agrupados en la noción de Pueblo- Nación,?¿Es estratégicamente policlasista? ¿o es coyuntural en relación con el desarrollo de un poder desde abajo? Cual es la expresión orgánica del sujeto popular?¿Es un partido? ¿Es un movimiento? Por lo tanto es sustancialmente importante junto a las cuestiones centrales expuestas que nos plantea la lucha de clases bajo el capitalismo , debatir las formas políticas que adoptan los contrarios y los mediadores en el proceso de articulación de sus demandas . Un “plan” de acción, estratégico consciente de ir consolidando las formas políticas que se desarrollen, sedimenten, amalgamen, mas allá de la acción reivindicativa.
Mario Lopez -UPMPM-

Anónimo dijo...

En este articulo, redactado por ud. Dra. Rauber, nos encontramos con un repaso general desde la lógica Hegeliana (Idea Absoluta), pasando por Karl Marx y Engels (Teoría de la dialéctica entre el pensamiento y el mundo real objetivo- subjetivo inseparables) hasta poder ver sus cambios y dogmatismos a que el marxismo fue acotado por pensadores y políticos. De esta manera poder generar un nuevo pensamiento con las bases de la teoría-practica y sus métodos, enfocándonos en la relación de sujeto-objeto –práctica activa (conciencia activa de clases) es de esta manera pues que se debe generar la transformación desde el interior hacia el exterior (de abajo hacia arriba, un ejemplo a exponer son nuestros países hermanos de Bolivia y Ecuador). En la cual dicha relación según mi entender es fundamental para el conocimiento y desarrollo de un nuevo pensamiento que pueda llevar acabo una transformación para poder liberar a los pueblos oprimidos por el sistema hegemónico- histórico real o activo..

Pablo Héctor Fernández

UPMPM

Carrera: Abogacia (1º año).

Materia: Epistemologia

Profesora: Dra. Rauber.

Alan Matías Florito Mutton dijo...

Lo importante de saber leer la historia del pensamiento como intertextualidad, donde, tanto antecedentes como presentes se correlacionan, es comprender, ya no vagamente, el crecimiento que se puede efectivizar en la historia. Crecimiento que es interesante marcar como lo hace Isabel Rauber en el presente texto. Es importante señalar que todo proviene de algo previo, que nada es creación ex nihilo. La intertextualidad nos permite abrazar un pensamiento multicultural, un pensamiento de hacer presente oídos a las voces que la historia burguesa ha sabido acallar y quiere seguir callando. No se puede pensar el pensamiento marxista desligado de su gran maestro Hegel. Pensar dicho des-ligamiento no hace más que profundizar herramientas para no comprender a Marx en su completud, o, al menos, intentar hacerlo. Como bien señala Rauber "el rechazo sistemático, como negación simple, de aquella influencia fue, precisamente, lo que más ayudó a su afianzamiento y predominio a lo largo del tiempo, impidiendo su identificación y superación. Y este fue uno de los factores que, junto a la simplificación y dogmatización", esto es, se ha querido hacer de Marx un "nuevo Marx", un Marx construído desde los más específicos dogmatismos. Olvidar que Hegel ha sido el filosófo alemán que más ha profundizado en la temática de los conceptos, es no ver que hay cierta correspondencia en Marx de dicha temática a la hora de realizar una lectura sobre la sociedad. Marx no fue un economista, fue alguien que ha utilizado el cálculo económico para leer la realidad, encontrando en la categoria "plusvalía" un sólido concepto para comprender el modo en que se relacionan los sujetos sociales. Es en el análisis de la realidad donde Marx es más hegeliano que nunca, le ha sido imposible des-ligarse del todo del idealismo hegeliano, así, como señala la autora, " [...] pero a pesar de los esfuerzos de Marx por romper con la herencia filosófica hegeliana, y seguramente sin ser él consciente de esto, en el análisis del desarrollo social puede observarse una cierta dosis –junto a la dialéctica heredada‑criticada‑, de traspaso de contenido de la propuesta hegeliana, sobre todo, al no poder (tampoco le alcanzó el tiempo físico para ello), reemplazar todo el sistema conceptual categorial proveniente –cuando menos‑ del hegelianismo".
Vemos interesante suscitarnos una pregunta luego de leer el presente artículo ¿nos es posible pensar cierta línea de pensamiento como ajena al pasado discursivo? Si pensamos que es posible hemos de negar la interconexión que la autora cubana encuentra en ambos pensadores, pero si, por el contrario, afirmamos que la historia del pensar, la historia de los discursos, las hermenéuticas discursivas, nos muestran los puntos en común, debemos comprender el conocimiento y el saber como social y no como mera genialidad de unos pocos.

Matias Eduardo Diez dijo...

El conocimiento para los cambios sociales o la lucha de clases en las diferentes regiones del mundo se a convertido sobre todo en el marxismo como una trava para el verdadero cambio. La dogmatización de las ideas marxistas en una forma hegelizante de captar la realidad, se han transformado en una paradoja trágica, resultante de la incongruencia entre la ebullición de ideas. En Latinoamérica se comenzó a notar que se debe utilizar las ideas como una guía de la acción, con la columna vertebral de la acción de la sociedad y la realidad del pueblo.-

Anónimo dijo...

Matias Eduardo Diez


El conocimiento para los cambios sociales o la lucha de clases en las diferentes regiones del mundo se a convertido sobre todo en el marxismo como una trava para el verdadero cambio. La dogmatización de las ideas marxistas en una forma hegelizante de captar la realidad, se han transformado en una paradoja trágica, resultante de la incongruencia entre la ebullición de ideas. En Latinoamérica se comenzó a notar que se debe utilizar las ideas como una guía de la acción, con la columna vertebral de la acción de la sociedad y la realidad del pueblo.-

GERMAN dijo...

El conocimiento de las ideas en los cambios de la realidad de clases de Marx posen gran influencia de Hegel, y en donde se ve es cuando niega la realidad del pueblo en donde se pretende implementar esa ideología para el cambio. En donde se pudo saltear este obstaculo es en Turquia, La India y en China como lo menciona en el libro de Alvaro Garcia Linera (Marxismo y mundo agrario, visto en clase. El problema del Marxismo es buscar ese lado hegeliano todo el tiempo y no utilizarlo como idea que permita la accion de esas ideas para la lucha de clases. En la implementación de las ideas marxistas es donde se ve en mayor magnitud este problema de la teorización de los dichos de marx, el mayor problema de años anteriores en América Latina es la continua discusión de los dichos de Carlos Marx, que han llegado al fracaso en las diferentes regiones. Hoy en dia se a comenzado a cambiar este problema en diferentes partes de Latinoamérica con el conocimiento de sus pueblos, problemas, cultura, lenguas, etc.-

German Lucas Diez.
UPMPM
1º AÑO ABOGACIA.-

Anónimo dijo...

El conocimiento de las ideas en los cambios de la realidad de clases de Marx posen gran influencia de Hegel, y en donde se ve es cuando niega la realidad del pueblo en donde se pretende implementar esa ideología para el cambio. En donde se pudo saltear este obstaculo es en Turquia, La India y en China como lo menciona en el libro de Alvaro Garcia Linera (Marxismo y mundo agrario, visto en clase. El problema del Marxismo es buscar ese lado hegeliano todo el tiempo y no utilizarlo como idea que permita la accion de esas ideas para la lucha de clases. En la implementación de las ideas marxistas es donde se ve en mayor magnitud este problema de la teorización de los dichos de marx, el mayor problema de años anteriores en América Latina es la continua discusión de los dichos de Carlos Marx, que han llegado al fracaso en las diferentes regiones. Hoy en dia se a comenzado a cambiar este problema en diferentes partes de Latinoamérica con el conocimiento de sus pueblos, problemas, cultura, lenguas, etc.-

German Lucas Diez.
UPMPM
1º AÑO ABOGACIA.-

Anónimo dijo...

creo que el pobre marx debe estar pidiendo poder volver a la vida para poder seguir escribiendo su obra ("el capital"), porque claramente muy pocos pudieron entender a que es lo que apuntaba con su dialéctica.La Lucha de clases! quizás lo habrá hecho con la idea de poder intentar cambiar algunas que cosas sobre el comportamiento del sujeto que se veían venir bravas.Y estudiando las relaciones sociales pudo ver quizás uno de los motivos:el poder que generaba el capitalismo en las clases sociales altas sobre el de la clase baja (los trabajadores).
Y hoy en día se sigue viendo esa gran dominacóon de la clase con mas dinero por encima de la gente trabajadora que realmente es la que genera ese capital del cual nunca obtienen ningún beneficio.
y luego de haber conocido el pensamiento de marx, pude llegar a entender que lo que él escribío son herramientas filosóficas que se pueden llevar a la practica, que actualmente nos serviria por lo menos para intentarlo, quizas podriamos llegar a estar mas en comunidad entre la nosotros (sin diferencias entre ricos y pobres, que es lo q mas "guerras" provoca)por eso no logro entender como aun seguimos viviendo de esta manera bajo una gran opresion constante?solo es cuestion de actualizar al marxismo, sin quitarle merito a todas las interpretaciones q tuvo...porq de alguna manera sirvieron para ver otra postura, otra vision, porq todas son valederas o por lo menos cuentan con fundamentacion.Simplemente es no caer en un dogma...sino "una forma y un modo de pensar la realidad y transformarla" como marx lo propuso.
despues de haber leido algo sobre él, me dieron ganas de seguir investigando y encontre una frase q m llego a conquistar y gustaria compartir:"Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo orden social existente. Las clases dominantes pueden temblar ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen en cambio, un mundo que ganar."
¡PROLETARIOS DE TODOS LOS PAISES, UNIDOS!
gracias por hacerme conocer a marx, me abrio mucho los ojos.
BELEN SARUBBI, UPMPM DERECHO 2010

Noemí Albornoz dijo...

Albornoz Noemí
1er Año Derecho
Tanto Marx como Hegel niegan la Historicidad de los pueblos (dialéctica). Este concepto Hegeliano de dialéctica tomado por Marx es asociado a esta deshistoricidad de la clase social trabajadora (proletariado).
El proletariado quiere terminar con esa clase social Burguesa, terminar significa, combatir a esta clase social que los sometía y marginaba, instaurando una sociedad sin clase, donde ya no habría explotación social. La negación va ser ligado en los diferentes campos social, político y económico.
Ya no habría sometidos (amo y esclavo) los trabajadores dejarían de ser explotados por los capitalistas y surgiría una nueva clase social que con su trabajo y progreso fomentaría una revolución en la historia e industria.

Alberto Mendez U.P.M.P.M. carrera de derecho dijo...

LOS CAMBIOS ESTAN PERMANENTEMENTE EN MOVIMIENTO Y LA REALIDAD ES QUE UN PARADIGMA SE MEJORA CON OTRO PARADIGMA,SIEMPRE Y CUANDO EL CAPITALISMO LO PERMITA.
MARX COMIENZA SU CAMINO DONDE HEGEL LO DEJA.
TODAS LAS MOVIDAS SOCIALES QUE GENEREN UN BIEN COMUN,POR SUS LOGROS,LUCHAS IDEOLOGICAS,DE INDOLE SOCIAL,CULTURAL,ETC,ESTAN OBSERVADAS POR LOS CAPITALISTAS,POR ESO TANTO LES MOLESTA ESCUCHAR EL CONCEPTO DE PLUSVALÌA,EL FETICHE DE LAS MERCANCÌAS.
POR ESO MARX DESARROLLA UN COMIENZO DE REVOLUCIÒN EN CUANTO A TEORÌA Y FILOSOFÌA.

Mario Flores Sanabria dijo...

En el rostro hegeliano, se trato de mostrar la influencia de Hegel en Marx y es lo que Althusser trato de reparar eliminando esa posible sobrevivencia, pero al final desistió.
Es la amplia visión de Hegel dentro el universo Idealista que lo caracterizaba por hacer una ruptura con la concepción Idealista tradicional de otros autores, que analizaban el sentido de la historia sobre la base teórica en el que la existencia de la humanidad cruzaba mas allá de los límites de la tierra; la existencia misma como ser quedaba relegada a la negación, transfiriéndose la propia existencia a lo divino o fuerzas externas.
La dialéctica de concepto complementada con la dialéctica de la realidad fue la concepción de Hegel de romper con el tradicional Universo Idealista y lo que se critica de Hegel es haberse sustentado sobre la idea absoluta y ligar como la base de las necesidades a lo Teleológico, su mirada apuntaba a generar autoconciencia de la idea necesaria para reconocerse como sujeto pero ligado a la idea absoluta teleológica, en el que también se limitaba su conducta a leyes ocultas. En esta concepción Hegeliana el origen de las fuerzas divinas es sobre natural (filosofía negativa).
Marx inicia el camino desde la concepción Idealista que Hegel deja, tomando esta virtud Hegeliana para su concepción teórico social y de esta manera aproximarse a la realidad histórica de ahí transformarla articulando pensamiento y acción social.
Marx toma la racionalidad de la dialéctica hegeliana y le estimula en su visión critica para crear una nueva teoría (la dialéctica materialista). Que se sustenta sobre una situación concreta, heredada condición desde la cual emerge su existencia misma (filosofía positiva).

Puede que no hayamos aprendido a ser coherentes con la causa y es por esa razón que se traiciona la voluntad de los pueblos, no se puede cambiar lo que no se entiende, lo que no se siente, aun viendo la realidad desde el lugar que se vive, no nos aproximamos a ejecutar el Método Marxista o el contenido de miradas filosóficas que aparejaron grandes discusiones y ahí está la respuesta del porque no llegamos al resultado que estamos esperando de llevar a los pueblos a la consolidación de autodeterminación y libertad (Mario Flores Sanabria).

Anónimo dijo...

Los fudamentos principales de la teoría marxista son: la lucha de clases, la supresión de la explotación del hombre por el hombre, la abolición del capitalismo y del Estado Burgués. Todo esto quedo expresado magistralmente en el Manifiesto Comunista. Marx adoptó de Hegel los principios de la dialéctica. EL pensamiento debía ser dinámico y evolutivo. Con ello Marx convierte el Idealismo hegeliano en Materialismo. Según Marx, comprender no consiste, como afirmaba Hegel, en reconocer en todo las determinaciones del concepto lógico, sino en recocer la lógica particular del objeto particular. La materia determina la conciencia y se refleja en ella. El Conocimiento es un proceso progresivo.
El legado de Marx cambio la historia de la humanidad.

Florencia Lucia Verneri, 28/05/2012.

Espiritu y politica dijo...

Marx toma de la dialectica hegeliana la herramienta para entender que la realidad es una construcción constante. Donde siguen modificandose las realidades sociales, siendo consecuentes a su contexto histórico.
La dialectica se da en ambos pensadores como un espacio de construcción. Marx lo entiende como la realidad de las clases sociales, este vínculo permanente entre los movimientos sociales, la verdad, y el contexto histórico.
Por su parte Hegel, buscaba su concepto de idea absoluta, utilizándo el mencionado método, en esta incesante búsqueda llega a la cúlmine, a partir de dónde continuará su método Marx


Ayelén Colosimo

Anónimo dijo...

Desde el puno de vista de las diferentes formas de explicar el devenir de la historia , el papel de los sujetos y las realidades sociales, muchas veces se cayeron en falsas interpretaciones , hasta en un nihilismo y explicaciones supra terrenales.
Hegel representa una influencia en Marx , eso es innegable , mas allá de muchas diferencias, surgirán a partir de la elaboración teórica científica del pensamiento marxista , este se inicia a partir de las ideas de Hegel , invierte el modelo de pensamiento a una revolución científica de la época. Hegel elabora un sistema filosófico, con un sujeto puramente idealista, la relación entre sujeto y el medio.
Hegel elabora su pensamiento en base al concepto de “ idea absoluta”,. Hegel rescata la practica en un sentido diferente al que luego utilizara MARX , no descarta la existencia misma , es mas bien , la mediadora entre los sujetos y los objetos. El pensamiento es puntualmente dialectico, las relaciones entre los sujetos / objeto, lo son.
L a revolución en Marx consiste en el método de su método, practico, materialista. Marx resalta el concepto de la historia, las relaciones sociales no pueden explicarse si no se tiene en cuenta los momentos históricos en el cual estas se desarrollan y entran en contradicción.
En Marx el sujeto, es un sujeto de “transformación”, por el cual la “practica” pasa hacer un método, los sujetos están en relación con el medio y lo modifican. La revolución también radica en dilucidar los modelos económicos como esqueletos de las sociedades. En el concepto de Marx el proletariado es el sujeto de la historia de una realidad capitalista de la época :La herencia está en la dialéctica del pensamiento , las diferentes contradicciones que inician: ENTRE EL SUJETO/ OBJETO, expresa las nuevas formas de abordar el conocimiento, mas allá de la pauta materialista el carácter científico de la misma , es una ruptura con el pensamiento Hegeliano, teniendo en cuenta la herencia o influencias , los trabajos anteriores y posteriores dan pie a prestar atención a las relaciones de explotación/ dominación de las clases.
Martínez Angélica Dolores 30-05-12

Espiritu y politica dijo...

Hegel, en su incansable búsqueda de la idea absoluta, va condicionando la realidad. Marx retoma donde Hegel encuentra su punto final, logra fusionar la idea de realidad absoluta con la posibilidad de trasformación y de construcción colectiva, la que depende exclusivamente de la lucha de clases. Estás tendrán lugar solo en ámbitos revolucionarios. Donde entran en escena nuevos actores, ahora, los oprimidos, los olvidados y los silenciados son protagonistas de su propia historia.

La esencia del cambio está en los movimientos sociales, que se reconocen como locales y autóctonos por fin de su propio territorio, al que hay que transformar por medio de soluciones que solo se engendraran por medio del cuestionamiento y la crítica al sistema de dominación cultural, económica y política.
Segredo Mariangeles

Anónimo dijo...

En la teoría marxista, el sentido de los conceptos está orientado a explicar, describir, analizar, caracterizar un tipo de organización. Un tipo de relaciones sociales propia de una sociedad determinada en un momento histórico determinado, pues estas relaciones son dinámicas, propias del capitalismo.
De esta forma, por ejemplo, desnaturaliza lo que la economía política clásica había naturalizado, Marx lo pone en el marco de un contexto histórico. Para la economía política clásica, a lo largo de toda la historia de la humanidad las relaciones sociales fueron producto de la relación entre capital y trabajo asalariado. Para Marx, el capital es propio de un tipo de sociedad determinada y el trabajo asalariado se da en un tipo de sociedad que es la sociedad capitalista. Los fenómenos deben ponerse en el marco de un contexto histórico, responder a un modo particular de organización social, pues tienen un carácter histórico, contingente.
Este es el gran salto teórico que hizo Marx, a diferencia de los materialistas hegelianos, que a pesar de su denodado intento de romper con Hegel, no hacían más que repetir el esquema idealista de su mentor.
La originalidad de Marx reside en historizar lo social, desnaturalizarlo, comprender la sociedad en el terreno de la materialidad. Con un único objetivo: el de la transformación.
Por este motivo los conceptos no deben ser tomados como verdades atemporales, aplicables a todo tiempo y lugar, como un dogma religioso.
Justamente en donde reside la riqueza del materialismo histórico, es en que es una teoría siempre en construcción, nutrida a través de un proceso de realimentación permanente entre teoría y práctica social, alimentada por lo que de revolucionario tiene la dialéctica.
Aferrarse a los conceptos a fin de salvar la teoría sacrificando la realidad, es sacrificar a ambos. ¿Dónde se unen teoría y práctica en el materialismo histórico? Pues diremos que no existen separadas.
Marisa Flores

Cuevas Romina dijo...

Acerca de la revolución epistemológica: la contribución de Marx y Engels al pensamiento social, en tanto construcción y desarrollo de los seres humanos a través de sus prácticas, para la transformación de la sociedad capitalista, pone en crisis al pensamiento filosófico de su época generando una revolución total en la teoría y el método.
Por lo tanto innegable punto de partida para quienes queremos y creemos en un mundo con seres humanos más libres, capaces de generar relaciones solidarias entre sí y enajenadas de la lógica capitalista.
Y sí conocer, partiendo del análisis de la realidad concreta y a partir de allí producir nuevos conocimientos para volver a intervenir activamente en la realidad para transformarla, me pregunto:
¿Cómo contribuir activa y críticamente desde la Historia como disciplina, en la profundización de una perspectiva materialista-histórica latinoamericana para transformar la sociedad capitalista, sin quedar aislado ò a destiempo de las inquietudes y producciones intelectuales y politicas de varios sectores del campo nacional y popular, circundados o limitados por la coyuntura político-social de esta nueva democracia que se juega día a día su continuidad?
No sé si corresponde esta pregunta pero me surgió luego de la lectura.

Cuevas Romina
Historia
UPMPM,Epistemologìa.

Anónimo dijo...

Ninguna teoría, ningún pensamiento, surge de la nada, por ello negar la influencia de Hegel en Marx, carece de sentido. A partir de la dialéctica hegeliana, Marx desarrolla el materialismo dialéctico, un avance de ésta, en la cual se supera el plano ideal, y se ancla en la realidad material, y ésta realidad se considera inserta en un proceso histórico. Mientras que Hegel proclama el fin de la historia, Marx deja el proceso abierto, ya que al sustentarse en la materialidad, ésta provoca distintas situaciones y variables que van modificando las realidades de los sujetos, para modificar tambien, la realidad de la historia. Marx considera también la existencia, dentro de esa dialéctica sujeto-objeto, de la práctica como mediadora, siendo una condición catalizadora, de esas situaciones diversas para cada época y lugar particular.
Graciela fernández, 02/07/2012

Anónimo dijo...

Si bien la construcción filosófica de Marx superó a la hegeliana en tanto fundió a la dialéctica con la realidad social concreta, amputar dicha influencia sería pretender que el pensamiento se conforma en forma de abierta ruptura con toda herencia precedente. Por el contrario, la influencia de Hegel resultó determinante en la elaboración del materialismo dialéctico por Marx, a la vez que la relación ente ambos no debe pensarse como una ruptura sino como una continuidad y superación a la vez. La superación se plasma en el salto cualitativo que Marx produce con su elaboración filosófica, pero a la vez ninguna construcción de este tipo puede surgir desde la lógica de una tabla rasa, por lo que existen claros elementos de continuidad de Hegel en Marx (por ej. el enfoque teleológico). Ese fue el error en el que Althusser incurrió, pues pretendiendo elaborar un pensamiento antidogmático, consideró que Marx produce una ruptura epistemológica en el mismo momento que supera el período “ideológico” de su producción teórica para entrar en el período “científico” en su etapa de madurez.
El marxismo, como dijo Engels, no es un dogma sino una guía para la acción. Fue producido en un contexto histórico determinado, analizando el desarrollo del capitalismo en un país específico y en un período donde el capitalismo todavía no había entrado en su fase imperialista. Por ello, Marx dio los primeros pasos de un análisis y una praxis que deberá actualizarse, completarse, rectificarse y adaptarse a cada realidad concreta, que desde mi punto de vista es adonde apunta el texto de Rauber.

Juan Manuel Villa 4/7/12

Fernando J. A. dijo...

La lectura del texto “El rostro hegeliano de...” refleja muy bien los errores cometidos por bastos sectores de la izquierda latinoamericana, debido a su incapacidad de interpretar adecuadamente las sociedades y sus sujetos. La falla en la comprensión adecuada del método materialista y dialéctico, propuesto por Marx, condujo a muchos años de estancamiento de la teoría en nuestro continente.
Por otra parte, también sabemos de la gran contribución que, a través de corrientes epistémicas como la educación popular y el pensamiento descolonial, se hizo a la actualización del pensamiento marxista desde esta región del mundo.
La revolución cubana (que supo visualizar la importancia de la cuestión nacional en los procesos de liberación), sigue siendo hoy fuente de inspiración y laboratorio creativo para la izquierda mundial. También experiencias como las de los Zapatistas en México o el Mst en Brasil (por citar solamente los dos movimientos mas conocidos) siguen aportando, con sus prácticas cotidianas, nuevas concepciones del saber y nuevas formas de construcción. La dialéctica marxista hoy convive con el pensamiento descolonial. Los movimientos sociales toman como herramienta fundamental a la educación popular y sus dinámicas transformadoras.
Las Madres de plaza de Mayo, a través de sus prácticas y su Universidad Popular, hacen su aporte en la “batalla de ideas” con miradas críticas del mundo y acciones transformadoras. También ellas juegan su partida contra el poder, sus instituciones y saberes hegemónicos.

aliaga talitha dijo...

aliaga talitha :

Hegel realiza un análisis de los fenómenos sociales, respondiendo a un contexto histórico particular. Marx continúa con este de análisis, incorpora la dialéctica del pensamiento de Hegel a su concepto teórico social.
La praxis y no el dogma, es una categoría central del materialismo histórico, ámbito de interpretación y verificación de los conceptos, categorías y postulados marxistas con pretensión científica. El método marxista, el materialismo histórico, no puede convertirse en un sistema cerrado de leyes abstractas que eludan la prueba de verificación histórica, abierto a ser enriquecido con las múltiples dimensiones de la realidad y los nuevos descubrimientos.
La praxis marxista es la praxis de una ética comunista para la vida de los pueblos, ya que es un sistema político y económico que procura materializar la justicia en la tierra.